sábado, 30 de agosto de 2008

EL VERRACO DE MI BARRIO




Por Rodrigo Restrepo Gallego

Santa Rosa de Cabal Risaralda. Agosto 27 de 2008.

Cuando los muchachos de la vecindad podíamos entrar corriendo a cualquiera de las casas de nuestros compañeros de escuela, de colegio, de juegos, de todo,… de crianza, sin que hubiese barreras que lo impidiera o lo desestimulara, todos los padres y madres eran los padres y madres de todos. Así como también eran de todos las casas, los patios, los solares, las calles, los hermanos, las hermanas, los primos de los primos, los balones, las revistas de tiras cómicas, los cuadernos, los zapatos, hasta los vestidos para la primera comunión… y, también las normas de comportamiento según en casa de quien estuviéramos. En este ambiente donde no había niños ajenos, las diferencias infantiles y juveniles se resolvían sin aspavientos ni con críticas intrascendentes dentro de los dominios de la familia de turno, sin quejas o denuncias ante la familia biológica, sin pregones escandalosos para la vecindad. Fácilmente se saldaban. En el caso de los valentones y pendencieros que nunca ha faltado, las riñas se consideraban como bruscos juegos suspendidos rápidamente por el regaño del padre de la casa de turno; cesaban sin hostigamientos posteriores, rencores o venganzas para guardar; pero sí se recordaban con las asignaciones de remoquetes o apodos que en algunos casos han perdurado por vida. Molestos todos mientras estuvieran frescos sus motivos o causas, y heredados algunos, después de su olvido. Además de los sobrenombres, también era de usanza la sana exageración para llegar a hacer notar los desequilibrios en las relaciones entre los muchachos de la cuadra. Sin llegar a una caracterización violenta, se pasaba por la personalización de leyendas regionales o de mitos reinventados por los padres desde sus saberes, con ajustes para cada ocasión. Tal era el caso de la común asignación de la leyenda del «verraco de guaca», no contada en realidad en conversa alguna, pero sí inferida y después endilgada a quien se desfogaba como héroe en la verbalización de pequeñas aventuras, pilatunas y retos existentes en el mundo de la niñez, con el fin por todos sentido, de obtener figuración y predominancia ante los demás, sus vecinos - hermanos. Y a sabiendas de que todo su relato había sido fabricado desde la inventiva propia, desde la consideración acomodada para mostrarse ganador, incluso en aquellos relatos donde no había habido ni siquiera un contendor. Este verraquito de guaca solo lograba después de la escucha de los demás, con ironía y de manera conclusiva, el rematante comentario del «…no pues,… el verraco de guaca se quedo cortico…» como muestra de la escasa o nula credibilidad alcanzada, seguida de berrinches, pucheros, pataleos, acusaciones, insultos y reclamos para alcanzar el reconocimiento de «la verdad» de sus fantasiosas gestas. A decir verdad, algunos se las acolitaban para darle coba, para de esta manera mantener un centro de atención así este fuera artificial. De allí, y por repetición de variados eventos de igual corte, se fue caracterizando en el barrio, al protagonista de la leyenda del Verraco de Guaca como el retador de todo, de todos y al vencedor en todo, pero con la tipificación burda y veraz, dada por esos padres venidos del campo, como que este muchacho no es «sino pedos y relinchos». Bien distinto de aquel otro de manga dura que limpiaba cualquier conflicto a puño limpio y narices reventadas. Resguardo nuestro ante las osadías de los niños del otro barrio. Respetado en sus silencios.

Addenda: La leyenda del Verraco de Guaca escapado en las noches campesinas para furtivamente montar a las puercas de chiqueros vecinos, nos ha quedado a los del barrio con la imagen, de un marrano con genotipo ostentoso, buchipluma y mentiroso, abundante en la política actual.



Por los secuestrados.
Un Acuerdo Humanitario.
Rodrigo Restrepo Gallego

1 comentario:

Anónimo dijo...

Cuentan que Uribe cuando chiquito, como no les podia pegar a las mujeres que le despreciaban por aleboso y piernicortico, bautizaba las yeguas de su padre con el nombre de sus frustraciones. Asi fue que empezaron todos los "verracos" Uribistas.