lunes, 7 de abril de 2008

Cuestión de estilo




Germán A. Guzmán


Perro Culo. Es una expresión que en la jerga militar se usa para calificar a sujetos que con tal de apuntalar logros recurren a cuanta patraña sea posible saltando las reglas que en cambio si sujetan la conducta de los demás del grupo. En Colombia es una forma de supervivencia, diríamos en jerga biológica, una adaptación esencial para sobrevivir. Sobresale el más perro, y en muchos casos, descuella aun por encima del más riguroso.

Obtener logros a toda costa es característico de la indignidad que guía la política tradicional colombiana. Por tanto sus logros no enaltecen sino que envilecen por lo inconsistente de su gestión. Son entonces, el ejemplo pedagógico que las gentes en consecuencia juzgan sino apropiado, al menos, legitimo y en todo caso tradicional. La costumbre hace ley.

Este mal hábito de flexibilizar los límites de lo aceptable ha generado multitud de fábulas especialmente para muchos de quienes hemos emigrado de Colombia. No echemos en saco roto lo sucedido a la pobre Barco quien con pasaporte diplomático en mano y perfecto inglés sin acento, se vio sometida a una pesquisa anatómicamente pormenorizada en el aeropuerto de Miami algunos meses atrás. La desconfianza y la sospecha respecto de nuestro comportamiento son generalizadas a nivel universal. Todo aquel colombiano que haya gestionado la obtención de un visado lo habrá padecido en carne propia.

Esas cosas nos pasan por afanados o por que adolecemos de talento para hacerlo mejor. Así, los gobiernos de turno padecen el síndrome del delincuente consumido en el remolino del delito (la costumbre hace ley) el cual le conduce a cada vez menos y más desesperadas opciones resultado de su conducta antisocial.

Esta plasticidad socialmente aceptada es la misma que se quiso emplear en la gestión del lobby en Washington para el TLC. La costumbre hace ley, y las leyes son para obedecerlas, recordemos que en Colombia se puede haber sido narcotraficante o asesino y legítimamente aspirar a ser presidente de la republica, por supuesto congresista o embajador.

El gobierno colombiano tuvo a bien contratar, sin ningún pudor, los servicios de lobby a través de Mark Penn, principal asesor de la campaña de Hillary Clinton, lo cual parecía una jugada del mejor ajedrez político, claro esta, de la manera como los colombianos juegan aquel ajedrez. Al saberse los detalles de los servicios de la asesoría se creo un escándalo que impacto negativamente la campaña demócrata, tanto, que dio para titulares de primera página afectando perjudicialmente la consistencia ideológica de la ya maltrecha imagen de Hillary Clinton, quien desde tiempo atrás, se ha opuesto a la firma del TLC con Colombia. El asesor, un consultor que al parecer actuaba de buena fe, renuncio de inmediato y sin matices al percatarse de las consecuencias del descuido cometido.

No es fácil asesorar los líderes sospechosísimos de un gobierno tropical señalado con fundamento de facilitar el asesinato masivo de dirigentes líderes sindicales o proteger narcotraficantes, etc. Aquello se suma ahora a las prácticas de trampear, manipular, bombardear los países vecinos y producir desconfianza. Masacrar inocentes en el vecindario, mentir, manipular, faltar al derecho, a lo éticamente correcto; ¿No es acaso eso mismo lo que le endilgan a la insurgencia?

La protesta consecuente del embajador colombiano fue tildada por los medios como desmesurada y grosera. Los colombianos no acostumbramos a presentar excusas, mas bien nos salen a deber. Todos al fin emulan los modales del presidente.

Con esta se cuentan ya dos catástrofes “diplomáticas” en apenas casi un mes, lo que resulta síntoma inequívoco de abatimiento político. En consecuencia, la insurgencia estará llena de razones para el optimismo, este estilo de proceder cede terreno y son malas noticias para la esquiva paz en el país. Que paradoja, es el mismo gobierno quien aleja la posibilidad del reconocimiento internacional de su propia tarea y socava la construcción sólida de un sustento ético para su futuro político.

Gobierno perro culo, ¿Será que siguen tan tranquilos?




Nota para el debate: A riesgo de que vuelva a caer en el fundamentalismo (al decir de Mario H.), hay un buen reto para el Polo Democrático, lo cual pinta factible, ya que así las cosas, no es difícil diferenciarse de semejantes pragmatismo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Germancho. Mientras leo tu artículo escucho que el gobierno le entregó 70.000 dólares al asesor, Hillary sólo 20.000. La pregunta obligada es cuáto le han entregado a los asesores que influyen en la campaña republicana.

saludos

Mario

Anónimo dijo...

De los inamovibles de la política de gobierno está precisamente el más fundamental de todos: QUE SE ABRA EL OTRO, copiado de los conductores de buses en la guerra del centavo.
Rodrigo

Anónimo dijo...

Los recursos económicos y de infraestructura que usa el aparato de operaciones psicológicas del ejército, tanto para efectos publicitarios como de gestión de imagen del gobierno deben ser descomunales.

Internet esta infestada de evidencias de ello. Sitios como YouTube, FaceBook, Myspace, Google News, periódicos domésticos, abundan en miles de horas de trabajo mediático encaminado a moldear una versión parcial de los hechos políticos del conflicto. Guerra de papel.

Es tal la avalancha de “opiniones’, videos, blogs, paginas, notas, y noticias, que claramente sobrepasan en presencia y volumen al morbo asociado a cualquier tema en la red en relación con la palabra Colombia. Como que los colombianos no hablaran de nada diferente, o que alguien quiere que parezca que no se habla de nada más.

Hasta donde se el voluntariado en Colombia no es una gran vocación como tampoco semejantes destrezas masivas de los ciudadanos en el uso de medios (hackers, autogeneradores de cuentas). ¿Suena fantástico? En Colombia la política es alucinante. Tal parece que es bastante mas de U$70.000 dólares. (yo oí $700.000) Germán.