lunes, 14 de enero de 2008

«FAIR PLAY»



Por Rodrigo Restrepo Gallego



En el fútbol hay cosas elementales que se espera todos los deportistas y aficionados deben saber, no importando cual sea su nivel de conocimientos o acercamientos a los eventos futboleros. Uno de ellos, quizás el más axiomático asegura que quien no mete los goles los ve meter. Y esto es precisamente lo que le acaba de suceder al gobierno colombiano con la entrega en el día de ayer de Clara Rojas y Consuelo González de Perdomo por parte de las FARC, grupo guerrillero que las mantuvo secuestradas en las selvas colombianas por más de seis años. El anotador del gol fue el presidente Chávez, el negro, y la senadora Piedad Córdova, la negra, su acompañante en el pase gol. En este encuentro la defensa del gobierno colombiano “se hizo agua” después de haber mantenido el balón, con juego brusco y persistentes taponazos por fuera de la cancha. Cada vez, los árbitros internacionales esperaban el regreso de la bola al área de juego, mientras las barras bravas aplaudían las tácticas del entrenador y la asistencia técnica colombiana lanzaba petardos al área de juego. A momentos, el personal de paramédicos y de la Cruz Roja entraba y volvía a salir de la gramilla según fuera requerida. El encuentro, de tiempo largo, se ha venido desarrollando con intermitencias y suspensiones prolongadas dada la intemperancia de los dirigentes del equipo de los Manueles y el de los Uribes, mientras que la prensa hablada y escrita para la Internet calienta los ánimos entre los aficionados de América latina y del mundo mismo; o trata de enfriarlos cortando las transmisiones en momentos de importancia para sus televidentes y oyentes.
Somos muchos los que, apoyando el ACUERDO HUMANITARIO, sabemos que estos encuentros -parecidos de cierta manera a partidos de fútbol- por la liberación de los secuestrados por parte de las FARC, del ELN, de las AUC, no han terminado; que requieren de nuevas confrontaciones donde prime el juego limpio (fair play), y la preservación de los ideales donde el principio inamovible sea el de la conservación de la vida de cualquier ciudadano colombiano o extranjero en medio del conflicto o por fuera de él.
La ganancia de la libertad de personas comprometidas con la reconstrucción de nuevos procesos de PAZ, desde las vivencias sufridas y el compromiso adquirido con sus hermanos compañeros de secuestro, como lo son Clara Rojas y Consuelo González, - bien distintos a los mostrados por quienes se han fugado como el subintendente de la policía Frank Pinchao y el Ministro Fernando Araujo - deben indicar el inicio de nuevas orientaciones para una concepción política de la ciudadanía que respalde la paz como inmanencia de la convivencia y la seguridad ciudadana, ya que con hechos como los de ahora, se demuestra la inviabilidad del modelo de la seguridad democrática propuesto e impuesto mediante el uso de las armas; ya que desprecia la vida del individuo en aras del efímero poder político, del dominio y la tenencia de la tierra, así como del monopolio en el manejo económico por encima del desarrollo y aprovechamiento del talento de los colombianos y de los mismos recursos naturales.
Estamos, querámoslo o no, insertos en la dinámica de la colombianidad donde ya es hora de clamar a grito abierto que nos importa más la vida misma, la propia y la de los demás, incluso la de aquellos que no han nacido, que el constreñimiento de una seguridad que te impide cada día más el pensar y el actuar desde la diferencia democrática.
Lloramos de dicha por los liberados de ayer sanas lágrimas de solidaridad y esperanza de liberación por aquellos condenados en las selvas colombianas; volveremos a hacerlo tantas veces como de liberaciones se trate; solo esperamos no hacerlo más, llenos de rabia e impotencia, ante las estupideces de los dirigentes que mantienen la guerra.

POR LOS SECUESTRADOS DE COLOMBIA
UN ACUERDO HUMANITARIO
¡PERO YA!

1 comentario:

Anónimo dijo...

La mantienen y la mantendran mas alla de la muerte por los siglos de los siglos... German