jueves, 20 de marzo de 2008

Otro año sin Bernardo




El 6 de marzo pasado mientras esperaba en el parque nacional de Bogotá, que iniciara la marcha para apoyar y reconocer a las víctimas de los crímenes de los paramilitares y de Estado, la primera imagen que me conmovió fue ver a la mujer de Bernardo entrando con dos pancartas gigantes con la cara de él y con la camiseta de la campaña presidencial del 90 puesta: “Venga esa mano país”, nos decía Bernardo con su cara sonriente y con la mano abierta.

Su mujer iba tranquila, porque me imagino que sentía que por fin la dignidad de Bernardo y muchos de la UP estaba siendo rescatada de una conciencia que olvida y justifica muchos de sus muertos por que “algo debían”, porque sus muertes “por algo serán”. Me conmovió su risa y alegría porque las contrasté de inmediato con las imágenes duras del documental “el baile rojo” de caracol, donde ella con lágrimas en los ojos recuerda las últimas palabras de Bernardo, el último abrazo, el último beso y tal vez, el último te amo.

Como muchos de ustedes, supe bien de Bernardo por mis mayores. Escuché de su carácter, de sus propósitos, pero sobre todo he aprendido a escuchar acerca de lo que significaba asumir el reto de hacer política desde el lado minoritario. Aquel que siempre ha sido señalado como enemigo, por disentir, por querer construir desde el diálogo, porque reniega de la violencia.

Alguna a vez un profesor de la facultad de derecho le oí protestar el por qué había una foto de Bernardo en un salón. Le fastidiaba aquella foto, porque creo que le molestaba inmensamente acordarse de alguien que como estudiante hizo valer sus derechos, que en una facultad de derecho inerme se atrevió a levantar su voz, a decir que no estaba de acuerdo, que seguramente disentía y preveía que el derecho que le enseñaban no servía de mucho, o mejor, si servía, pero para esclavizar y ocultar la justicia.

Los anteriores son los retazos de mi imagen de Bernardo Jaramillo Ossa. Cierro los ojos y queda en mi mente el reto de la dignidad humana, que teóricamente cada vez lo tengo más claro, pero que en cada acción se hace más distante y menos concreto. Bernardo como la UP, es el ejemplo, el horizonte de una vida digna que considero que debe luchar para vivir como se quiere, esto es, haciendo valer la autonomía y el proyecto propio de vida; vivir bien, logrando obtener para todos las mejores condiciones materiales de existencia y vivir sin humillaciones tanto físicas como morales. Sin el miedo de sentirse distinto, de expresarse diferente; y sobre todo con la esperanza de saber que en el debate político y civilizado la opción contraria también puede ganar. Esperanza que este país se esfuerza en negar, pero que la sociedad tarde que temprano se tiene que imponer como meta.

Sebastián Valencia Quiceno

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Que bueno tu escrito. Sólo debemos esperar que la convocatoria de Bernardo Jaramillo para que le apoyáramos en su campaña política, no se vuelva un llamado para repetir las determinaciones de Rojas para alcanzar una recompensa. “Venga esa mano país”

Rodrigo

Anónimo dijo...

probablemente muchos tengamos cosas por decir de Bernardo.
Con curiosidad leí lo puesto en el sitio web que anexo:

http://www.redacademica.edu.co/redacad/export/REDACADEMICA/beducadora/web_colegios/06/bernanrdojaramillo/

Carlos Ricardo