domingo, 27 de julio de 2008

Nota lenta sobre el encuentro en casa de Leta


Óscar Robledo





Fue una tertulia amena y diferente en donde se mezclaron los afectos viejos con los nuevos, la cantina de Mónica con los pestañeos cibernéticos y altamente bellos y amistosos de los próximos a la mesa, todos los de La Loca. Rodrigo lejano y próximo por la baja resolución de la pantalla con su voz ronca pidiendo el tango "Garras". Solamente tengo 20000 responde Mónica y del mencionado solamente tengo nueve versiones, ¿cual quieres Rodri, la de la Rinaldi?, la de Libertad Lamarque? o cual? ¡Oh perdón no sabia que estuviéramos tan bien servidos!, respondió Rodri al otro lado de la línea. Un Sebastián joven y sonriente en una pantalla que le hacia brillar la frente de color chicle sandia, nos hizo sentir en Bogotá caminando por la séptima muy cerca a los rascacielos.... que mareo.
Lejos estuvo el Flaco, no apareció ni para remedio ni para echarse un chiste de mal gusto o al menos conciliatorio. Luego llego en el ciberespacio la voz cálida de Alfredo invitando a la seguridad democrática con un escudo espartano para detener los dardos. Misael me pego un codazo y le hice un guiño a Mónica para bailar y terminamos bailando un ritmo abolerado pero con pasos lentos y detenciones súbitas a la manera de tango malevo y apache. Que pena!, con esa maestra de lides bonaerenses.... todavía me suben rubores de los pisotones que le di pero como andaba medio anestesiada a Dios gracias, su falta de memoria me exonera un poco de culpa.
Beatriz nos acompaño desde la ventana de su sonrisa acogedora. La noche se fue poblando de seres amables y hermanos. La Mónica no dejaba de presentar platillos frescos, salados, tiernos, galletas, aceitunas y reminiscencias del mar y aceites y vinagres de la alta cocina. Mariolo siempre tan locuaz y suelto, anduvo contenido como misal romano, de vez en cuando tomaba contacto con los asistentes pero nunca entro en trance literario ni inspiración bohemia. Estuvo casi a punto ….. Y medio tentado, pero la esfinge adormecida de Carlos Ricardo cárdeno al fondo, lo intimidaba. Tal vez le faltó la manivela de los amaneceres lechosos o el despertar entredormido de los pájaros en los antejardines.
Paulo hablo del jazz son su tamborilleo incesante sobre el celular borgeano que tanto le abría el mensaje de Zamy como el reviro de Carlos Ricardo sobre el permiso del casi gobernador para conversar desde una supuesta seguridad armada que venia de las Convivir, pasaba por la de los paramilitares y los desplazados a la brava de su identidad campesina, las fosas comunes inexploradas hasta llegar “inocentes” a la tan cacareada y poco democrática seguridad uribista.
En realidad que no se desato “El Logos”. Estuvimos parcos de palabra. Se diría que Los Locos habían sido aconductados repentinamente, nadie desató la corbata o tuvo la verraquera de sacarse la camisa, ninguno alcanzo la torpeza lingüística del mosto fermentado ni nadie roncó excepto algunos cabezazos de Carlos Ricardo –tal vez- y Mónica respiró finalmente tranquila porque a nadie le dio por limpiarse la boca con las cortinas o devolvió de manera volcánica las atenciones de la casa. Lo de las cortinas fue un éxito del diseño de la casa pues si alguien hubiese caído en ese lapsus espantoso se hubiera roto la quijada y hubieran rodado dientes pues todo el amueblamiento interior de la cantina es obra de arte. Puertas y ventanas son pintadas (1) y hay presencias entrañables estampadas para siempre como la de Carlos Arango y sobre todo una catana maravillosa con sus cornucopias lácteas – gigantes - que todos queríamos ser fotografiados a su lado, mas bien debajo, de manera que corriera esa noche de manera misteriosa entre nosotros el néctar de la inspiración literaria.
En realidad todo se nos fue en movimiento de trastes como esas tardes de presagios de “Manizales del alma” cuando a San Pedro le da por mover los muebles en el cielo: truenos, relámpagos, escobazos contra las montañas, mesas arrastradas sobre las nubes… y nada de lluvia. Será en otra oportunidad que los contertulios suelten la lengua y llegue a los espíritus el vino de la palabra jocunda y sápida.
Para el Oscaro fue una dicha inmensa tocar estos espantos de las letras en su carne y hueso, verlos, sentirlos, codearse con ellos, saludarlos y poder preguntarles cualquier nimiedad o cosa parecida y poder expresarles su admiración y aprecio. Queríamos a Alfredo, a Samuelito de Pereira, al Flaco irreverente y delgado por lo entelerido de la risa, al Humberto del Macondo inmemorioso y maravilloso, a la Norita que nos alimentó con las observaciones de un Chile postpinochetista y el espectro nerudiano y allendista a toda vuelta del camino, en todo jardín y cada puerto sobreviviente a los cadáveres de la poiesis y la polis sin que se le cortara la garganta en los acantilados y regresara medio incólume y palpitante a Manizales.

(1) y para que parezca nota académica miren lo que escribí a Leta en un email de agradecimiento: “Ya pasado un tanto de copas casi salgo por una de las puertas pintadas en la pared o pretendí mirar hacia la calle a través de esas pequeñas y sugerentes ventanas falsas. No importa.......... era el ambiente tan fantástico, tan irreal, tan velasquiano que cualquier milagro hubiera sido real”.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

CRÓNICA MÍNIMA DE LA FIESTA

La cosa inició temprano: Carlos Ricardo llegó a las 5:30 de la tarde, con sus fierros tecnológicos, a la cantina personal de Mónica Velez: " Carlos Ricardo pensó que en mi casa no había internet", dijo Mónica poniendo la queja como una niña rica regañada; de inmediato tomamos posesión de la cantina, agarramos el trago y la comida (en ese orden), saludamos a los difuntos pintados en la pared y echamos mano de los limones de la tetona pintada en un muro del costado ( para quienes no conocen la cantina de Mónica, les anuncio que más adelante les haremos llegar un texto completo sobre el tema, con la debida explicación sobre el asunto de la tetona).

Cuando llegué, la cosa ya tenía sabor a fiesta: Rodrigo Restrepo - desde Envigado- hablaba con los contertulios; luego, Sebastián Valencia apareció en la pantalla con la sonrisa permanente que le otorga un aire de hombre suave y divertido. En la cantina estábamos Misael, Mónica, Paulo, César, Oscaro, Beatriz y lo poco que quedaba del reelegido Carlos Ricardo.

En el transcurso de la noche hablamos telefónicamente con Alfredo - "Yo quiero conocerle la voz a ese man", dijo uno -. También llamamos a Tulio - "Ya voy",prometió sin cumplir -, hablamos con Oscar Arias - e hizo la advertencia de siempre: "ya le caigo hermano" - y supimos que Carlos Arturo Gallego no encontró la casa, tal y como le ocurre en materia pública-.

Bebimos, comimos, nos reímos, bailamos, le agregamos alegría a la vida y hablamos de todas las cosas. Casi a las dos de la tarde, del dia siguiente, el último de los contertulios salió de mi casa, todavía abrazado por el mareo dulce del ron viejo de Caldas.

Gracias Mónica por los deliciosos favores recibidos.

Anónimo dijo...

Que buena nota Oscar,
Al fin logré imaginarte diciéndonos lentamente tu utopía, encaramado en la peana de los espantos de la casa.
Te conocí al fin, porque quería reconocer la mirada de la reflexión sabia, incluyente y reposada que nos arropa en lalocadelacasa. Escuché al fin la voz de "ese man" y debo confesar que hasta tiene voz de intelectual de izquierda democrática, yo lamento que esa voz sea suplantada por el egolatra de Alfredo.
Descubrí a Mónica cercana a la Leta-nia de Alfredo que recita casi de memoria su discurso sobre la seguridad democrática. Espero que al menos a Leta le quede canta-leta para debatir alegremente estos devaneos de la autoridad paraestatal. Mónica, si quedaron colillas por recoger me avisas. Procuraremos mantener en buen estado ese buen espacio para que te le sigas midiendo a abrir de cuando en cuando la cantinita.
Nos reiteramos los afectos con Carlos Ricardo y nos transportamos a través de las paredes en compañía de Carlos Arango, hasta nuestro Kien, estoy por pensar que el letargo de Carlos Ricardo era una incomprendida manifestación de trance. Se quedó en Kien esa noche un buen rato.
Las comunicaciones a través del ciberespacio me pusieron a pensar en el abuso de la impersonalidad, capaz de hacer sacar el cuerpo a los encuentros por temor a los abrazos ó a los sudores ó a no sé que. De cualquier manera hicieron falta muchos. Quisimos abrazarlos a todos. Llegué a pensar en la "ablación" de los abrazos como delito punible y en cualquier caso inconmutable por la manifestación telefónica ó cibernautica de "un abrazo". Los abrazos no se sienten cuando se mandan a través de esas maricadas, los abrazos se dan al instante ó se guardan pa' la próxima. Por banda ancha quedan en la fibra óptica, pero no en el recuerdo. También esa madrugada reinventamos tardía pero espontáneamente nuestras luces Misael y yo. Bebimos y tocamos hasta que el cuerpo aguantó. Gracias Mario Hernán por todo, la provocación, la botella de Juan de la Cruz que alcanzamos a gorrear los parcos contertulios, la intención de que fuéramos más de 10, la calidez de siempre, la música, el equilibrio en la balanza de este diverso grupo, la terquedad y sobre todo la amistad. Sos inspirador de muchas cosas buenas que giran alrededor de este espacio.
Sé que pronto podré abrazar a Sebastián, a Camilo, los residentes en Bogotá y porque no, por respeto profundo y entendimiento de la otredad, a Alfredo.
Saludos,

Paulo Sánchez

Anónimo dijo...

La experiencia skype
Julio 17 de 2008

5:30 pm Primera conversación con Carlos Ricardo y con Mónica. Saludos protocolarios y mucha formalidad.

6:30 pm. Carlos Ricardo bogando vino, un poco despeinado y sin mucho que decir

de las 7: 30 en adelante. No entendí mucho lo que tertuliaban, se oían gritos, palabras lentas y muchos brindis. y Carlos Ricardo??? luego de una panóramica, el amigo en cuestión se encontraba en una esquina cabeceando y con una copa en la mano.

Les recuerdo a los contertulios, enviar la foto que tomaron donde hasta aparezco yo.

Sebastián Valencia Quiceno

Anónimo dijo...

Oscaro
Hay momentos, o, talvez circunstancias en las que el mismo acto de mirar constituye una fuente de placer, igual que, a la inversa, produce placer ser observado. Pude darme cuenta cómo describes cada detalle, gesto o signo de la cantina, como consideras significativos los momentos y los estados de cada uno de los 10.

Muy buen relato, y te aseguro que el baile fue una especie de hibridación temática de pasos, pese a los pisones que tu dices. Buscaré las huellas...

Gracias a todos por venir, de seguro que, para la próxima, soltaremos la lengua, sacaremos camisas y corbatas y posarán con la dama de la pared...y nos aseguraremos de traer a Leta con aquel o sin aquel.

Con aprecio, Mónica

Anónimo dijo...

Desde la distancia alcance a ver algunas prominencias de la Loca, no todas estaban por razones que ya sabemos, o por los enfoques de Carlos Ricardo. Se destacaron si las de la dama de la pintura de la pared, que me sospecho es un autoretrato de Leta en tiempos a.C. por aquello de la terminación de su nombre.
De todas formas espero que hayan tenido un encuentro de locura.
Rodrigo