domingo, 13 de enero de 2008

De Batalla, Pantalla, Besitos y Entrega




Por Germán Antonio Guzmán


Décadas de conflicto social y político en Colombia han quedado reducidas a si el tío o, si el abuelo, si el ADN, si son mentirosas, si Chávez, si el himno nacional, si estuvo bien, si esto o aquello. En la cima de una pila con millones de muertos y con cada nueva atrocidad de uno u otro bando, el país se conmueve y se ha mantenido conmovido así por décadas olvidando la causa de un conflicto inacabable. Es como quien contempla un sangriento e interminable torneo deportivo viendo las anotaciones de un lado o del otro. El favor de los colombianos es requerido luego de cada anotación por el equipo que encaja el disparo en el predio contrario. Es un partido en el cual los jugadores no respetan regla alguna, cosa que el público aplaude o en el mejor de los casos tolera. El único objetivo aparente de los técnicos de cada bando es el de tratar de demostrar las falencias del equipo contrario a través de cada disparo.

Cada uno cree que puede ganar. El problema es que es un partido sin tiempo, memoria ni marcador definitivo, aunque con ríos interminables de dinero provenientes de las ventas que coronan los amigos del dueño del estadio.

Las faltas cometidas por algunos de los jugadores, por aficionados o aun por barras bravas que entran a la gramilla, son perdonados y en algunos casos hasta premiados. La organización del torneo facilita cualquier exceso en el campo. Aunque las victimas no han facultado a la organización para absolver, esta se abroga el derecho de perdonar por algún fuero mal habido que importa poco discutir al público o a los comentaristas.

Por su parte el público se ha convertido en adicto del espectáculo. Aunque le daña y le envilece asiste invariablemente a su cita diaria para conocer y discutir los pormenores del evento hasta que estalla clamando que se aleccione al equipo contrario por sus marrullerías y desaciertos.

Así es como los colombianos asisten cada día a esta suerte de coliseo romano, dócilmente, doblegados por no se sabe que fuerza, a nutrir su mente y capacidad de reflexión escuchando comentaristas que a voz en cuello sostienen que Colombia es el mejor país del mundo. Lo inhumano del torneo, al decir de los líderes, es engañoso por cuanto los foráneos ni entiende ni se imagina de lo que es capaz el equipo al que acaban de empatar. Es decir, el conflicto vuelve a quedar reducido al entendimiento y racionalidad de unos amigos absolutamente entrañables de aquellos comunicadores que por radio y TV determinan que y como pensar la ultima verónica de la lidia.

Lo que no se concreta en el terreno o en la seguridad y calidad del estadio, se compensa en otro campo de batalla, es decir el micrófono y la pantalla. Mientras, las únicas victimas reales quedaran picadas en alguna fosa inédita. Sus responsables, (a diferencia de P.E. líderes de España, EEUU, Venezuela o Inglaterra), nunca han vestido uniforme alguno, hombres sin valor pero que llaman a la guerra. Jamás han portado un arma oficial para defender las más altas conveniencias del estado, y mucho menos han combatido más allá del micrófono. En cambio si y comprobado esta, que en el mejor de los casos se hayan detrás de algún grupo de paramilitares cohonestando su accionar. Más aun, decretan olvidos a diestra y siniestra, sin que las víctimas o sus familias les hayan facultado para otorgar perdones a nadie.

El mundo cambió, los líderes políticos de Colombia no, por supuesto los colombianos tampoco. Afirmo que el mundo ha cambiado, y lo ha hecho mas allá de las predicciones mas optimistas de los mas furibundos comunistas de los 60’s. Mucho más que las predicciones del más ambicioso capitalista de entonces. Sin embargo, hoy las raíces del conflicto social y político en Colombia tienen las mismas características que lo originaron quizás con uno que otro ingrediente novedoso que lo ahonda más.

En apariencia, el ICBF funciona, y eso es maravilloso, gran logro. El niño cerca de su familia, Emanuel esta libre, hay videos frescos, fotos nuevas, cartas conmovedoras que dan cuenta del único resultado de una política brutal, se extiende por el mundo una gran sensibilidad y crece una enorme movilización internacional; todo lo cual a mi me llena de satisfacción. Innegablemente Chávez ha cambiado el panorama del conflicto.

Por su parte, que el gobierno y los que así les guste se conformen con que luego de casi 7 años de agotar el mayor gasto militar del hemisferio tercermundista los radios de los rebeldes tontos resulten una herramienta inútil. Que además aquellos se mantengan sin coordenadas e incomunicados. ¿Significa entonces que su derrota esta cerca? Ya veremos.

Internet nos salva de tener que contemplar un juego sucio y mortal de quienes se niegan aceptar que el mundo cambio. El contraste noticioso de la red desdibuja a aquellos autoproclamados demócratas que ignoran que las discrepancias políticas en el siglo XXI no se rebaten con bombardeos, masacres, y desplazamientos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Luego de escuchar miles de alaridos, gritos, y una que otra opinión en la radio, está claro que el acuerdo humanitario sólo es posible si lo gestiona la comunidad internacional. Decía un conocido analista político, que el gobierno colombiano no alcanza a ponderar el papel que pueden jugar los gobiernos - como el francés o el gringo - acosados por la opinión pública y los cálculos electorales.

En los medios de comunicación se hace propaganda alrededor de la política de seguridad democrática; las FARC llevan más de veinte años buscando reconocimiento internacional sin desarrollar una estrategia política coherente en el país ( salvo, por supuesto, la guerra), en un marco de violación sistemática de los Derechos Humanos; por su parte, Chávez es coherente con su posición antiimperialista y su afición a la vitrina.

Es cierto Germán, Colombia es un espectáculo permanente; es un país que no tiene nada de aburrido: quién hoy está en las graderías mañana juega en las canchas de cualquier confrontación más compleja y alucinada que la anterior.

saludos

Mario