domingo, 5 de octubre de 2008

EN LA TARDE DE LLUVIA






(…) otra presencia, muy vinculada a la suya, se había hecho aparentemente notar. Graham Swift.





Mario Hernán López



- Ficción-



Para HFT.

Cuando escuchó la noticia, salió de la habitación que hacía las veces de comedor; corrió hacia la puerta y se sentó en el andén con el corazón enloquecido por el impacto de las palabras de su padre; observó a varios hombres que en ese momento pasaban por la calle: cualquiera de ellos podría ser su hermano. El anuncio lo había escuchado durante el almuerzo:

- Hace treinta años tuve un hijo del que nunca les hablé, fue una historia típica del adolescente sin frenos que se enamora de una mujer capaz de enseñarlo todo. No puedo pedirles perdón por lo que no debo, de manera que les anuncio la llegada a la familia un nuevo hermano -; dijo el papá en tono grave, y de inmediato se concentró en descifrar las reacciones en los rostros de quienes ocupaban la pequeña mesa de nogal que servía de comedor.

A esa hora transitaba poca gente por las calles recién pavimentadas del viejo barrio de los agustinos, hacía frío, en la cantina del local de la esquina se escuchaba un tango de letra tristona capaz de levantarle la cabeza a los bohemios amanecidos. Los agustinos era uno de los barrios más antiguos de la ciudad, ocupado desde su fundación por campesinos y obreros conservaba una arquitectura con las huellas de la colonización antioqueña. El barrio estaba habitado por caucanos, vallunos y antioqueños que llegaron detrás de comerciantes; las casas, hechas con una combinación de bahareque, guadua y cemento - casi siempre decoradas con balcones, chambranas y puertas altas de madera - albergaban una población de costumbres campesinas curiosamente aficionada al tango, el vals y la milonga.

Sentado en el andén, examinaba el rostro, la indumentaria, el color de la piel, la forma de caminar de cada hombre que pasaba frente a él. Tener un nuevo hermano era sacar a la realidad la más deseada de las fantasías: todos los niños imaginan un hermano mayor que les ofrece complicidad, que los salva de los fantasmas nocturnos, de los malos amigos de la cuadra, de la rutinaria severidad de los padres. Sería una gracia contar con un hermano mayor sin el desgaste de una larga convivencia; sin conocerlo, ya lo necesitaba: Desde hacía dos años se escondía en el sótano de la casa para jugar al músico, tocar una guitarra imaginada y cantar imitando gestos y movimientos de los intérpretes de moda.

Con los dedos de la mano derecha simulaba interpretar una guitarra acústica mientras observaba el vestido y los decorados de los candidatos a ser su hermano; una canción le daba vueltas en la cabeza: - Misterio, quiero susurrar tu nombre. No todo fue pasión-. En un momento, le pareció advertir una peculiaridad en la mirada de un hombre trigueño, delgado, pequeño y de traje gris. Tiene la nariz demasiado grande, pensó- .

Empezó a llover, las gotas caían ruidosas dando saltos o haciendo parábolas en cámara lenta y ahogando la música que llegaba de la cantina, casi siempre seguida por un coro a destiempo. Dejó de imaginar la guitarra, ahora los hombres pasaban de largo corriendo hacia el paradero de buses con las caras ocultas por los abrigos. Decidió buscar a Gafas, eran amigos desde el primer año de escuela; la casa de Gafas quedaba al lado de la fábrica de textiles, podía llegar allí corriendo calle abajo. Gafas estaría a esa hora encerrado en su cuarto tocando una guitarra de verdad y cantando la canción de moda: Misterio, quiero susurrar tu nombre. No todo fue pasión… No puedo darte una prueba más concreta-.

-Tengo un hermano que no conozco, le dijo.

-Ajá

-Mi papá contó hoy en la casa.

-ummm

-Todavía no sé como se llama.

-Ajá

-Lo he estado esperando en la puerta.

-¿Y…?

-Ninguno de los que ha pasado por el frente de mi casa se le parece.

Gafas rasgó la guitarra dándole un aire cómico a la situación, luego interpretó con desgano una pieza clásica pequeña y dulzona que aprendió siguiendo el preludio de un vals. Tenían la misma edad. A diferencia suya, Gafas tenía una guitarra acústica que podía interpretar sin esconderse, sin recibir críticas afanadas por buscarle un camino de hombre maduro entre los oficios de los mecánicos, los choferes de camión o los taxistas.

- Necesito que me ayudes a encontrarlo.

Salieron a la calle sin ocuparse de la lluvia, caminaron mirando el interior de cada lugar: las cafeterías con sus olores encebollados, la iglesia visitada por mujeres mayores y jovencitas que reían juguetonas; las esquinas ruidosas, los almacenes de ropa barata, las prenderías, las tiendas de abarrotes que a esa hora abrían las puertas para la segunda parte de la jornada, la cancha de fútbol; cada lugar les había pertenecido sin que nadie, hasta hoy, se los hubiera disputado. Ninguno de los que hemos visto se te parece; dijo Gafas.

La lluvia arreció, corrieron de regreso hacia el viejo barrio de los Agustinos, la puerta seguía abierta. Todos estaban reunidos en el cuarto que hacía las veces de comedor con un recién llegado de vestido gris, piel trigueña y nariz grande.

Gafas regresó a la casa pensando en que, a partir de ahora, tendría todo el tiempo del mundo para tocar su guitarra acústica.


6 comentarios:

Anónimo dijo...

excelente

Anónimo dijo...

Te lo digo como Fernando González a Tomás Carrasquilla.«... Lo leí, lo fui leyendo con mucha envidia; es tan bello que nos mata la envidia, así como una muchacha que vi hoy, tan pletórica que me vine para la oficina repitiendo: No la miraré, no la miraré...¡Qué bueno que se muriera! Pero de los libros (de este escrito)me consuelo pensando que son tuyos y que usted mi amigo... Son tan hermosos, que sólo por ser suyos los perdono. ...¡Maldita sea no haber sido yo el que escribió eso!
Tomado de Carta a Tomás Carrasquilla

Rodrigo

Anónimo dijo...

Mario, capullo, queremos un libro tuyo. Nos pusiste la vara un poquillo alta, muy sabrosito el relato. German

Anónimo dijo...

Germán:los cuentos para el libro ya están listos, son doce cuentos que hace rato están esperando un editor.

Saludos

Mario

Anónimo dijo...

¿Será que este blog es capaz de financiar las publicaciones de sus locos?. A que si. Pongo $ 100.000 para los que se dejen carear con otro tanto.
Rodrigo

Anónimo dijo...

Bueno, hagamole, voy 100.000 pesos tambien.

German