lunes, 8 de octubre de 2007


LEÓN VALENCIA

Mario Hernán López.

Es difícil encontrar en la prensa colombiana un analista como León Valencia, capaz de examinar con toda lucidez el momento político, empleando para el efecto un lenguaje abierto y preciso, carente de los equilibrios y malabares que ensombrecen a la mayoría de los generadores de “opinión pública”.
León Valencia es, además, la expresión de lo que puede ocurrir en la sociedad cuando se toma una decisión real en materia de búsquedas de la paz: Cada uno de los artículos que escribe para la prensa nacional, cada libro que publica, interpela a los actores del conflicto colombiano; sus textos le ofrecen al lector la posibilidad de escudriñar en el juego velado de quienes atizan la guerra, al mismo tiempo que señala, frente a cada decisión pública, los rumbos probables de la confrontación.
Coincido con él en el carácter enfermizo, demencial de quienes alimentan la guerra en Colombia. En un trabajo reciente, señala como “a pesar de las razones históricas que tiene nuestra guerra, a pesar de las motivaciones políticas que asoman en su discurso, algo había de extravío mental, de oscura irracionalidad, algo de triste sinrazón”. Luego de vivir la guerra en sus propias entrañas, su inteligencia y sensibilidad lo pusieron en el camino de la civilidad enjuiciando la vía armada y proponiendo la creación de una sociedad capaz de actuar con reglas democráticas. Sus libros pueden ser leídos como un conjunto de claves para superar la violencia mediante la radicalización de la Democracia.
En abril de 2007, León publicó un libro que ata la descripción y el análisis de la historia reciente de país con el relato literario y la conversación desprevenida, se trata de un tejido muy fino de recuerdos, opiniones políticas y observaciones agudas que esculcan medio siglo de violencias en Colombia. “Gente que Conocí” afirma el doble papel que tiene la conversación como notaria de la vida y creadora de sucesos con capacidad de ofrecer versiones originales.Al final del libro queda el sabor de que las emociones en juego y las pasiones desatadas son los más grandes obstáculos para desarmar el conflicto colombiano, eso pone en evidencia la forma como la vanidad y la codicia alimentan tanto al abominable monstruo de la guerra cómo al juego, en apariencia inocente, de la conversación cotidiana.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Mario un abrazo y mil y mil gracias por tus palabras. Leon