jueves, 26 de abril de 2007

TOCARÁ ENTRAR AL CONVENTO




Mónica Lucía Vélez Hurtado

He pensado que por conveniencia los espacios religiosos legitiman lo que se llama infringir la ley, y esto me conviene porque he querido matar a más de uno, no a bala, ni a gritos…

Este problema de las tutelas trato de entenderlo desde el vuelterío que hay que hacer hasta cuando se haga efectivo…..y por más que se me explique menos entiendo su eficacia, motivo por el cual, me hace reflexionar sobre la relación con la ley y cómo debemos conducirnos con ella.

Por primera vez y gracias a los medios, me entero cómo es una tutela, y más aún, cuando ésta va dirigida contra su reverencia el Arzobispo, título que desde pequeña me enseñaron a respetar y a creer en él como en la santa iglesia. Sin embargo, y a raíz de toda la información que en cualquier esquina recibo y seguido juiciosamente por el deseo de saber sobre la tutela al Arzobispo y los actos seguidos como: huelga de los representantes de la iglesia, cerrada de templos porque falló la tutela en contra de su excelencia y en pro de una supuesta injusticia que fue a parar a la ley y el orden.

También me explicaron que el seminarista que entuteló, esperaba una respuesta sobre su expulsión de un seminario para ordenarse como religioso, respuesta que supone parte de una acto de fe, es decir, el seminarista debe creer, más no que le comuniquen cuál fue su falta para el retiro. Eso si, también me enseñaron que Fe es creer en lo que no vemos porque…. Asunto que también me preocupa porque ante la ley hay que probar, comprobar, testigos, fotos, videos, huellas, ADN y demás para demostrar que somos inocentes, no es simplemente que la ley deba tener un acto de fe….mejor este tema se los dejo a los que entienden mejor que yo.

Alcancé a imaginarme, con cierto goce que no puedo evitar al Arzobispo en la cárcel tres días, en su celda compartida, en la comida sin protócolos, en los baños comunitarios, a sus visitas, y, dentro de un gesto casi humanitario me hice esta reflexión: Que bien que el arzobispo esté detenido y que la tutela sea el pretexto para que él comparta esos espacios, evangelice (porque es parte de su misión), ejerza una pastoría desempeñando el papel de pastor en relación con los internos del Impec como sus corderos o rebaños -yo personalmente, hubiera aceptado tener esa clase de experiencia, escuchar todos los delitos (si los hay), las maldiciones, las bendiciones, los arrepentimientos, los deseos de volver a caer, etc., no desde la misión del pastor como nos han enseñado, más bien, sería una exquisita experiencia estética en relación con la ética.

Lastimosamente, no va a ser detenido por gestiones de la ley, aplicación adecuada por parte del abogado defensor. También acudí a que se me explicara tal acto, y a medias comprendí que los convenios internacionales de la iglesia protegen a sus miembros, que existen cláusulas de contextos que se ajustan, que el arzobispo no debe dar respuesta porque se supone que ésta se encuentra dentro de un acto de fe, que los códigos aplicados pueden ser benefactores para la situación de su excelencia, no obstante, me queda una inquietud: los ciudadanos comprenderán que esta situación es legal o no es legal? Creo que por más que intento asimilar estas decisiones de salvación, encuentro algo irrisorio el discurso de la ley cuando, desde el exterior, quiere ordenar a los demás, decirles cómo es la justicia y cómo encontrarla, o, en otras palabras, qué es la justicia? Es imparcial o premia o castiga, en fin, cuál es el papel de ella? Cómo y cuándo la reconocemos?

Sigo en mi curso espontáneo del pensamiento que me indica a cada momento cómo debo conducirme para que no modifique los lazos con la ley, para que no ponga en duda el estatus de la aplicación de leyes con su poder enigmático, o como alguna vez dijo Artaud “Todo lo que necesitas es ser genio para saber interpretarla” para que me revele las normas propias de su naturaleza, o en su defecto, evitar el poder y la aplicación de la ley entrando al convento.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Alguien podría preguntarse si la eventual llegada del arzobispo a la cárcel alteraría el proceso de resucialización de los internos.

Bien Mónica por el tono y el ritmo del texto.