jueves, 15 de mayo de 2008

EN LOS VENTICINCO AÑOS DE DESARROLLO FAMILIAR




Mario Hernán López

Una mañana - hace dieciocho años - llegué muerto del miedo y por primera vez a la Facultad de Desarrollo Familiar; había ganado un concurso para docente tiempo completo en el área de Administración. En la puerta de la oficina me recibió la decana de la época - la profesora Maria Victoria Zuluaga - “Profesor bienvenido, usted va a enseñar sistemas” me dijo. Yo no tenía ni idea de los sistemas, por esa época apenas empezaba a popularizarse el Word Star; un procesador de palabras con comandos imposibles de aprender: Shift F4 para poner puntos o comas, Control F6, para cambiar de página, y una serie ininteligible de códigos y formatos de los cuales no tenía idea.

El miedo con el que llegué se transformó en pánico. Con voz apenas audible, le dije a Maria Victoria que mi área era otra; me salvé de los sistemas pero empecé a enseñar economía de la familia, otra cosa de la que nunca había oído hablar. En la cafetería del primer piso conocí a Claudia Beatriz González, todavía recuerdo sus palabras de bienvenida “Oiga, esto aquí es muy jodido”. Del pánico salté al pavor.

Ese mismo día ocurrió el encuentro que señaló buena parte de la ruta en mi vida académica: En un acto de compasión, las profesoras Rosalba del Socorro, Hilda Sánchez y Maria Cristina Palacio me invitaron a caminar por el parque de la gotera. A toda carrera iniciamos una conversación sobre libros - con Cristi hemos hecho memoria del suceso - hablamos de La Separación de los Amantes -del sicoanalista Igor Caruso -; se trata de un ensayo dedicado a aquellos que han sido separados: a los que odian, a los indiferentes, a los perplejos y a los confiados. Sin duda, esa primera conversación me acercó intelectual y afectivamente a esas tres mujeres depositarias de todo mi cariño.

Luego, se vinieron encima como un derrumbe las realidades de la intensa vida académica y emocional que ha tenido Desarrollo familiar: Las reuniones de profesores - de las cuales podría hacerse una antología de vida intelectual apasionada - los encuentros de pasillo y cafetería con sus entramados afectivos, los trabajos en equipo que puedo calificar como estimulantes y retadores; las conversaciones sobre todas las cosas en la oficina del segundo piso, las fiestas en la casa de Adela, los paseos a la finca de Judith, las tertulias con aire sibarita en las casas de… no digo quienes; la rumba antillana en Timbalero.

En esta semblanza antojada y chueca, Guillermo Villegas merece un capitulo aparte; desde su llegada a la Universidad de Caldas, Guillo me ofreció una amistad que hoy celebro como parte de las buenas cosas que trae la vida. Debo decir, apoyado en Paul Auster - ese extraordinario narrador de New Jersey - que él ha logrado domesticar, casi completamente, los males de la vida académica moderna: la envidia, el sarcasmo, el menosprecio por el trabajo de los demás y el punzante dolor de la ambición personal.

Otra mañana, hace catorce años, Luisa Fernanda Giraldo en acto de poder me ordenó estudiar una Maestría: “Usted sin un posgrado no es nada, si quiere que lo inviten a dar conferencias tiene que irse a estudiar”, dijo con la precisión y contundencia que suele acompañarla en lo público y que contrasta, además, con la risa fácil que suelta en una conversación llana. Luisita, perdí quince kilos en Bogotá pero me gradué, gracias por esa orden.

Un reconocimiento a los méritos académicos del programa de Desarrollo Familiar pasa por muchos tópicos: los múltiples trabajos de investigación que han escudriñado en las complejidades internas de las familias y en sus transformaciones sociales, políticas y económicas, en diversos escenarios y situaciones. La interlocución activa de los profesores y profesoras con pares académicos de todas las latitudes; los proyectos de extensión en un esquema de prácticas único en las universidades colombianas; la contribución en la formulación de políticas públicas en lo local y regional; los proyectos de desarrollo en cooperación con entidades nacionales e internacionales, la clasificación en COLCIENCIAS, los postgrados ( tanto en especialización como en Maestría) y los desempeños destacados de los egresados en proyectos de desarrollo.

La lista de resultados es extensa pero limitada si no se hace mención a los más importantes logros de Desarrollo Familiar, me refiero a la generación de una ética de aceptación de la diferencia, en un contexto como este de intolerancia y exclusión tan silenciosa como efectiva, y a la exposición pública de un proyecto secular que ubica a la familia como sujeto y actor político de primera línea en una sociedad de machos cazadores y mujeres sembradoras.

Creo - siguiendo a Antonio Negri - que así como los movimientos de resistencia de la era contemporánea centran sus esfuerzos en la lucha contra la miseria y la pobreza, una interpretación y reconocimiento político de las familias nos arroja a nuevas dimensiones de la libertad, por eso la ruta del Desarrollo Familiar ha sido correcta.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Celebro lo que ha hecho desarrollo familiar en cuanto a la investigacion sobre las familias

Carlos Aldana

Anónimo dijo...

gracias profe por sus palabras

Natalia