domingo, 16 de diciembre de 2007

¿Y cómo se cura una sociedad que ha estado ciega?



Yo creo que el único modo es la justicia.
poeta Juan Gelman




Reflexiones sobre la libertad, la justicia y el bienestar

(Vídeo del autor, con el texto en http://www.youtube.com/watch?v=7lXfnPcp1mw)

La vida del americano medio trascurre inmersa en un mar de derechos civiles, laborales y legales del más variado orden. La institucionalidad del país es salpicada hasta el abuso (al menos así le parecería al colombiano desprevenido) por tales prerrogativas. Semejante fuero es el bellísimo beneficio de procesos sociales gestados en la bien documentada historia de la Norteamérica moderna.

Su resultado, los ciudadanos son efectivamente iguales frente a la función del estado y a la aplicación de la ley. La vía judicial protege a los ciudadanos contra la acción excepcional y eventualmente brutal del estado. El ejercicio razonable de aquellas prerrogativas, aunque adolezca de imperfecciones, es el motor que posibilita un movimiento de la historia en todo caso muchísimo mas humanizado que el caso Colombiano.

Como consecuencia, es probable que el escritor Philipe Roth no tenga en casa una empleada del servicio de tiempo completo, al menos no en la forma como las señoras colombianas lo conciben. Esto es, aquellos seres casi siempre disponibles para cuanta ocurrencia y necesidad de hombres y mujeres en las casas de las familias más afortunadas.

El origen de semejante traspiés de la vida domestica tiene variadas raíces que remiten desde la fundación misma de los Estados Unidos hasta la impresionante gesta por los derechos individuales y civiles en la Norteamérica de los años 60’s y 70’s.

César Chávez (Arizona, 1927) fue uno de los protagonistas de semejante alteración del orden social de aquellas décadas. Si bien, su trayectoria es poco conocida fuera de los Estados Unidos, su legado es reconocido anualmente a través de conmemoraciones institucionales a lo largo y ancho de la nación americana.

Chávez fue líder un sindical de los recolectores agrarios principalmente en el estado de California durante los años sesenta y setenta. Su carrera personal empieza como el hijo de trabajadores agrarios padeciendo toda suerte de penurias económicas y sociales por las circunstancias desventajosas de su origen modesto e hispano. Su gesta por los derechos civiles trasformó para siempre la dimensión laboral de los inmigrantes en Norteamérica. Si bien han existido otros movimientos en el mundo igualmente trascencendentes tales como el liderado en su momento por Martin Luther King, Rosa Parks o incluso el de Mahatma Gandhi, entre otros; la celebración institucional de la herencia hispana en Estados Unidos privilegia la figura legendaria de Cesar Chávez.

La celebración de la llamada herencia hispana reconoce anualmente el aporte que la hispanidad ha hecho a la construcción de la nación norteamericana. Consiste en una práctica común en variadas esferas del sistema público norteamericano. Así, en el caso de los más jóvenes, se enseña a los niños y niñas de este país la manera como los lideres de aquellos movimientos sociales han trasformado la sociedad americana en un espacio más libre e igualitario y como las comunidades a las que aquellos pertenecían se beneficiaron por su trabajo y logros. Las elaboraciones académicas de los estudiantes al respecto son numerosas, gracias al impulso del Estado que lo promueve masivamente. Como consecuencia, la percepción social del sindicalismo en los Estados Unidos posee matices que contrastan con la apreciación criolla de tal actividad, no es otro el abismo que separa la calidad de los logros entre uno y otro país.

La aventura por los derechos civiles liderada por Chávez reconfiguro las condiciones laborales de millones de trabajadores, su accionar político conllevo enormes cambios; no solo altero el orden publico del momento sino además la trayectoria histórica de atropellos que padecían miles de familias de inmigrantes. Al lado de aquellos gestores del movimiento se podían encontrar figuras de la talla de Robert o John Kennedy. Su actividad no era considerada por el estado como una acción meramente delincuencial. Más bien, los líderes americanos han tenido un talento extraordinario para reconocer su papel en la construcción histórica de la nación americana moderna.

Como resultado de la gesta por los derechos civiles y el ejercicio de la acción legal de aquellos ciudadanos organizados, hoy los trabajadores en los Estados Unidos están arropados por derechos plenamente exigibles. No obstante que existen evidencias de liberalización laboral, son muy sorprendentes las posibilidades de acceso al ejercicio de esos derechos, condiciones de igualdad, beneficios, reconocimiento legal, etc. Existe pues un balance razonable entre los intereses del capital y los derechos de los ciudadanos.

No todos lo entienden así, para algunos el riesgo latente de un retroceso histórico es aun enorme. Philipe Roth (New Jersey, 1933) en su libro La conjura contra América especula mediante una trama ficticia el nacimiento de un gobierno proclive al Nazismo en la Norteamérica de los años 40. Dicho gobierno desataría un proceso represivo que aniquila los principios que fundan la democracia más sólida de América. Aunque la obra de Roth es reciente, contrasta del principio al fin su poco atinada trama con la historia del siglo XX. Esta ha demostrado la fortaleza del esqueleto constitucional del estado norteamericano frente a cualquier asomo de totalitarismo, especialmente en el propio suelo estadounidense. Lo dicho de Cesar Chávez no ha sido el único caso, ejemplos de ciudadanos de a pie ocurren casi a diario, a mayor o menor escala. Entonces, no queda claro la naturaleza de la hipótesis argumental de Roth mas aun cuando de seguro padece los sinsabores de la ausencia de un servicio domestico como el de antaño.

Queda si por resolver, el secreto del éxito formidable de la nación norteamericana en cuanto hace a la gestión victoriosa de la iniciativa ciudadana. Ello es particularmente patente cuando se topa en el día a día con la cotidianidad de la gente del común, con sus opiniones, con la desastrosa gestión social del presidente Bush, etc. Entonces ¿Qué los hace tan pujantes y prósperos? ¿Es debido principalmente a la liberalización laboral? ¿A la iniciativa privada? ¿Al gran capital? No lo parece.

Tengo una respuesta parcial que quiero compartir a través de este escrito. No es más ni menos que cierta armonía derivada de los pronunciamientos del aterrador y no siempre justiciero sistema judicial americano. Su acatamiento es cabal y no tiene dudas, es ciertamente eficaz, es demostradamente eficiente (atiende desde simples multas de trafico hasta la ultima y novedosa jurisprudencia posible); sencillamente funciona cuando se le necesita. Es tal la fortaleza y eficiencia del sistema judicial americano que los ciudadanos poseen un importante empoderamiento, excepcional en el mundo, para exigir en cualquier tiempo sus derechos frente al estado o a los particulares.

El sistema judicial norteamericano ha soportado significativamente la dinámica de la ebullición social lejos de la violencia ideológica, de los abusos del ejecutivo o de disparates de los legisladores. Por supuesto también, de la ocurrencia de fenómenos como los que P. Roth refiere en su obra, felizmente solo una suerte de muy improbable ficción histórica. Por tanto, la justicia opera como el eje vertebral que atiende racional y pacíficamente el accionar de la dinámica participativa y del cambio civilizado. Es entonces plausible pensar que el sistema judicial “lubrica” aquella metamorfosis constante de las sociedades democráticas modernas. Un sistema judicial fuerte es ingrediente indispensable para cimentar la historicidad de una nación segura y en paz.


Para el caso colombiano, el esclarecimiento de delitos luego de la omnipresente vendetta entre líderes tradicionales y narcotraficantes, ha corroborado lo pertinente de un sistema judicial eficaz para enrumbar la historia del país por caminos de paz y mayor bienestar. Si bien no parece haber un único camino a seguir en el proceso del desarrollo de las naciones, ni un “mejor” modelo aceptable, al menos si hay opciones legales distintas a la habitual práctica colombiana de la eliminación física del contradictor ideológico como eje del quehacer político de tales dirigentes.

Un aparato judicial consistente y fortalecido será un árbitro oportuno para las expresiones mas variadas de una sociedad victima de la criminalización de la acción ciudadana. Habrá que tener por seguro, que la justicia conllevara paz, estabilidad política y real seguridad democrática. Al fin y al cabo la verdad se opone a la impunidad y a la conspiración, a pesar que al entender de algunas personas, dicha transición nos hiciera sentir momentáneamente más tristes o miserables.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Acabo de ver el video de Germancho (con voces en off). Germán nos puso en la tarea de avanzar en el uso de medios. Cosa seria hoy que compré un mp4 para mi hija y el tipo que atendió me dijo que no botara la plata porque ya había salido el mp5.

Más tarde leeremos con todo juicio el texto.

Mario

Anónimo dijo...

No entiendo la naturaleza de la Justicia, supongo que ésta debe ser imparcial -ni premia, ni castiga-, pero hablando con expertos en la materia, me dicen que las leyes determinan la justicia, que ésta se altera, se acomoda, por lo tanto, pierde su autonomía. Suponiendo que las leyes determinan la acción de la justicia, entonces, el desempeño de la ley -para muchos o para la mayoría de los casos- es de acuerdo a...

Mónica L.

Anónimo dijo...

En Colombia tenemos un 93% de impunidad - al mismo tiempo que tenemos más de la mitad de la población en condiciones de pobreza - mientras las asignaciones presupuestales del Estado privilegian la guerra como eje de la acción política.

Es evidente que la idea de una justicia en acción, como la gringa, está distante en una sociedad con derechos nominales.

En una espléndida y breve novela de Truman Capote (Desayuno en Tiffany's) aparecen conversaciones que registran los puntos de vista de los simpatizantes del Nazismo en los EEUU, se trataba de acabar con la amenaza comunista, negra y judía en un marco de ampliación de los derechos sociales.

Mario

Anónimo dijo...

Ahora en qué quedará el asunto de la justicia y el acuerdo humanitario cuando las fieras se disputan los pedazos de Emmanuel

parece que nos tocó vivir en el culo del mundo.

Saludos para todos

Carlos Aldana.