lunes, 1 de septiembre de 2008

CORMAC McCARTHY Y LA REVISTERÍA DEL BARRIO






Mario Hernán López

En el costado occidental de la iglesia de los agustinos en Manizales, sobrevive la última revistería en la que se alquilan libros de pequeño formato con historias de vaqueros, terror y ciencia ficción. Esa calle del viejo barrio de los Agustinos ha albergado, por más de cuarenta años, modestos negocios de alquiler y cambio de revistas y libros cuyos autores hacen parte de un extenso y olvidado índice de literatura negra. Exhibidos en una estantería de madera y protegidos con un anjeo de los ladrones, se encuentran autores célebres en el barrio como Lou Cárrigan, en ciencia ficción; V.A Carter y Marcial La Fuente Estefanía en los cuentos de viejo Oeste y Silver Cane en las historias de terror. Entre los títulos se mantiene mi personaje favorito: la espía Brigitte Monfort, sensual y astuta integrante de la Agencia de Seguridad ZZ7.

- “Todavía se alquilan”; me dijo Angelino, un esmirriado sobador de tobillos descompuestos, que por décadas ha leído los mismos libros y revistas de cómics del local - que ahora también es zapatería y venta de chance -, sentado en la banca de madera pelada por el uso de futbolistas lesionados y clientes de ocasión.

La lectura reciente de un par de novelas entretenidas de Cormac McCarthy - La Carretera y No es país para viejos -, me trajo a la memoria el encuentro de infancia con los libros y revistas de aventuras sentado en la banca de la vieja revistería. Guardando las proporciones comerciales y literarias, las novelas de McCarthy también logran torcerle el pescuezo al tiempo de los lectores desocupados, sosteniendo un ritmo propio de aventuras hechas para el cine con héroes y villanos de caricatura capaces de revelar sus flaquezas y de asesinar sin inmutarse. Los libros de la revistería de los Agustinos y las aventuras de McCarthy mantienen la tensión durante todo el relato de manera que se olvidan dos cosas francamente molestas para los lectores del barrio: los giros incomprensibles y groseros de las traducciones españolas y el molesto dolor por la rigidez de la banca de madera completamente pelada por el uso.


7 comentarios:

Anónimo dijo...

maris, falto hacer referencia a un idolo que alguna vez quisiste imitar "basman".

Anónimo dijo...

Querido Coco, la história de "basman" no la hago pública para evitar las burlas de mis amigos en esta casa. La cuento en algunas ocasiones cuando el ron viejo de Caldas me quita el pudor y la verguenza de haber perdido la capa de super héroe en aquel barranco del barrio los agustinos.

Mario

Anónimo dijo...

Pasaron muchos años para que me enterara que la entrega semanal de "Aventuras del Far West" no era acerca de un peronaje llamado Far West sino mas bien, un asalto al mal ingles del niño que leia una y otra vez el mismo cuento sin cansarse. El Fantasma, Kaliman...

German

Anónimo dijo...

Buen artículo, recuerdo con nostalgia a la tienda de mi barrio y a las revistas colgadas en desludidas cuerdas de cabuya cuyo alquiler me costaba creo que 3pesos, la mitad del costo de mi algo en la escuela. Recien había aprendido a leer, y las aventuras de Memín , Kalimán y Arandú, que por supuesto no entendía del todo, me producían una incomparable alegría.

Jorge A.

Anónimo dijo...

Un titular de la prensa de esta semana me recordó lo que se sentía después de la visita a la revistería: Un pasajero de buseta se disfrazó de super héroe".

Carlos Aldana

Anónimo dijo...

En el blog de la locadelacasa, el lector de ocasión encontrará versiones de la cosa política - escritas en múltiples claves -; se topará con aproximaciones literarias y relatos de la vida cotidiana con voces propias y prestadas. Si el lector es un educador egresado de la Universidad podrá decir que se trata de un ejercicio escritural de carácter académico; si se trata de un visitante desprevenido podrá calificarlo como un juego en el que nos leemos para saber si seguimos insistiendo en las mismas opiniones. Hace años les vengo diciendo a mis amigos que el único valor que le adjudico a la lectura es el de ser un buen pretexto para conversar ( tarde he descubierto que los lectores no son mejores que el resto del mundo). "Nada reemplaza una buena conversación" , le escuché decir al viejo Nicolás Buenaventura una tarde manizaleña, mientras comiamos arepa con mantequilla en la cafeteria vecina del Colombo-Americano. Conversar es el único propósito de esta lista, y del blog, que de tarde en noche consulto para saber si mis amigos siguen aferrados a la única bandera que no necesita vencedores.

Saludos Mario

Anónimo dijo...

pues creo que con esa apreciación ya lo hiciste público.