miércoles, 21 de noviembre de 2007

Un año. Palabras leídas en el aniversario de la muerte de Carlos Arango



Palma de Cera en el sitio donde reposan las cenizas de Carlos Arango




Por Carlos Ricardo




Hombre Carlos, pues nos pusiste a venir en un día en el que seguramente hubieras querido estar sólo. Eso de compartir los recuerdos de la muerte debe ser una tarea difícil, aún para vos, capaz como el que más de trivializar o de elevar a los más insospechados límites de la trascendencia, las cosas que para todos los otros mortales pasarían sin romper ni manchar la realidad.
Luego de un año, las cosas que nos pondrían a conversar, siguen ahí poco más o menos como las conociste: los talibanes, Irak, España, Bush, la esperanza de los acuerdos…
En lo local, las mismas cosas miradas desde una mesa de un café o desde la Cantina, que ya no es de Mónica (seguro habrás ido a buscarla luego del hastío de las fiestas con las once mil vírgenes). La barra de cerveza y de aguardiente sigue allí…
La U. como podrás haber sentido, ha tenido sus descaches, la Policía volvió a entrar: nos habíamos prometido en el 76 que nunca más, como nos prometimos llegar a un fin de siglo distinto, con las anchas alamedas abiertas.
Sabes, el Che cumplió 40 años de muerto, tú tan sólo uno, pero parece que hubieras dejado el mundo hace tanto, que deberíamos escribir tu nombre en la placa de mármol que ayudaste a poner en el Parque de “La gotera” en homenaje a Ernesto Guevara: ¡presente!
De todos nosotros te puedo decir que estamos aceptablemente bien, soportando los rigores de noticias infames, de masacres infames, de revelaciones infames y el calor y la ternura de los amigos y amigas que nos descubrimos queriéndote….
Nos has congregado hoy, no para llorarte, porque no se llora lo entrañable: ¡no!
Se admira, así sencillamente.
Estamos casi todos los que te podíamos hablar al oído y a quienes hablabas al oído.
Te extrañamos mucho, pero estamos seguros de que aquí, en medio de los barranqueros, a la sombra de tu palma, nos observas socarronamente mientras planeas cómo ponernos a pelear, para tener el placer de reconciliarnos y reír con tu cara de niño travieso.
Sí, nos haces falta….

21 de noviembre de 2007

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