lunes, 23 de abril de 2007

EL DEBATE DEL POLO.




Oscar Robledo Hoyos


De acuerdo con algunos académicos la historia tiene unos momentos en los cuales se revela de manera especial a los ignaros. Son como instantes estelares de manifestación y desenvolvimiento de los signos de los tiempos. Hablan desde una cierta epistemología de la historia pues al fin y al cabo ésta no puede resolverse a la manera heroica de Carlyle, enfoque del que gustan algunos sobrevivientes a la extinción de los grandes dinosaurios. Según este planteamiento hay ciertos eventos que denominan “historicidad reveladora”. Momentos que por la enorme dificultad de comprender lo social que en una oportunidad denominé (1) – siguiendo a Pierre Bourdieu - “la dura corteza epistémica de lo social” tienen la extraña virtud de anunciar lo que se viene gestando en la entraña viva de la sociedad. Ahora que homenajeamos a nuestro genial Gabo recordamos algo de su obra. Había en Macondo algo podrido en el ambiente; en las esquinas se percibia desde algún tiempo un tufillo a moho, a viejo, a descomposición que lo impregnaba todo. Los habitantes lo sentían pero ninguno daba con su origen y menos con lo que se estaba gestando hasta cuando el viejo médico - ya definitivamente enclaustrado en su cuarto - lo dijo esa mañana cuando de manera intempestiva se hizo presente en el comedor.“Habló con espontaneidad y hasta con entusiasmo de las magnificas perspectivas del pueblo. Esa mañana oí la palabra por primera vez. El la dijo: “Todo esto pasará cuando nos acostumbremos a la hojarasca”.(2) La hojarasca eran las innovaciones, el tumulto, las largas filas de forasteros que llegaron a trabajar en las bananeras explotadas por la United Fruits Internacional. Entonces todos entendieron el porqué de ése olor a podrido y a medio muerto.

Acompañados de éste pensamiento no íbamos a perdernos el debate propuesto por el senador Petro sobre La Parapolítica, largamente anunciado por los medios y orquestado, talvez triunfalisticamente, por el citante. Tomamos asiento en las primeras butacas al frente de la pantalla televisiva y, claro, las “historicidades reveladoras no tardaron en hacer su aparición.

En primer lugar la falta de preparación del sector gobierno. Llegó al congreso con la cartilla preparada en acetatos en una exposición que eludía desde su entrada la discusión propuesta, razón por la cual no hubo debate. El ministro Holguín Sardi y Andrés Uriel Gallego, como buenos alumnos repitieron la lección aprendida casi de memoria en casa, es decir, en el palacio de San Carlos. Revelador: Con los uribistas solo se el diálogo pero entre sordos. No entran en el tema. Ya tienen la verdad revelada en las manos. Son maestros en numerología sin ser estadígrafos, se les pregunta sobre la seguridad democrática y empiezan a disparar cifras del Dane y cómo los atracos a mano armada han disminuido porcentualmente de acuerdo al año pasado en 4.07%, 5.98 respecto al 2005 y así sucesivamente. ¡Ah!, y no se les pida que entren en detalles porque empiezan a arrojar datos de computador por regiones, zona rural/ zona urbana y dentro de las cabeceras municipales por género y estratos socioeconómicos. Como en el dicho popular aquí los opuestos no se tocan; se desconocen, lo que es un aporte adicional a la polarización endémica que nos hace tanto daño (3). No existe el otro como distinto y diferente. Simplemente desaparece del escenario mismo de la confrontación.

Segundo, vuelve el ritornelo de Parapolítica versus Guerrilla. Se pide hablar de ella, ahondar en ella, abrirla al conocimiento público y entonces se empieza a hablar del M-19. Se elude. Se le aplica la metodología de su desaparecimiento conceptual. Excusas, retrovisores, ataques personales.

Tercero, cuando por alguna coyuntura se toca al gobierno o al Señor Presidente, entonces se toca el “cuerpo de la patria”, “los altos intereses del país”. “Yo soy el Estado” como diría el Rey Sol, y Obdulio empieza hablar en los medios del irrespeto inadmisible a la persona de nuestro presidente, “la máxima investidura de la nación”. Se embomba el asunto y se le personaliza hasta el punto de caer en la creencia que hablar y discutir de situaciones y hechos en los cuales hubiera sido posible que el Dr. Uribe o su familia hubiesen estado involucrados, es enlodar la imagen de Colombia y ¡qué pena que no vean lavando la ropita sucia en la calle¡ cuando lo indicado fuera callar y guardar compostura y buenos modales ante propios y extraños. De lo contrario, “apátridas”, una manera de no pronunciar el otro epíteto, el de “parias”. (4)

En conclusión para el gobierno, no existe la oposición. Lo que existe son unos “exguerrilleros vestidos de civil”. No se puede tocar la figura del presidente porque el país conoce desde siempre su rectitud e imparcialidad y desinteresado amor por la patria. “Desde pequeño lo único que deseaba era servir a Colombia siendo presidente de republica”, dicen los biógrafos. Como hubo en el pasado fallas y pecados de personas y gobiernos no se pueden examinar las fallas y posibles errores del presente. “Siempre he tenido enemigos y siempre he sido atacado inmisericordemente”. (Alocución presidencial, Abril 19).¿Imagen?: un nuevo mártir que pide pista y hace su aproximación al santoral.

Finalmente, no soy pesimista respecto al debate del senador Petro. Por encima de las voces pesimistas permitió visualizar, casi tocar con la mano, las representaciones y fantasmas con las que el régimen gobierna y ve del país.

Manizales, abril de 2007

(1) Robledo Hoyos, Oscar. De corrupciones a conflictos sociales. Revista Red Interuniversitaria de Docentes e Investigadores de Ética. Memorias, Universidad de Manizales, Oct 2003. Art . La difícil comprensión de lo social, pag 81.
(2) García Márquez, Gabriel. La Hojarasca, Printer, Barcelona, 1975, pag 71
(3) Editorial del El Tiempo, Ecos de un debate, 19 de Abril de 2007.
(4) Diálogo con la W, Abril 20 a raíz del reclamo de Enrique Santos de no haber sido invitado El Tiempo a conferencia de prensa del señor Presidente, en las horas de la noche anterior por todos los canales institucionales, por el mal que Petro hacía a los altos intereses de Colombia en el exterior, Ej., Al Gore en Miami.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

El debate de Petro, y la posterior respuesta de Uribe, es la cuota inicial para un proceso de reacomodación política en Colombia; la idea de una gran acuerdo sobre la verdad en la que coinciden los paramilitares encarcelados no convoca todos los sectores del Polo y provoca el silencio de los otros sectores políticos.

Pasado el escándalo de la parapolítica veremos surgir la vieja fórmula del gran acuerdo nacional.

Anónimo dijo...

Pues toco leer ahora si a Al Gore. Que favor que nos ha hecho, porque si es por los colombianos y El Tiempo lo mas que puede pasar es un "gran acuerdo nacional" por la amnesia y el Alzheimer. Se tambalea la cosa...