sábado, 8 de septiembre de 2007

EL FESTIVAL DE JAZZ COMO CONSPIRACIÓN CIUDADANA







Mario Hernán López

Buena parte de los aficionados al Jazz en Manizales proviene de las pocas discotecas salseras de la ciudad. En los inicios de los años ochenta, estos lugares se constituyeron en refugio y guarida de los estudiantes universitarios que migraron del Valle del Cauca, Nariño y la Costa Atlántica, trayendo los ritmos sabrosos de Irakere – con el piano de Chucho Valdés y la trompeta de Arturo Sandoval -, llegaron cargados de maracas, instrumentos metálicos y claves para animar la rumba y estudiar ingeniería, todos traían indumentarias frescas y coloridas que contrastaban con la formalidad local.

Las discotecas salseras, como Timbalero, fueron sitios de encuentro de una pequeña social bacanería que también encontraba en el Jazz una expresión de libertad, capaz de darle continuidad a las ideologías de los tiempos de “la pasión política”. Durante años, la bacanería asistió sin falta al cine club de los sábados, organizó tertulias en sitios emblemáticos como Kien, escuchó a Ray Barreto en la grabadora de la cocina y erigió como símbolo al Gato Barbieri, por su vinculación musical con los ritmos del tercer mundo.

En la década del noventa, la agonía creativa de la salsa obligó a los rumberos y melómanos locales de las músicas del caribe, a abrazar definitivamente el Latin Jazz y la Timba; luego, la salsa romántica y el merengue inundaron las discotecas hasta la llegada demoledora del regaeton y su perreo. Hoy es normal en estos lugares que un tema de Eddie Palmieri - con la Perfecta II – se mezcle con La Gasolina de Daddy Yankee, espantando a los aficionados, confinándolos a las audiciones caseras y a las novedades musicales del festival.

Los aficionados al Jazz en Manizales tienen varias procedencias, buena parte se reconocen como alumnos permanentes y egresados a la fuerza de los seminarios sobre música contemporánea; los viernes, al final de la tarde, el auditorio se deleitaba con las conferencias inolvidables de Alberto Moreno, Rafael Masías y Julio César Samper. Los seminarios se organizaron durante años en el banco de la república y en la sala de música del teatro de los Fundadores. No se puede dejar a un lado el público que llegó al festival de Jazz por la vía de Julio Cortázar, el cine o la vinculación emocional con una música nacida para incomodar, transformar o cambiar el lugar natural de las cosas. Desde sus orígenes, el jazz ha sido una música hecha para conspirar.

Durante el mes de septiembre, el festival de Jazz altera la monotonía mil veces narrada de la ciudad; en el transcurso del año, los políticos hacen la política siguiendo el mismo ritmo tristón de los boleros mexicanos, repitiendo la misma partitura de privatizaciones y obras de cemento, de escasos recursos para las artes y de invitaciones a Sergio Fajardo para vender la ilusión de unas políticas públicas basadas en la construcción de culturas ciudadanas. El festival perturba de muchas maneras, no sólo se trata de la llegada de músicos provenientes del mundo entero, de la presentación de grandes bandas y grupos de todos los estilos, el festival altera por el sólo hecho de existir en el marco de una tradición musical ligada a los aires porteños, al baile malevo o de simple exhibición, por estar vinculado a una ciudad que según el escritor Jaime Echeverri, carece de puntos cardinales. Para Echeverri, Manizales es centro móvil de contorno difuso, sin comienzo ni fin, mapa de gas donde el tiempo se detuvo, dejando a la ciudad suspendida en el aire[1].


Como ocurre con el festival de Teatro, el público del Jazz se aglomera en la entrada del centro de convenciones para conversar sobre todas las cosas; ambos festivales reúnen a los amigos de siempre en la plazoleta del teatro para confabular a favor de la música, para hablar de cambios urgentes y sobre la urgencia del cambio, para escuchar los proyectos y las malas noticias que traen los gestores de la cultura. Paulo Sánchez abre el festival con la lectura de un texto hecho a la manera de un balance de gestión, siempre queda en el aire la idea de estar cerrando definitivamente un festival que agoniza por la falta de recursos, al mismo tiempo que muestra una gran vitalidad artística. Las dificultades para la consecución de recursos no sólo están ligadas a las políticas de austeridad de los gobiernos, o a las prioridades en materia de gasto público, es obvio que el mayor obstáculo está relacionado con la manera de entender el desarrollo de la sociedad. Cada año, Paulo pasa la cuenta; en una exhibición de carácter, le recuerda al público el lugar que ocupa la cultura en las agendas reales del gobierno. Cerrado el capítulo de los presupuestos y los patrocinios, nadie puede dejar de sorprenderse al ver aparecer en el escenario un pianista como Aldo López- Gavilán.

Como todas las expresiones artísticas de la ciudad, el festival de Jazz necesita una conspiración ciudadana capaz de cambiar las visiones hegemónicas de la cultura como un asunto de limosneros. Digámoslo de nuevo, los ejemplos de Bogotá y Medellín, en materia de políticas para la cultura, muestran una ruta clara: es imperativo superar en Manizales las prácticas administrativas basadas en la asignación presupuestal como favor personal, contraprestación electoral o simple generosidad del gobernante y, en su lugar, avanzar hacia el terreno democrático de las políticas públicas y los presupuestos participativos.

De todas maneras, antes de tomar cualquier decisión, vale la pena dejarse sorprender con los músicos que convocarán, este septiembre, los admirables organizadores de la fiesta.






[1] ECHEVERRI, Jaime. CORTE FINAL. Colección Nueva Narrativa. Hoyos editores. Segunda edición Manizales 2007.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

El primer concierto de este festival lo hizo el africano Richard Bona; francamente espectacular.

Anónimo dijo...

El martes 11 de Septiembre de 2007 en un Hospital de Viena (Austria), murió el gran tecladista de Jazz y Fusión Joe Zawinul, el fundador del legendario grupo Weather Report. Ese día en Manizales se presentó su amigo Richard Bona.
Bona en la noche me dijo: "estoy triste", no me quizo decir por que. Al finalizar el concierto hizo una pequeña nota póstuma por la muerte de Zawinul y desde el hotel Varuna de Manizales, la envió a su web master. La noticia de la muerte de Zawinul la recibió Bona en Manizales y la nota escrita en su memoria, se produjo en Manizales. La nota está publicada en su página web.
Tiene razón Mario Hernán. El festival de Jazz altera la monotonía mil veces narrada de la ciudad. Y sin saberlo, a Richard Bona y a otros artistas, su estadía en Manizales altera un poco el transcurso normal de su vida. El 11 de Septiembre de 2001, abrió el Festival de Jazz de Manizales el trío de Eric Byrd de Estados Unidos y el concierto estuvo a punto de cancelarse, porque los artistas aún no habian podido comunicarse con sus familiares luego del atentado al World Trade Center. Al final del concierto cantaron como homenaje póstumo a las victimas la canción What a wonderful world de Louis Armstrong y también fue una noche memorable.

PAULO ANDRÉS SÁNCHEZ G.

Anónimo dijo...

Viejo Efra!

Un abrazo en primer lugar. Buena cosa verlo como siempre en los conciertos del festival de Jazz y músicas del mundo. Espero que los haya disfrutado hermano.

En segundo lugar, escribo esta nota con copia oculta a varias personas, entre ellas los miembros de la junta de la Corporación Jazz Manizales, porque hace unos días hablé con claridad y se malinterpretó el asunto. Dije que esto de los asuntos culturales estaba en absoluta decadencia en la medida en que las políticas públicas de cultura y concertación y proyección de una agenda cultural para la ciudad sigan siendo inciertas, como hasta ahora viene sucediendo; simultáneamente la programación cultural se ha empobrecido hasta un nivel deplorable ante la paquidermia del sector. Se malinterpretó porque como casi siempre, se asimiló como una queja de falta de apoyo financiero, y ese tema a mi particularmente me parece tan mediático y detestable que lo aíslo siempre que se trata de mencionar el tema construcción colectiva, debate incluyente y presupuestación participativa. Dije al periodista de La Patria algo que ni siquiera publicó y es que esta agenda paupérrima demarca diferencias entre las categorías artísticas de unos y otros y señala con aterradora sordidez que a Manizales solo le quedaron tres eventos culturales de carácter internacional. El Festival de Teatro, el Festival de la Imagen y el Festival de Jazz.

Esa desarticulación cultural, motivada desde lo público, también vehículo averiado de aproximación de la sociedad civil a la discusión concreta de la política cultural de ciudadanía, ha dejado saldos desfavorables en otros procesos. Uno de ellos evidenciado en el Festival de Jazz y es el más sensible para mi, el proceso de formación de públicos. Estos han sido desestimulados por la aglutinación de eventicos y eventicos y más eventicos, como le describí al periodista la agenda cultural parcial de la ciudad. La gente ya está perdiendo la capacidad de discernimiento que había alcanzado bajo el influjo de acciones concientes, claras y comprometidas como el Festival de Jazz, la temporada de Piano, el Festival de Teatro, los Agostos Latinoamericanos. No está bien entonces que al margen de la vergüenza que causa que Manizales no haya llenado el Centro Cultural y de Convenciones Teatro los Fundadores (al cual me referiré en otro texto por su pésimo desempeño), con espectáculos como los programados en la semana del Festival de Jazz, no se proceda en consecuencia con el esfuerzo de instruir al público e informarlo adecuadamente para no fomentar en él, malos hábitos de nivel crítico. Con esto me comprometo a divulgar todos los espectáculos que programa la Corporación Arte & Ciudad, porque estoy a favor de sus gestores, de su esfuerzo y de su aporte a la configuración de agendas con nivel reconocible de calidad. A pesar de que por circunstancias nada coyunturales, el evento programado en esta ocasión tenga como respaldo musical otro proceso desestimulado por la avaricia política como la orquesta sinfónica.

Como siempre Efraín, creo en sus inquietudes y creo en todo lo que usted y otros amigos me han enseñado a lo largo de estos casi 12 años de amistad. No podemos claudicar en este momento en el que podemos reclutar el ejército de la conquista que le hizo falta a Michel Jozame por ejemplo, cuando quiso decir que Manizales estaba aún viva culturalmente gracias a sus gestores de cultura. Yo no voy a desistir, y mantengo mi optimismo frente al abismo.


PAULO ANDRÉS SÁNCHEZ G.