sábado, 1 de diciembre de 2007

El amor en los tiempos de la cólera




Por Carlos Ricardo

La crítica ha sido implacable con la película: un Florentino Ariza joven, que parece empeñado en recitar sus parlamentos como saliendo rápidamente del asunto. Con ese efecto, consigue arruinar un momento sublime de la novela, que pasa desapercibido en la película: el encuentro con Fermina Daza cuando ella elude la vigilancia paterna y le pide que le siga escribiendo. Ese “es el momento más importante de mi vida” queda como una tímida secuencia de palabras, muy similar a lo que en teatro se denominan “movimientos gratuitos”.
Seguramente que las otras objeciones que se han hecho (el acento de algunos actores, asomos de espanglish que no tienen justificación y otras cosas que han sido señaladas en diferentes publicaciones, como Semana y El tiempo en Colombia y otras del exterior) son basadas en evidentes deficiencias.
Pero ahora, luego de haber visto la película hace menos de una hora, tengo la sensación de que además de los otros señalamientos, se le puede agregar una buena lista de omisiones, que serán las delicias de los cazadores de errores en las películas.
La mención de Carlos Gardel, como cantante conocido a finales del siglo XIX es encomiable, pero en esa época, Gardel era un tierno niño de menos de 10 años y sólo apareció en la escena musical argentina, después de su famoso duelo musical con José Razzano, cuando ya contaba con 28 años de edad, en 1911.
Probablemente como una licencia literaria, se acepte que Juvenal Urbina no usara un fonendoscopio (inventado por Lanec en 1819), pero es dudoso de un médico que además se había formado en París, país natal de Lanec y de su invento.
Otro aparato médico irrumpe en la escena: el termómetro. Un muy moderno termómetro de vidrio en el cual se observan las letras de la marca… Es probable que el útil invento de Sir Thomas Clifford Allbuth en 1866, el termómetro clínico, estuviera disponible en París, pero difícilmente en la Cartagena de finales del Siglo XIX y menos, tan modernamente elaborado como el usado en la película, en la tierna boca de Fermina Daza.
Y otro más, cuando el Tío León irrumpe en la oficina y encuentra a Florentino Ariza en su tarea retroactiva con la secretaria, ella púdicamente se cubre el rostro con un legajador o portadocumentos, en el cual, primorosamente se aprecia en alto relieve la marca de un contemporáneo fabricante de útiles de oficina…
En el siglo pasado se hizo una versión muda de “María” de Jorge Isaac, que se filmó en Pereira. En una de las escenas, la protagonista extiende su brazo y en él se aprecia un delicado reloj de pulso, adminículo inexistente por las calendas de la historia. Durante muchos años después, los naturales de la Perla del Otún, debieron soportar con estoicismo, las burlas de los manizaleños y ciudades intermedias, que hacía mofa de ello, pidiéndoles que dieran la hora a cada momento.
Bueno, una excelente novela, malograda según la crítica seria y según las evidencias.

Carlos Ricardo

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me encantaron los boleros de shakira.


POR LOS SECUESTRADOS
UN ACUERDO HUMANITARIO

Anónimo dijo...

En Houston, aguanto solo una semana en cartelera. Al igual que con Harry Potter, las imagenes no son mas que las palabras, me quedo con los libros y de lejos. La vivencia con la literatura escrita es incomparable.

Que los liberen sanos, salvos y concienciados de lo que por decadas padecen millones en los campos de Colombia.

Anónimo dijo...

La producción es buena, el maquillaje es de película, el guión es normalito, la sandino lo hace bién; la historia de los amores de viejos hace dormir al espectador - digamos que no son los viejos enamorados los que duermen entre frase y frase -. La música paga una parte de la boleta.

A diferencia de las opiniones de Gabo, esa no es su mejor novela, ni allí están sus mejores personajes.

"El libro debe ser mejor" dijo Manuela al salir de la sala de cine, descubriendo una frase aterradora que nos ha acompañado casi la vida.

Mario