domingo, 5 de agosto de 2007

PUEBLO SIN MESÍAS.





Oscar Robledo Hoyos *

Los diarios resaltan como noticia fundamental de esta semana el encuentro del profesor Moncayo con el señor presidente en el capitolio. Asistimos a una orgia de editoriales y a muchas salvas y juegos pirotécnicos sobre la representación simbólica que en la política del país tenga la marcha del profe nariñense. Oscar Delgado desde la Universidad del Rosario titula “Cascada de editoriales y columnas sobre el único agente para la movilización social en el país: El profesor Moncayo” para dejarse venir con solamente lo pertinente al sábado 04 de Agosto de la siguiente manera: Editorial de El Heraldo – Barranquilla, Editorial de El Tiempo (2o. editorial en dos días - Enrique Santos Calderón) y Editorial de El País-Cali. Columnistas: El Universal de Cartagena: Darío Morón Díaz (Presidente del Instituto de Estudios Liberales, El Colombiano de Medellín: Ernesto Ochoa Moreno, El País de Cali: Julio César Londoño, El Nuevo Siglo: Alfonso Orduz Duarte, En El Tiempo: Luis Noé Ochoa y En Columnistas Libres (red virtual): Rodrigo Jaramillo. Para dar y convidar. Se esperan nuevos datos para domingo y lunes. Toda una bacanal de noticias y puntos de vista, muy bacana.
Un fenómeno. Una promesa. Neopopulismo. Impacto profundo. Hecho inédito. Una nueva cruzada. Un hecho sin precedentes. Símbolo del tesón de la sociedad colombiana. Dos protagonistas en franca lid, frente a frente, como en un duelo. Dialogo público. Jornada histórica. Hazaña. Peligro de protagonismos. confrontación desastrosa. Polarización. Proeza. Recuerdo de Mahatma Gandhi, Martín Luther King y las madres de la Plaza de Mayo. Y no sigo para no fatigar al lector.
Casi salgo sorombático de lo aturdido. Para mis entendederas apenas lo lógico. Moncayo es hijo del régimen. Frente a la polarización de los puntos de vista y el cierre politicosocial no se pueden esperar sino estas manifestaciones marginales de pura buena voluntad, la evidenciación de un drama particular que puede simbolizar el dolor de una colectividad. Como esos pobres menesterosos que deambulan por nuestro lado exponiendo “todas sus miserias” para ver si mueven nuestra compasión y nuestros bolsillos: llagosos, cánceres regados por los rostros, piernas purulentas, muñones, talones retorcidos como raíces de jengibre, cojeras de todo tipo, tembladera de pies y manos, etc. Prácticamente salió solo y fue creciendo la audiencia de los desahuciados del Acuerdo Humanitario, de los invisibilizados por Uribe Vélez. El Gran Burundú Burundá no ha muerto, está de regreso. ¡Crece y Crece la Audiencia!. Se hizo presente a lo pies del príncipe a ver si así lo conmovía siquiera un poco. Aunque me digan negativo y aguafiestas pero, es más de lo mismo: indiferencia y radicalización. Si nada pudieron las familias de Cali, las lágrimas de hijos y conyugues, la gran marcha nacional por la Paz, el clamor de todo el país durante cinco años, el lamento desgarrador diario de la esposa de Oscar Tulio Lizcano por la radio y las gestiones internacionales de la madre de Ingrid, no creamos que el maestro del sur va a lograr la conversión del duro corazón del presidente para con las víctimas de la violencia y la confrontación.
No hay Mesías. Ni en el palacio de San Carlos ni en las carreteras de Colombia. Solamente una sociedad abandonada al conflicto armado mientras los contendores mascan el hierro de su rabia. Impotencia que han transmitido al cuerpo social. Desánimo generalizado, así salga a decir Obdulio que nos vamos acercando la final y que asistamos al derroche munificente del príncipe cuando apenas caen de su mesa pequeñas migajas con las cuales hace la micropolitica del despiste y por arte de malabarismo, la proeza de salir a dialogar a la plaza “tête à tête” con el quejoso, que en este caso es toda la sociedad de un país que se desangra al sur de América Latina, Colombia.

** Sociólogo.

Manizales, Agosto 04 de 2007.

2 comentarios:

creo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
creo dijo...

Hay un nuevo artículo de Óscar Robledo en el Blog.

Carlos Ricardo