sábado, 25 de octubre de 2008

TARDE DE ASOMBRO


El Ladrón de flores. José María Córdoba. Málaga. España





Mario Hernán López

-Ficción-

Sus sentidos no captaban la escena con precisión; sentado en una banca del parque, Mambrú veía que algo se movía a la deriva por la calle: la gente corría aterrada sin saber con exactitud qué cosa amenazante se acercaba, se oía un rugido como de tierra que se abre o de avalancha que acumula desgracia en su curso.

Ladróooon, cójanloooo, agárrenloooo gritaban todos al paso de un muchacho que corría empuñando la mano izquierda y agarrando unas astromelias con su mano derecha. Detrás de él, muy cerca, casi tocándolo, corría una morena joven. Ambos pasaron a pocos centímetros de Mambrú y se alejaron corriendo en silencio por la calle pendiente que comunica al parque con la nueva estación de la policía.

La muchedumbre seguía gritando cosas, pero esta vez a favor del hombre que corría con su botín de pétalos hacia la estación de la policía.

- Todavía queda alguna esperanza si alguien corre detrás de una flor - dijo Mambrú, con ánimo de trova poética, a los curiosos que se acercaban para comentar el suceso.
- En asuntos de amores, es mejor desear que evocar - señaló un viejo de traje sucio y nariz apiñada que tenía una botella de licor blanco en la mano derecha.
- Yo prefiero lo que caiga al patio – dijo despectivamente un taxista de gafas oscuras, mientras se acomodaba los lentes para verificar si, finalmente, la policía había atrapado en flagrancia al ladrón de las astromelias.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pues nada, delicioso!