domingo, 10 de agosto de 2008

LA RAZÓN DE LAS SEÑORAS



Por Rodrigo Restrepo Gallego
Santa Rosa de Cabal. Agosto 09 de 2008

«Buenos días muchachos» Sócrates





La sabiduría popular mantenida a través de la repetición de adagios y dichos no ha requerido de formulaciones para enunciar quien o quienes han sido sus primigenios autores. Pues además de aceptarse tal cual estos son reproducidos, a veces deformados, ha sido de poco interés intelectual averiguar quién tuvo el chispazo de lanzar una sentencia sabia y oportuna digna de la memoria de sus gentes. Sin embargo, cuando estos son un verdadero tesoro se atribuye su autoría a personajes conocidos por la generalidad de las personas, lográndose con ello paternidades no correspondientes, ocasionalmente sostenidas por despalomados revisores bibliográficos, hasta lograr con ello que su cita en el habla sea connotación de pulcritud intelectual. O en variadas oportunidades, llegan a atribuirse a personajes de insolvente labia, quien por repetición, hasta él mismo llega a creer que es de su autoría. Lo sabio del adagio y del dicho no es propiamente que haya sido dicho por alguien importante, sino más bien, la conservación de éste en la memoria de las gentes. No es difícil notar sus humildes orígenes. En la política se usan como soportes para las afirmaciones que dichas, se quiere sean recibidas sin cuestionamiento, con simpática aceptación de una evasión; en especial cuando se lanzan sueltas, separadas de la estructura discursiva, sin previo aviso, en regadera. En la politiquería se busca a un autor conocido y aceptado por su neutralidad con la plebe, y este, no es más que la «señora que me llamó ayer,..la semana pasada…y me dijo…». Me refiero a las citas frecuentes que de estos inmateriales personajes hacen ahora los dirigentes electos o nombrados a dedo, para darle confiabilidad a la negación o al enmascaramiento de cualquier requerimiento de la opinión pública ante los medios. Oímos con mayor frecuencia que las señoras anónimas, aquellas del común, llaman a los teléfonos privados de estos tipos de dirigentes para juiciosas y atinadas opiniones, que luego son citadas como fuente de análisis serio y contundente; y con ello demostrar el cómo se escucha al pueblo y, el cómo desde sus voces se afianza los procederes para la toma de decisiones ante los intereses de la nación. La mención oportuna de la llamada de una señora cualquiera, identificada según sea la necesidad explicativa como cabeza de familia, vendedora ambulante, desplazada, simple ama de casa… le permite al ministro, al viceministro, al director… demostrar en contra de los miles de manifestantes que a su puerta reclaman, el éxito alcanzado a través de la campaña de turno, del programa establecido para la satisfacción de las necesidades básicas de alimentación, vivienda, trabajo, salud, seguridad en la vecindad urbana… Estas señoras mencionadas además de tener acceso telefónico directo al ministerio o a la dirección nacional son geniales, inteligentes, estudiosas y sabedoras de los complejos comportamientos de la sociedad, como se espera sea una señora colombiana; poseen enorme precisión en los análisis y en la determinación de conclusiones certeras; Son suspicaces ante el engaño del contradictor y están pletóricas de voluntad para construir país. No faltaría más. Y además de todas estas cualidades, tienen la oportunidad para el comentario previo (al oído) de cualquier acontecimiento surgido en pleno proceso, sobre todo si este es adverso o cuestionado. Gozan de la sabiduría para encajar en cualquier asunto que se quiere ilustrar con solidez. «Como dicen las señoras…» es un dicho nuestro, de nuestras gentes, usado cuando queremos hacer creer que el argumento que viene es contundente, que no amerita discusión, pues es sabido que ellas tienen siempre la razón.

Por los secuestrados de Colombia
UN ACUERDO HUMANITARIO

Rodrigo Restrepo Gallego

1 comentario:

Anónimo dijo...

Si señora, la señora; decian por ahi. La maña crea mala fama, como en la Muerte de Artemio Cruz, nadie para entonces les va creer.