sábado, 23 de junio de 2007

ABANDO Y BARRA*

José Fernández de la Sota

Vas a tener en cuanto te descuides que marcharte del bar.
Recuerda que esto no es un after –hours.
Ni un hospital de sangre.
Ni un juzgado de guardia.
El establecimiento tiene un horario de cierre.
Se barren las colillas.
Se baja la persiana.
Se apagan los letreros luminosos.
Queda todo vacío como un prostíbulo abandonado.
Así es.
Será mejor, por tanto, que te apures.
No bebas más sin sed.
Olvídate
del mal servicio.
Olvídalo.
Disculpa
estos vinos acedos, la miradade vitriolo del barman.
Algún día
tendrás que perdonar.
Alguna vez
tendrá que suceder.
No es saludable
beber así, vivir (digo vivir)
sin una gota de misericordia.
Está lloviendo.
Escucha.
Date cuenta:
tu alma es un paraguas que desbarata el viento.
Habrá que perdonar alguna vez.
Vas a tener que irte. Vas a irte.
Tendrás que perdonarte alguna vez.



*Poema perteneciente al libro "Aprender a irse", editado por Hiperión. Puedes conseguirlo visitando Hiperión en www.hiperion.comJosé Fernández de la Sota (Bilbao, 1960) es periodista colaborador en medios de prensa y miembro del colectivo "Poetas por su pueblo", además de cofundador del Boletín de Ficciones. Entre su obra poética hay que destacar Te tomo la palabra (1989), La gracia del enano (1994) y Todos los santos (1997), obra con la que obtenía el "Premio Antonio Machado", Material de construcción (Hiperión, 2004). En 2005 recibe el premio Alfons el Magnànim "Valencia" de poesía en castellano por su libro Cumbre del mar (Hiperión, 2006). Como narrador, es autor de la novela "Informe Goliat" (1989) y de los libros de relatos "Elefantes blancos" (1997), "Negrita con diamantes" (premio Max Aub de 1998) y "Suerte de perro" (2004). Es autor, asimismo, del ensayo "Bilbao, literatura y literatos" (2000). Es columnista del diario El País en su edición vasca y director de la revista Ancia, de la Fundación Blas de Otero.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Mil gracias al flaco Jiménez por la tarea de divulgación poética que hace en lalocadelacasa. Este poema nos remite a las sombra del bar, a la mueca que queda jugando con los hielos en el final de la noche.