viernes, 19 de octubre de 2007

A QUIEN CREERLE, QUÉ CREER





Paramilitares, guerrilleros, representantes del gobierno, Álvaro Uribe V., Corte Suprema de Justicia, parapolíticos, Virginia Vallejo, Fernando Botero, Rafael García, Mancuso, Tasmania, Macacu, Chupeta y demás alias. Muchos de éstos dicen acusar con la verdad, pero una verdad apoyada en la venganza, en un mal recuerdo. No van todas estas instancias tras algo que es lo mismo para todos: el poder por vías diferentes, la guerra del poder que no proporciona más que estados de excitación que sugieren la muerte en vida. Todas las declaraciones que hemos escuchado han sido desafíos para nuestra integridad, hemos sido burlados.

Creo que es de día cuando la aurora y el rocío de las flores y la felicidad de éstas al abrirse me lo informan, creo que tengo hambre y necesidad cuando estoy desempleada, creo en la experiencia imposible de definir qué y cuál es la verdad en Colombia, creo que tengo miedos, miedos de enfrentarme a lo real, creo que había soñado en creer, creo en los desastres de la naturaleza, en las imágenes crueles de los damnificados, creo en la extraordinaria ilegalidad de la justicia, creo en el temple para la lucha como una utopía: “ayúdanos a vencer” es la consigna de todos, creo que existen de esos hombres que dan siempre la impresión de tener las manos llenas de audacia, del abuso de la oportunidad, creo en el hastío de la época enferma. ¿Quién puede fortalecer la fibra moral de nuestra Colombia? ¿Se puede creer en medicar una verdad en agonía, en una revelación de ella?, en los candidatos en debate a tal punto de exasperación y frenesí para convertirse en furiosos lanzadores de sarcasmos…el no creer me reduce a un desesperado deseo de escepticismo. Creo que el escenario moral y ético en Colombia es una máscara de rencores y venganzas. Todos, especialmente, los políticos dicen ser víctimas de desagradables calumnias ajenas a toda presunción de inocencia, entran en un estado de pánico irracional… ¿Quiénes pueden organizar la reconciliación nacional? ¿Quién puede transformar la imagen bélica no de una Colombia, pero si la de los actores que insisten en dicha imagen?

Vemos constantemente la transmisión de la explosiva mezcla de televisión y guerra que dan testimonios de la profunda crisis social que la guerra provoca. No hay duda de que las turbadoras imágenes desempeñan un papel morboso, especialmente, aquellas imágenes de reclutamiento de jóvenes para la guerrilla, paramilitares y batallón. Creo en este estado permanente de guerra contra todos que ostenta una desmedida libertad, la cual da derecho a todo sin restricciones. Creo también, en las instancias políticas carentes de moral para lograr sus propios fines, y, creo que desde esta perspectiva, logran la medida de lo bueno y de lo malo…situación que impide necesariamente, una posible paz, una armonía y la concordia.

La comprensión histórica del develamiento de tantos problemas en nuestro país da paso a una desconsoladora nostalgia idílica de un pasado cuando percibimos que los valores aún no son suficientes. ¿Cuál es el paradigma que domina en nuestra época? Me atrevería a contestar que podríamos hacer referencia a lo que podría llamarse suspensión de la creencias, hacer un paréntesis a cualquier posible verdad emanada desde cualquiera de las instancias antipolíticas, políticas….que nos han conducido a una especie de abstracción de la muerte, de nuestra energía, incluso de nuestras relaciones. Ya es difícil ser realista, nuestro estado está enmarcado entre el éxtasis y el terror. Creo que hay que tener los nervios de hierro. Creo que la ambición a la política da lugar a la intriga, al desastre. Creo en las repercusiones en los niños quienes se manifiestan en sus colegios con una carga de violencia incontrolable. Creo que ya, ni se puede nacer.

Mónica Lucía Vélez H.










NO QUISE PERDONAR A LOS HOMBRES EL FRACASO DE MIS SUEÑOS…

1 comentario:

Anónimo dijo...

Como en los tiempo de los poetas malditos y de los escritores angustialistas, Mónica acude a la escritura desgarrada para hacer pública la rabia y la impotencia que deja el conflicto en Colombia. No te sorprendas Mónica, lo que ocurre hace parte del fardo cargado de codicias y violencias que compone la condición humana.