sábado, 5 de julio de 2008

EN LOS DIEZ AÑOS DE SOCIOLOGÍA Y ANTROPOLOGÍA







Mario Hernán López

La creación de los programas de Sociología y Antropología, en la Universidad de Caldas, coincide con la discusión que se dio en Colombia, al finalizar la década de los años noventa, sobre las definiciones y alcances de la proyección y la extensión universitaria.

Convocados por la Asociación Colombiana de Universidades – ASCUN- un grupo de representantes de las unidades de proyección y extensión plantearon en ese momento la existencia de, al menos, dos tendencias en los enfoques y estrategias para la proyección: De un lado, se encontraba un grupo de instituciones francamente orientadas a generar vínculos activos (rentables) con el mundo empresarial; en la otra orilla, y con una concepción diferente sobre el papel de las universidades, un grupo de instituciones públicas y privadas planteaba la necesidad de avanzar hacia nuevas dimensiones de la proyección universitaria entendida como interacción social o como un conjunto de contribuciones a la gestión social del desarrollo; en un planteamiento que se resistía a considerar la responsabilidad social universitaria sólo como un vínculo con la producción económica. Este punto de vista estaba apoyado en la idea de Cristovam Buarque de la Universidad de Brasilia, quien en los años ochenta planteaba cómo la política de la universidad debía combinar el máximo de calidad académica con el máximo de compromiso social.

En el año 2001, - en su manifiesto por la autoestima de la ciencia colombiana - Orlando Fals Borda y Luis Eduardo Mora Osejo, clamaban por universidades que tuvieran por tarea prioritaria la consolidación en nuestro país de un ambiente cultural propicio para la creatividad a lo largo de todas las etapas de formación:

“Se requieren universidades participativas, comprometidas con el bien común, en especial con las urgencias de las comunidades de base, que tomen en cuenta la formación de ciudadanos capaces de emitir juicios fundamentados en el conocimiento de las realidades sociales y naturales de nuestro país, universidades que sean crisoles centrales de los mecanismos de creación, acumulación enseñanza y difusión del conocimiento” (Kaziyadu. Bogotá, enero 4 de 2001)

Diez años más tarde, ASCUN sigue convocando a las universidades colombianas para discutir acerca de los alcances de la responsabilidad social universitaria, en el marco de una política que busca combinar la movilidad, la flexibilidad, la calidad académica, y el trabajo en redes del conocimiento, con las responsabilidades derivadas de las enormes problemáticas de las localidades y las regiones: Se trata de un enlace de calidad e internacionalización con pertinencia social. Estos retos y complejidades centran en la actualidad el debate sobre las políticas universitarias en todas las latitudes, tal como lo advierte Boaventura de Sousa en su celebrado ensayo acerca de la idea de universidad (De la idea de universidad a la universidad de las ideas, En, De la mano de Alicia. 2006).

Cuando las grandes universidades del país llevaban casi cincuenta años tradición en estos temas, la Universidad de Caldas decidió crear, no sin traumatismos, dos programas que se ocuparan de estudiar la sociedad y la cultura, que generaran conocimiento antropológico y sociológico, y que abordaran, en este marco, la realidad regional y nacional. Diez años más tarde, ambos programas reportan grupos de investigación y proyectos de extensión que examinan asuntos disímiles; en los registros universitarios (siempre incompletos) aparecen los grupos Cultura y droga, Territorialidades, Idacanzás y Comunicación, cultura y sociedad.

En las actividades de extensión se registran el Taller cultura y droga, la Bienal del seminario territorio y cultura, el curso de extensión en Antropología y Sociología general, la cátedra Virginia Gutiérrez, Foro 98 y la Revista VIRAJES, el Seminario Permanente de Investigación sobre Universidad.

En el terreno de la proyección universitaria, los programas de Sociología y Antropología pueden emprender acciones dirigidas a elevar el nivel de comprensión política de la sociedad, abordar las evaluaciones de las políticas públicas; el seguimiento a los actuales procesos de justicia, paz y reparación, el estudio de las formas de manifestación de las organizaciones sociales, las reivindicaciones de los grupos étnicos y las minorías; los problemas ambientales en diferentes escalas y frentes como la crisis alimentaria y la producción de los biocombustibles. En el plano regional y local, es clave trabajar en el examen de los actuales problemas de la democracia, la configuración de un proyecto de región y las alternativas frente a la crisis del café y el conflicto armado.

En cuanto a las dinámicas internas de la Universidad, los sociólogos y antropólogos pueden ayudar a comprender las nuevas formas de organización y movilización de los universitarios, así como el surgimiento de otras formas de expresión política de los jóvenes.

Se debe celebrar la primera década de los programas de Sociología y Antropología en la Universidad de Caldas, como la del nacimiento y el encuentro con dos perspectivas disciplinares que hicieron falta por más de sesenta años.

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