domingo, 8 de julio de 2007

LAS LECCIONES DEL ERROR





¡Te lo advertimos!
Alba Nora.


Mario Hernán López


Desde cuando el nombramiento del Rector está tamizado por la consulta y recae en el Consejo Superior, en la Universidad de Caldas hemos pasado mecánicamente de un Rector interno a otro externo. Se trata de un movimiento pendular que señala el relevo monótono de un político por un académico. Del énfasis en las relaciones institucionales y la gestión de recursos, pasamos a los rectores preocupados por los asuntos curriculares, el desempeño docente y la adecuación de instalaciones. Estamos así desde la Ley 30 y no hemos podido despegar.

Casi todos los asuntos internos de la Universidad de Caldas pasan por las manos del Rector, a pesar de que sus tareas básicas consisten en el manejo de las relaciones externas, la generación de consensos entre los diferentes sectores y la construcción de la imagen institucional de la academia - las otras funciones están en manos de las vicerrectorías -. El Consejo Superior adquiere algún significado real en tiempos de designación de Rector o de conflicto interno: A pesar de su importancia formal como instancia de enlace y de formulación de políticas, el grueso de los universitarios desconocemos la agenda y los contenidos de la deliberación del Consejo Superior. Por su parte, los Consejos Académicos de las universidades públicas centran su actividad en la solución de pequeños conflictos en los procedimientos y en las reformas estatutarias, se trata de una labor que se repite cada semana de manera agotadora y gris.

Como en las alcaldías de pueblo, en la Universidad de Caldas casi todos los asuntos administrativos están centrados en la decisión del mandatario, cuyo ritmo y estilo terminan perneando todas las instancias - de él dependen tanto la celeridad en los trámites como el estado de ánimo institucional -. El personalismo en la gestión institucional es una manifestación de la concentración excesiva de funciones, explica el mesianismo que rodea la designación del Rector y constituye una señal inequívoca de la lejanía con que actúan los organismos de gobierno universitario. En Colombia un mal alcalde, con un equipo de gobierno inexperto o confundido, puede ser removido mediante el empleo de mecanismos de participación ciudadana, en la Universidad de Caldas la remoción del Rector es también una estrategia para cerrar los ciclos.
Los sucesos que rodearon el allanamiento de la policía a las instalaciones de la Universidad, pusieron en evidencia los defectos y carencias de Ricardo Gómez en asuntos claves como el liderazgo y la comprensión de la vida universitaria, hicieron evidentes grandes retos derivados del cambio en la dirección gremial, y nos pusieron la tarea urgente de pensar en lo que queremos hacer con la Universidad, con o sin Rector.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Esta "veronica" te confiere grandeza... pa'lante y ya.