jueves, 17 de mayo de 2007

COLOMBIA LLORA





Mónica L. Vélez H.

La bajeza de las codicias de poder, el trueque de la libertad, conspiradores profesionales capaces y adiestrados para ser inaccesibles a los atractivos de la paz, lazos inquietantes y amenazadores de la fragilidad de la existencia, manifestaciones patológicas a la cacería de brujas que los medios transmiten, y, mientras tanto, nosotros con los ojos en la pantalla sentimos un exquisito goce perverso al ver cómo entran en escena todos aquellos que desde el amparo de la normatividad han caído en un surrealismo por firmar tratados y proyectos para una Colombia nueva, cuyo sentido depende más de la inspiración que de reglas, del libre juego de la imaginación superando lo convencional. La constante revolución de la imagen de Colombia que se abandona al espanto, el tropiezo con instancias políticas tan poderosas y escondidas produciendo la agitación en el campo y en las ciudades. Colombia está sumida en el caos económico, moral y político; movimientos que condicionalmente con su actitud, favorecían el ascenso al poder de muchos de nuestros gobernantes. Los fundamentos morales y éticos de la política, pisoteados, ultrajados y manipulados.

Familias extrañas, solitarias y ajenas, tratando desesperadamente de rescatar del olvido a aquellos seres excluidos de la vida familiar y social, y mientras tanto, estos seres se ocupan necesariamente de un frenesí de fantasías crueles y morbosas antes de caer en el silencio de la locura o en el abrazo suicida de la muerte. El no compromiso objetivo de las luchas políticas, combates ininterrumpidos que afectan también el orden civil. Cuánta sangre se ha regado en los códigos legales e ilegales? El poder ha hecho del hombre un monstruo y una cultura de la sospecha.

Ausencia de calor social, deconstrucción de los pueblos, desplazamiento como referente de una memoria colectiva que se deshace, transformación de la experiencia del entorno rural en una territorialidad fragmentada, deshabitada e incierta.

Se trata pues, de una Colombia desencantada, pero que todavía posee sus centros imaginarios, sus escenas, sus contornos. Se siente una melancolía que retorna y se apodera de todo como si Colombia fuera ya impresentable, abierta al infinito del espacio y del tiempo, dispersa de sentimientos que incita a una contemplación nihilista de una Colombia en ruinas arrasada por sus propios fantasmas y abandonada por sus verdaderos ideales.

Dónde, verdaderamente, están los guerreros para componer esta imagen del caos, del exuberante desorden y deje ya de ser Colombia una construcción de espectáculos?

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Mónica:

Te leo como deslizándome entre la animosidad de los hechos y el dulce tejido del texto; de nuevo se demuestra que la tragedia es la materia prima adecuada para un poema.

Mario

Anónimo dijo...

Tanto horror duele aun mas porque se le oculta como buscando que nadie lo nombre. Semejante tragedia no encuentra palabras.

Anónimo dijo...

Maestra:
Es triste ver en una pantalla lo que sucede a nuestro al rededor pero lo es aún más, encontrar palabras y frases tan bellamente hiladas para tanta suciedad y miseria.
Mónica Flórez.