martes, 29 de abril de 2008

A LA MEMORIA DE CARLOS PIZARRO LEÓNGOMEZ



El aniversario de la muerte de Carlos Pizarro, el 26 de abril, me hace recordar, como si fuera ayer, la propuesta del “diálogo nacional” que animó la desmovilización del Movimiento 19 de abril. Así no se recuerde, o no le guste a muchos, lo que en Colombia se ha ganado en democracia es producto del empeño gente como Carlos Pizarro Leóngomez, dirigente del M-19 al momento de la desmovilización y candidato presidencial cuando fue asesinado en 1990. En ese momento Carlos Pizarro tenía 39 años de edad y apenas un mes y medio de haber dejado las armas; y había asumido el reto de liderar una propuesta democrática e independiente de los partidos tradicionales y acababa de obtener una importante votación como candidato a la alcaldía de Bogotá en menos de un mes de campaña.



Hace poco Gustavo Petro me recordaba a Carlos Pizarro cuando le preguntaba el Diario Expreso del Ecuador: ¿Un gran acuerdo entre la sociedad desarmada significa que las armas no resuelven nada? Y él respondió: “El M-19 lo entendió así hace mucho tiempo y por eso pasamos a la vida democrática. Si el gobierno del presidente Uribe o la guerrilla de las FARC creen que van a ganar la guerra, me temo que los colombianos tendremos 60 años más de conflicto. Si no solucionamos de forma definitiva el problema puede producirse una desestabilización antidemocrática del continente”. Y comentó que “Sin un gran consenso nacional de la sociedad desarmada para profundizar la democracia y hacer reformas políticas urgentes, será difícil que llegue la paz a Colombia después de 60 años de guerra”.


En la Universidad de Caldas, el 10 de abril, Petro insistió en lo que Álvaro Gómez Hurtado llamó “el acuerdo sobre lo fundamental”. Y lo fundamental, según lo explicó Petro, es ofrecer prosperidad para los campesinos, hacer verdaderas reformas políticas y sacar a Colombia de la guerra.
Fue, es y ha sido una propuesta constante: la democracia real (económica y política) y la necesidad de superar el conflicto social y armado que padecemos son requisito para sacar a Colombia de la guerra.
Carlos Pizarro definió esa como la vocación de los que dejaban las armas en 1990 y pasaban a luchar por un espacio en la vida política del país. Insistió en ello y nos contagió a todos los que soñábamos con una patria justa en una Colombia libre. Por eso sus mensajes a Colombia fueron de invitación a la construcción colectiva de una sociedad justa, democrática y respetuosa de la diferencia y su campaña presidencial tenía el sello de un compromiso de vida: “entre todos cambiaremos a Colombia, ¡palabra que sí!”.
Y el plan del régimen (como lo llamaba Álvaro Gómez) para el exterminar a los opositores (Jaime Pardo Leal, Unión Patriótica -octubre 11 de 1987, Luis Carlos Galán, Nuevo Liberalismo, 18 de agosto de 1989; Bernardo Jaramillo - Unión Patriótica, 22 de marzo de 1990; y un larguísimo etcétera) lo enfrentó haciendo gala de ingenuidad o de exceso de confianza en la palabra de los dirigentes políticos del país: “mi candidatura es una ofrenda para que la vida no sea asesinada en primavera”.
Desde esas épocas hasta nuestros días ¿qué tanto hemos avanzado en la reconciliación y la paz?
Unos botones de muestra de nuestra democrática seguridad: más de 3.500 masacres; más de 41.400 personas torturadas; más de 1.700 indígenas asesinados; más de 2.550 sindicalistas asesinados; más de 5.000 miembros de la UP asesinados.
Ejecuciones extrajudiciales, abusos y violaciones sexuales: incontables e innombrables.
El gasto militar hoy es de 6,5% del PIB, que es igual a la suma de todas las transferencias nacionales en salud, educación y saneamiento ambiental juntas. ¡Son treinta y cinco mil millones de pesos al día!
En Colombia muere un promedio de 11 niños cada día en forma violenta. Se estiman 15.000 casos año de abuso sexual y cada 40 minutos es violado un menor de edad. El nuestro es el 4º conflicto más antiguo del planeta (1964) antecedido por Birmania (1960), Israel-Palestina (1948) e India-Pakistán (1947).
Queda la pregunta: ¿valió la pena? Y respondo, evocando a Carlos Pizarro y su discurso de dejación de armas en Santo Domingo: la paz es el camino, y punto.
Pero ¿cuál paz?

NOTA ADICIONAL: El 26 de abril se celebra el día internacional de las niñas y los niños, que es una apuesta por el futuro. Ojalá ellos tengan mejor suerte que Carlos Pizarro y tantos otros mártires de la democracia.

JULIÁN MEJÍA BOTERO
Colectivo Construyendo Democracia
Polo Democrático Alternativo

2 comentarios:

Anónimo dijo...

El pais del "lo que pudo ser y no fue", tanta frustracion y tan poca rebeldia ciertamente asombran.

Anónimo dijo...

Ya son 18 años del asesinato de Carlos Pizarro y de la muerte de un proyecto social demócrata que pudo haber resuelto los lios de la democracia colombiana. Ahora vuelve y juega la posibilidad de contar con una alternativa política. Ojalá dejen.