jueves, 24 de julio de 2008

ESTADISTICOS, ESTADISTAS Y MUÑECOS





Por Rodrigo Restrepo Gallego
Envigado, julio 23 de 2008

Con frecuencia reconocidos personajes de los medios y de la política se refieren a los estadísticos como estadistas y a los estadistas como estadísticos. De entrada se puede creer que existe allí en ellos una confusión para precisar el dominio de uno y del otro, a pesar de su gran disimilitud. Sabemos que los estadísticos son matemáticos que se dedican al análisis y evaluación de datos utilizando nuevas tecnologías para apoyar en ellos la toma de decisiones; a los que en ocasiones también se les conoce como estadígrafos. Mientras que los estadistas son personas con gran saber y experiencia (sabiduría) en los asuntos de la dirección del Estado. Este tratamiento dual e indiscriminado, tanto para el uno como para el otro, esta calando, cual gota en la dura roca, por repetición, y más repetición, en las concepciones de tipo político que se van implantando en el inconciente colectivo de los colombianos; de tal manera, que ya se quiere configurar como gran estadista a aquel con capacidad para repetir guarismos desde la memoria, en especial ante quienes no tienen las formas, los conocimientos ni los deseos de validarlos, ahí sí, desde el análisis estadístico de datos. Se ha dicho desde la ironía académica, para sospechar tanto de los datos expuestos, como de quien los expone, que «no hay mayor falsedad que una estadística», dado el obligante requerimiento del análisis para demostrar la objetividad de los datos, de los métodos y las técnicas de recolección como soporte de un resultado que llevará a posteriores conclusiones. Desde esto, aquí diremos que no existe orador más brillante para un público inculto que un político repetidor de cifras y guarismos como si fueran datos estadísticos, que nadie tiene la ocasión de analizar y posteriormente discutir, quedando únicamente para los efectos deseados, la alternativa propia del que no sabe: creer,…meterle fe al asunto, y defender sin argumentos lo oído, lo creído, aún sin recordarlo siquiera. Los políticos mediáticos que fungen de grandes líderes lo saben,… ahora. Recientemente lo han descubierto, aunque es ya viejo en la política el saber que «hay que repetir tantas veces una mentira hasta tanto parezca la gran verdad» y, que más rápidamente se alcanzarán los efectos deseados, si aquella se acompaña con el indebido uso de los datos estadísticos, ojalá, dichos de memoria, sin titubeos. Están seguros que estos dan credibilidad, aceptación y dominio, que forman la imagen del estadista soñado. Están convencidos que si la realidad no corresponde a sus datos, es la realidad objetiva la que está equivocada; son capaces de demostrarlo, y como en las cuestiones de fe, quien dude será perjuro ante la verdad creada. Para ello invierten enormes cantidades de dinero estatal en contratos con compañías y asesores de imagen, -adivinos, o mentalitas-, hábiles interpretes de encuestas según sea el patrón que los contrate para tal efecto o la intención plasmada en la manipulación ya definida desde la elaboración de los instrumentos recolectores de la información. Es bueno para ellos tener datos de todo, pero de todo todo. Incluso de aquellos banales que adquirirán relevancia según sean necesarios para maquillar la realidad, para ocultarla y aún, hacerla olvidar, desplazarla a lo irrelevante. Por esto, no nos sorprenderá, ahora que la muñeca Barbie ha sido catalogada a través de un «estudio» como la más popular entre adultos y niños, -incluso por encima de aquella solitaria de caucho inventada para los soldados usadinenses- que aparezcan mujeres bellas, graduadas universitarias sin empleo, encuesta en mano indagando a dos mil colombianos encontrados de sopetón, la opinión a cerca del muñeco de los semáforos. Como tampoco que los resultados, difundidos en extras noticiosos de la radio y la televisión llenos de gozo patriótico y, obtenidos en comparación con otros muñecos famosos sean elementos de gran utilidad para afianzar la idolatría y la zalema para consolidar la imagen de un estadista desde la adulación misma. Que se muestre cómo el muñeco de los semáforos supera a todos los demás muñecos en las siguientes variables propias de la muñequería: en la mirada tierna y reclamante de aplausos; en la dinámica para las competencias atléticas y el lanzamiento en tobogán; en la transformación versátil para alcanzar «objetivos»; en la capacidad para hacerse «el yo no fui»; en la capacidad para contener en su interior muñecos parecidos a él; en el mensaje que se repite al apretarlo un poco: te voy a dar en la cara, marica… ; así como en el diseño de fabricación que permite vestirlo de arriero, costeño, comisionado de la Cruz Roja, … a la vez que muestra conductas muy humanas como: el rezo católico, las pataletas, los gritos, los insultos, el corazón palpitante ante los héroes que toman cerveza Pilsen… Que retumben de nuevo los himnos patrios y, que los analistas políticos de nómina oficial propongan desde los resultados obtenidos, que el muñeco de los semáforos sea objeto de adoración en imágenes de busto, tallas en piedra y madera noble, medallas y escapularios, puesto que así lo reclama más del 84% del pueblo colombiano.




Por los secuestrados.
Un Acuerdo Humanitario.
Rodrigo Restrepo Gallego

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Rodrigo: una lectura sospechosa del mundo nos puede dar el poder de inducir creencias?

Mónica

Anónimo dijo...

ahhh, y no olvidemos la célebre frase del ciego Argentino sobre el tema: La democracia, esa perversión de las estadisticas...

Anónimo dijo...

De tanto repetirle cifras a la gleba algo le queda. Tarde que temprano la verdad se impone.

ENRIQUE QUINTERO VALENCIA dijo...

Ajá! Con que es por aquí por donde asomas! Y es bueno que los caballeros de La Tuerca no se olviden...

Saludos.

Migo