martes, 20 de noviembre de 2007

MURIO CUANDO ESTABA MAS VIVO QUE NUNCA


MURIO CUANDO ESTABA MAS VIVO QUE NUNCA

Por Mónica Vélez

No es solamente, el sentido de continuidad frente a la tradición de aniversarios lo que nos convoca en este espacio, es el recuerdo como espera de una realización y un ritual en el que Carlos está ausente y de quien puedo decir que rescató para él las sonrisas y los afectos de las divas de la cantina y los colegas de la universidad. Contemplar y descifrar a Carlos Arango no fue una meta propia de la cantina, sus propios cataclismos hicieron posible que todos lo entendiéramos. No tuvo inconveniente alguno para expresar su talento, valentía e independencia. A propósito, tengo que confesar que pude borrar ciertas ideas falsas que me irritaban contra él, era imposible detestarlo, aunque reconozco que si lo intenté. Su palabra juguetona y seductora hacía de cualquier pleito pedir 800 pesos de cerveza muñeca…

Nunca pude saber quién lo puso en la cantina, pero quien haya sido le expreso mi mayor seguridad de admiración. Me daba orgullo encontrarlo en la barra posesionado, no se le escapaba detalle, era capaz de desesperar sin trampas, insistía que era propio del amor ser impaciente, refunfuñaba y cantaba “..quiero morir conmigo sin confesión ni dios”, había que ponerle la versión completa porque algunos interpretes no se atrevían a pronunciar esta frase. Y, hace un año, murió cuando estaba más vivo que nunca, puedo dar cuenta de ello, era el amor que había encontrado…

Me pongo a pensar sobre la actitud de Carlos Arango dando pasos de un lado a otro en el hall central de allá en el cielo -si es que está allá- discutiendo con todos los santos o buenos el problema de la universidad, los debe tener locos para la compresión de un problema tan terrenal. También existe la posibilidad de que esté en otro lado con los que llaman pecadores, cómo los tendrá trabajando en comisiones para el diseño de una Universidad autónoma? Definitivamente, Carlos murió cuando esta más vivo que nunca.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Una tarde diciembre de 1995, en una fiesta de la APUC, abrió su billetera para sacar un documento que estaba apretujado entre tarjetas y cosas, al sacar el documento salió también una estampita de la virgen. Diez años después le pregunté por el asunto,
" siempre hay que tener un plan B" , me dijo.

Mario