lunes, 4 de febrero de 2008

Un sueño americano




Colombia será el único país de Latinoamérica que sufrirá de nostalgia con el fin de la era Bush. Para el año 2009 es previsible un giro tanto en la agenda militar que se dicta desde Washington, como en las relaciones comerciales existentes entre ambas naciones.

No cabe duda que el próximo presidente norteamericano será del partido demócrata. En las elecciones de noviembre los republicanos pagarán el mas alto precio por la deuda social y política adquirida por George W. Bush. La crisis de credibilidad que atraviesa el partido republicano de George Bush es incontrolable y probablemente no remitirá antes de los siguientes 8 años. Esta ya muy distante la época en que republicanos idealistas como Abraham Lincoln o Theodore Roosevelt regían la nación hacia mejores horizontes con genialidad y talante auténticamente visionario.

Por su parte los demócratas poseen un abanico de opciones para todos los gustos. Hillary goza de una imagen positiva, esta respaldada por Bill Clinton quien es un icono de la era dorada que América vivía entonces. Edwards es un político brillante y de trayectoria política muy relevante. Richardson (igual que Edwards, ya retirado), célebre gobernador de Nuevo México, era la cuota hispana en la contienda. Finalmente, Obama es ciertamente novedoso y se le tilda de inteligentísimo.

Al analizar el espectro de posibilidades, parece crucial para el conflicto colombiano, que la nominación demócrata recaiga sobre Barack Obama; no solo por que encarna todo lo original que el marketing electorero demanda sino por que su postura ideológica aventura una desembocadura a la guerra en Colombia.

Obama no posee episodios tenebrosos en su pasado personal o publico. No se tiene noticia de relaciones suyas o de su familia con el narcotráfico, tampoco con grupos de asesinos que brindarán apoyo en su campaña. Aun más, solo bastaría un mínimo señalamiento de prácticas al margen de la ley (aun sin pruebas) para echar por tierra el esfuerzo o la trayectoria de ellos mismos o cualquiera de sus colaboradores. La transparencia y la confianza es un paradigma arraigado hasta lo más profundo del tejido social norteamericano.

La respetabilidad del precandidato demócrata le blinda contra sus contradictores. Justamente por cuanto es mucho más honorable que radical, la circunstancia histórica esta de su parte. Más bien, su pensar demuestra transversalidad y una evidente concordancia racional con la tendencia global de la negociación como instrumento que dinamiza la prosperidad de los más exitosos. Esto representa una fuerte ventaja para Obama especialmente ahora cuando lo infructuoso y traumático del conflicto Iraki hace brotar una extendida añoranza por un pasado mejor.

La candidatura de Obama es esencialmente un producto del nuevo universo mestizo de la globalización. La globalización es, en todo el sentido extenso del término, un proceso masivo de mestizaje tecnológico, cultural y financiero. Obama nace de la relación entre un emigrante africano y una mujer blanca del estado de Kansas. Es justamente, la inmigración (la ilegal) el tema que preocupa al electorado, aun más que asuntos como la guerra en Irak o la misma crisis económica. La devoción social por la legalidad es quizás la razón que mas mueve a la masa electoral a priorizar el asunto migratorio. Dada aquella precedencia, el origen de Obama se perfila como el medicamento apropiado para esa contrariedad social.

Si Obama obtiene la nominación demócrata, la sociedad de la primera economía del mundo denotaría la apertura a una novedosa era de diversidad y multiculturalidad en la historia planetaria. Quedarían derrotados miedos centenarios que han agobiado a la humanidad en lo más vergonzante de su pasado. Significaría la ruina de aquellos estereotipos universales o modas como recurso para descalificar los contradictores políticos. Quedaríamos situados nuevamente en un terreno más fértil para la innovación, la reflexión y los argumentos como método principalísimo del accionar político.

El proyecto de Barack Obama se fortalece aun más por sus posturas en relación a la guerra en medio oriente y al alarmante descrédito de los EEUU en el exterior. Obama pretende aliviar las tensiones con Cuba y con Venezuela. Por ejemplo, buscaría flexibilizar la prohibición que pesa para viajes desde EEUU a la isla. Promete también una tarea diplomática con más eficacia que la decepcionante labor belicista de la administración Bush.

Ya que la opinión de los colombianos esta atascada en la historia, que no contiene perspectiva ni anales, que se ahoga en la cotidianidad maniquea de la anécdota sangrienta; Colombia, como casi como nunca antes, pende del acontecer político del hemisferio. Para tal efecto, seria verdaderamente esperanzador que los resultados de la contienda electoral norteamericana favorezcan a Barack Obama.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Germancho, hace cuarenta años los grigos poderoso tenían completamente cerradas las puertas de la multiculturalidad. Un triunfo de Obama podría signicar (como lo adviertes)un giro en la globalización excluyente y empobrecedora, o almenos una pequeña advertencia para quienes creen que el mundo lo deben gobernar sólo los que confunden la política con la guerra.

Mario