jueves, 20 de marzo de 2008

¿Y QUIEN HABLA EN COLOMBIA?








Por Rodrigo Restrepo Gallego
Marzo 19 de 2008

En los últimos seis años ha sido bien difícil hablar de lo que más le gusta a los Colombianos, de la nación, de sus acontecimientos político económicos, del gobierno e incluso del football profesional sin que los que piensan diferente al gobierno caigan en desgracia ante sus contertulios, anteriormente amigos de y para la conversa, o simplemente ante escuchas casuales atraídos por la temática. Ya muy pocos se atreven, incluso en mantener un Chat con concurrentes fijos u ocasionales, dada la avalancha de improperios que las temáticas per se propician en los furibundos defensores de la patria representada en un partido político, en un solo sujeto. Con ello, desafortunadamente, se ha ido aprendiendo de los sobrevivientes de las tropelías de las fuerzas que, es mejor callar para mantener sin señalamientos, la vida del pensar, la vida de las buenas relaciones de beneficio simple o profesional, hasta aquellas mismas de la familia cercana; como también, se ha ido aprendiendo que es bueno para la salud…, para evitar el stress…, no confrontar, con la pregunta o el comentario, lo dicho en los medios televisivos o radiales mediante comunicados leídos por jefes de prensa, ministros, generales, comisionados, fiscales, embajadores extranjeros, politólogos de cabeceras, senadores, analistas politemáticos, pinchaos, reinsertados, caminantes y secuestrados recién liberados (recién negociados); en instantáneos extras noticiosos, que a la postre requieren de las auto-entrevistas presidenciales tipo A o tipo B, para su apoyo, aclaración o palabra de Dios. Las autoentrevistas tipo A surgen de una imprevista llamada de la Casa de Nariño a la radio, en horario triple A, sin corte de comerciales, y sin protesta de los anunciantes; usualmente duran más de una hora. La de tipo B, se realiza de la llamada democrática, con nombre propio, del presidente a los «muchachos» de la radio que le siguen el trote en aparatoso tumulto hasta en las murallas chinas. Se llaman entrevistas espontáneas en encuentros imprevistos.
De primera mirada, pareciera que en este período, que la historia llamará «El Período de la Iluminación y la Doctrina Democrática en Colombia», todos pueden hablar, todos pueden decir, todos pueden vivir… vivir… vivir… la democracia, la que está allí en la mente y el proceder de cada ciudadano, de cada grupo social, de cada dirigente, en la cotidianidad del pueblo mismo. Pero no. Con seguridad democrática se puede ver que cada día son más los desplazados de la palabra democrática por el acallamiento doméstico de sus propios allegados, sintiéndose con fuerza el cómo la democracia es un rótulo que solo está en la voz del gobierno, que es necesario repetir hasta el cansancio; y el cómo, el despotismo discriminante y acosador predomina en la cotidianidad de los ciudadanos que lo defienden.
Cada día son más los arrinconados de labios sellados en la familia, entre amigos, en vida, sin muerte, sin destierro, que no hacen parte de las encuestas oficiales de preguntas dirigidas para obtener la validación de los resultados esperados con anterioridad. Son otro tipo de desplazados forzados a callar, al morderse la lengua, antes que soportar las vaciadas de los «patriotas» amantes incondicionales de las personas que ahora transitan en dirección y gobierno; dadas a los «antipatriotas» de la familia y amigos que se atreven a cuestionar o simplemente a dudar desde puntos de vista diferentes, lo expuesto y repetidos en cantinela desaforada, hasta alcanzar el maltrato personal para quienes están obligados a convivir en la misma casa o en el mismo circulo social o laboral.





Solo falta soportar en las vallas de las autopistas y carreteras colombianas la efigie del corazón grande, para que te calles definitivamente.




Ya aparecieron....

1 comentario:

Anónimo dijo...

Una valla podra tapar un poco los hechos, sin embargo la verdad tarde o temprano saldra a flote. En realidad creo que no sean muchos los rabiosos defensores del regimen, mas bien hacen mucho ruido, gastan mucho internet, insultan mucho, opinan poco y razonan aun menos. Cuando las cosas cambien ellos tambien cambiaran, son volubles, corruptibles y mediaticamente vulnerables.