miércoles, 7 de noviembre de 2007

NO CREAS EN NADIE




-Ficción-

Mario Hernán López.

Sin importar el ritmo, ella siempre inicia el baile con la frente pegada a la de él; el contacto, que dura apenas dos segundos, convoca la atención de los clientes; los hombres la observan deseosos desde las mesas con sillas minúsculas que rodean la pista. Las otras parejas no inician de la misma manera, guardan distancia, algunos pocos se miran a la cara con ojos chispeantes por los efectos del alcohol y las luces de los reflectores empotrados en el techo; todos esperan el primer acorde para poner en juego alguna variante de los treinta y tres pasos de la salsa, tal y como están descritos e ilustrados en la popular enciclopedia de la música del caribe editada por Oscar Arias.

En el momento en que se escucha el sólo de flauta, en la primera parte de Cuídate Compay - un tema salsero de Eddie Palmieri con la Perfecta II - ella adelanta la pierna izquierda entre las de él al tiempo que gira el tronco hacia la derecha, ese movimiento le permite exhibir sus mejores curvas, todos la miran con el deseo alborotado por la atmósfera rumbera de la noche: tiene los senos grandes y naturales, las piernas gruesas y largas, descubiertas casi hasta el límite de la falda con sus calzoncitos negros. Esa noche el sitio está lleno, hay tantas mujeres como hombres; la penumbra no permite diferenciar la procedencia social de la concurrencia. La segunda parte del tema musical le ofrece a las parejas la posibilidad de mantener un movimiento uniforme y contenido, los cuerpos se acarician. Mientras baila, ella observa el acoplamiento perfecto gracias al espejo que envuelve la discoteca; puede disfrutar su propia sensualidad, la coordinación en los giros. Él le dice algo al oído, también le canta un pedazo de la canción: “(…) no creas en nadie”.

Le gusta dar vueltas libres en la pista, girar sobre si misma con las manos arriba, apenas guiada por él - como ocurre en la rumba flamenca -, al levantar los brazos se marcan y pronuncian los senos desplazándose hacia arriba y adelante, haciéndolos más grandes, la blusa se recoge dejando ver el estómago plano – “sabe que está rica” piensa él -, tiene plena conciencia del efecto provocado por la exhibición de esos atributos sobre los hombres y las lesbianas que la miran sin pestañear desde la barra y las mesas cercanas a la pista. El golpe del timbal de la orquesta La Perfecta II, y el fondo vibrante del piano interpretado por Palmieri, anuncian nuevos momentos en el desarrollo del tema musical: “Cuidate Compay, no creas en nadie, mira que te caen” repite el coro, de inmediato entra la flauta invitando a un juego de brazos entre los bailadores: Ella se separa unos centímetros, se abre para permitir el encuentro y la separación de manos y brazos, los clientes la pueden ver ahora en toda su plenitud: tiene casi treinta años, talvez un metro con setenta centímetros de estatura; el cabello largo de color castaño cae suelto sobre hombros y espalda, las luces de colores se deslizan sobre la ropa, todos la ven doblarse hacia atrás con suavidad y, casi al mismo tiempo, erguirse de nuevo para rodearlo con los brazos.

Cuatro parejas están en la pista, dos bailan una mezcla de salsa y milonga, los hombres ejecutan pasos salseros a grandes velocidades, los movimientos revelan su entrenamiento en la milonga, mucho más popular que la salsa en una ciudad con poca tradición rumbera; una pareja improvisa pasos y recorridos largos en los solos de piano, bailan con el cuerpo encorvado mirándose los zapatos, la otra pareja desarrolla una especie de danza minimalista - con pequeños saltos y desplazamientos laterales, de buen efecto visual- conocida como cañandonga.

La canción cuenta una historia simple, relacionada con las dificultades para creer plenamente en las personas; invita a no depositar toda la confianza en los amigos, a no caer en la trampa de la incondicionalidad – “óyeme compadre, no creas en nadie, mira que te caen” –. Con frases cortas, la canción relata la historia de una amistad malograda. En el centro musical del tema está la ejecución del piano y un acompañamiento de flauta: los coros y las trompetas ayudan a completar la rumba. Él sabe que le queda poco tiempo para hablarle, no es fácil contar con otra oportunidad para invitarla a bailar, cuando termine de sonar la música ella se acomodará en la barra de la discoteca, tomará un trago de licor fuerte, encenderá un cigarrillo y esperará el instante en que varios hombres simultáneamente la inviten a la pista, quizá no acepte y se enrede en alguna conversación con el dueño del sitio, talvez se entretenga y no vuelva más al baile. Se acerca el final de la canción, él tiene lista la decisión de decírselo pero ya es tarde, un instante antes del último acorde ella se desprende de sus manos y corre hacia la barra. Las otras parejas se dan las gracias con una sonrisa mientras caminan embriagados, juguetones, rumberos hacia sus respectivos lugares.

La salsa llegó en la ciudad a finales de la década de los setenta, la trajeron los estudiantes caleños que llegaron a las residencias universitarias de la Nacional; por esos tiempos era usual verlos bailar en los pasillos de las residencias, abrazados y cantando a la manera de los coristas de la Fania. Por décadas, en los clubes y cantinas de la ciudad, se incubó una tradición musical estrictamente ligada al tango y la milonga; el tango se escuchaba en los encuentros sociales y en las cantinas del barrio popular de Los Agustinos: lo único realmente democrático de la ciudad era el baile de los blancos manizaleños con las putas del sector. Todo el mundo sabe que la salsa es sensualidad y goce, a su alrededor se genera una explosión de alegría que contrasta con el aire estricto y melancólico del tango, la salsa estimula el abrazo, el fraseo y la risa, el tango concita la memoria de lo perdido, es una poética desgarrada, cada verso parece el patético deseo final de un suicida. Él hacía parte de la primera generación salsera, se le notaba en la manera de bailar levantando los pies y cayendo en el talón, en su preferencia por las vueltas de la pareja cruzando los brazos por la espalda; siempre le había gustado el baile contenido y serio de los salseros clásicos.

La buscó con la mirada entre las parejas de la pista, allí estaba esperando el inicio del tema, sin importar el ritmo, con sus piernas largas y sus senos erguidos, casi amenazantes. De nuevo suena Palmieri con la Perfecta II, el dueño de la discoteca prepara las cuentas, los meseros recogen vasos y botellas, dos parejas bailan cañandonga, otra realiza una graciosa fusión con pasos del tango y la salsa; ella gira a la izquierda exhibiendo la espalda descubierta. La mejor salsa manizaleña se baila en el viejo barrio de Los Agustinos, dice Oscar Arias en alguna parte de la enciclopedia de la música del caribe.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

MARIO HERNÁN LÓPEZ BECERRA
Manizales, 1962. Vivió gran parte de su infancia en Cali, donde potenció un gusto extremo y casi radical por la música negra. Luego la vida universitaria, las ideologías, lo social, lo contestatario, cosas que se le pegaron y que jamás dejó. Es Administrador de empresas magíster en gestión ambiental para el desarrollo y especializado en otra cosa, que igual que sus otros estudios, no explica su afición por la literatura. Tiene un estilo juguetón y rítmico que seguramente le viene de la música negra y que se aplica a los dos tipos de textos que escribe: Por un lado investigaciones sobre desplazamiento forzado, reinserción, conflicto armado y más temas sociales. Por el otro, narraciones un poco más inútiles, más cortas y menos serias; cuentos que se le dejan ir por entre sus múltiples miradas del mundo. Lee, única y exclusivamente, libros escritos en español –aunque se le colaron Philip Roth y Paul Auster-, bueno casi que única y exclusivamente. Toma ron por cuartos y después del segundo, se pone sistemático, metódico y sinóptico. Actualmente es profesor de la Universidad de Caldas.

Misael alejandro Peralta.

Anónimo dijo...

aiduqNo sé si sinóptico es el término, pero en la nota de Misael hace falta destacar que es usuario de amplísimos ademanes, que en ocasiones ponen al interlocutor ante el dilema de evitar un manotazo o escuchar: casi siempre gana el manotazo....

Carlos Ricardo

Anónimo dijo...

Ya tendré la oportunidad de contar obra y milagros de Cr. Preparense.

Anónimo dijo...

Somos seres que mutamos muy rapido, mas aun si se esta en la politica. Hay que no temer al dolor para atreverse a creer.

Anónimo dijo...

Algo pasó...sin embargo, deseo adevertir que la diferencia que marcas entre el tango y la salsa, la haces de manera radical. Como ejemplo en los Mareados-tango:...hoy vas a entrar en mi psado...y Periódico de ayer...noticia olvidada...

El movimiento del baile en la salsa con cierto grado de erotismo, se hace también en la milonga coqueteando. Los senos en ambos se comportan de la misma manera y a lo mejor con la misma intención.

Sabré qué pasó?

Mónica l.

Anónimo dijo...

Mi querida Mónica: nada pasó salvo la ficción. Pienso en "milonga para una niña" y otros intentos de fusión entre la milonga y la salsa, pienso también en la extraña relación que ambos ritmos logran entre los sicarios (junto al rock pesado, por supuesto)¿ Cómo explicar en Manizales el tránsito fácil de la música del rio de la plata a la música del caribe, como quién sale de Timbalero y se mete a los faroles sin necesidad de un taxi?

Mario