viernes, 29 de junio de 2007

MI VOTO TESTIMONIAL EN LA UNIVERSIDAD DE CALDAS





Mario Hernán López


Apoyé la candidatura de Ricardo Gómez, a la rectoría de la Universidad de Caldas, por razones asociadas al descuido mutuo entre la Universidad y la ciudad, a la urgencia de abordar una administración por políticas, capaz de enfrentar y resolver temas cruciales en el campo de la gestión financiera y en el equilibrio de las estructuras académicas y administrativas de la institución.

Para la elaboración de sus propuestas, Ricardo logró convocar un grupo de profesores con experiencia y trayectoria en los terrenos de la formación y la proyección universitaria; algunos, incluso, hacen parte del pequeño y selecto grupo de profesores que logran animar los escasos debates públicos en la ciudad. Los antecedentes profesionales de Ricardo y la calidad del equipo de apoyo, me animaron a promover por todas partes su propuesta de gobierno universitario basada en estrategias de desarrollo académico, y en proyectos relacionados con lo que, creo, debe hacer la Universidad Pública para alcanzar la legitimidad que suele enredarse entre la irrelevancia y las políticas de gobierno.

Una vez nombrado Rector, sus actos y decisiones tomaron giros inesperados: en los primeros días de su gestión sonrojé con los editoriales de Universidad Al Día basados en revistas de opinión económica; el asunto se hizo crítico con la decisión que condujo al nombramiento de decano en la facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales: uno de los profesores mejor formados y entrenados de la facultad fue dejado a un lado, los criterios que acompañaron esa decisión nunca se conocieron. En el lugar del Rector capaz de concitar los diferentes intereses, estimular la deliberación y comprender que la Universidad Pública es un tipo de organización basada en argumentos y consensos, apareció un Rector que, en el límite de las situaciones, prefirió convocar a la clase política. Tres semanas después del allanamiento, los universitarios que lo avalamos en la consulta para la designación de Rector, nos seguimos preguntando porqué no apeló a la veteranía y sensibilidad de su vicerrector académico para evitar la incursión de la policía.

Hace varios años, se debatió en Colombia la posibilidad del voto testimonial: este mecanismo permitiría que cada elector registrara en el tarjetón las razones de su voto. Se trataba de una idea hermosa e impráctica que ligaba al elector con el candidato, en un acuerdo mutuo. Es probable que en organizaciones como la Universidad se pueda poner a prueba el espíritu del voto testimonial empleando las paredes, las conversaciones de pasillo, las publicaciones y las deliberaciones en las asambleas. En mi caso, diría que no voté por los políticos que ahora parecen hablarle al oído al Rector, que lo aconsejan en materia de ejercicios de autoridad y restablecimiento del orden; también escribiría, detrás del tarjetón, las razones por las cuales voté por los académicos que lo acompañan en su gestión, cuya responsabilidad con la Universidad también está puesta a prueba.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Eso le pasa a uno que cree en la llegada del «mesías» despreciando la potencialidad misma de La Universidad, y en la de sus propios compañeros.

Anónimo dijo...

El comentario anterior, oculto en el anonimato, parte de refutarse él mismo: estaba el "mesías" invocado, en los otros candidatos?
Categóricamente no!
Una adhesión a un nombre en el Gobierno Académico, no significa respaldos a ultranza a ese nombre y en mi caso, no lo ha sido!

Carlos Ricardo