miércoles, 28 de marzo de 2007

“En alguno de sus escritos Bataille dice que las lágrimas son la última forma de comunicación. Yo me puse a llorar…”



Por Germán Antonio Guzmán


“Se detuvo y me miró (Hitler nunca me había mirado) y, esto es lo más extraordinario, intentó hablar, no pudo, manoteó su impotencia y finalmente, antes de desaparecer con las primeras luces del día, me sonrió (¿como diciéndome que toda comunicación es imposible pero que, sin embargo, se debe hacer e! intento?).”

Roberto Bolaño en: Putas Asesinas Anagrama, 2001


En el comienzo del siglo XXI un ansia interminable de comunicación espontánea sacude el mundo. Se cuentan por millones los seres que buscan ver y decir lo que sea a través de la red Internet. El fenómeno pareciera mas viejo, pero recientemente ha cobrado un matiz sin precedente alguno.

Se trata de una suerte de comunicación en donde la palabra escrita parece desplazada por el más novedoso vehículo comunicacional en la red, el video casero. La peliculilla improvisada es el vehículo esencial de la comunicación entre millones de personas ansiosas de decir cualquier historia particular. Quizá sea pasajero, por ahora todos somos espectadores hambrientos de imágenes reveladoras acerca de cualquier cosa.

La razón aparente es que un vídeo pudiera ser más elocuente o eficaz para comunicarnos que un documento escrito. El primer argumento es que lograría alcanzar un público más extenso y por tanto reducir la exclusión que implica la comunicación escrita. Lo segundo es que permite cierto grado de espontaneidad comunicativa, lo que la haría más productiva y creíble. En consecuencia, trasciende la multiculturalidad atribuyéndola esa transversalidad inherente al fenómeno globalizante.

El vídeo es usado por los internautas como una forma de comunicación esencialmente no verbal, esta última se ha tornado en un modo muy productivo de comunicación (especialmente para quienes por no ser expertos en estos temas nos resulta un maravilloso descubrimiento). La imaginación espontánea apuesta por decir a través de la red mundial, a lo más que puede. Se logra prescindir de los modos, los protocolos, los gestos, la actitud, entre otros; toda esta innovación son maneras muy económicas, energéticamente hablando, para comunicarse con otros.

Pareciera como que la erudición o el pensamiento innovador no bastan per se sino puede comunicarse con eficacia y alcance considerable. En medio del casi aniquilado ideario determinista que preconizaba Albert Einstein, le sobrevive al menos la noción de que la imaginación es una sustancia que prevalece sobre el conocimiento, en tanto agentes trasformadores que son de la percepción del mundo. Por ello una de las bondades innegables del vídeo popular consiste en la comunicación como esencia en lugar de la erudición como punto de partida para comunicar.

El fenómeno gana auge. Una evidencia videográfica bien puede conmocionar al mundo o sacudir el gobierno de una nación. Está incitado por la tecnología, el interés político y/o el interés económico de quienes se proponen obtener el trofeo informativo. Es muy probable que la voracidad noticiosa de los gigantes mundiales de la comunicación aliente la extensión de tal manifestación. Solo se requiere un pequeño y casi indetectable teléfono de precio irrisorio para transformar lo insustancial u ocasional de un hecho cierto en un episodio de impacto diferente.

El aniquilamiento físico de Sadam es la muestra más elocuente de ello. Sin que valga derecho o argumento alguno casi todos hemos sido testigos de su ejecución. De no ser por los videoaficionados, las imágenes del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York hubieran tenido un aspecto sustancialmente diferente. Más recientemente, el presidente del gobierno español ha sido victima de una grabación no autorizada de sus comentarios en privado según la cual se refiere de manera inapropiada y soez a la situación con la banda separatista ETA. En los Estados Unidos la brutalidad policial ha sido registrada mostrando los pormenores de los abusos. Tampoco han escapado del ojo de las cámaras los atropellos que perpetran los carceleros norteamericanos esparcidos alrededor del globo, la farándula y sus escándalos, las pilladas a las famosas con sus mozos; toda suerte de testimonios gráficos son accesibles en internet. Consientes de ello o no, estamos siendo arrastrados por un “tsunami” de imágenes que aunque mudas o no informan y transforman con gran eficacia.

100 millones diarias de visitas registra el portal en internet http://www.youtube.com/ . Se trata de un sitio que almacena y presenta gratuitamente vídeos caseros o profesionales para que cualquiera pueda accederlos sin restricción. El portal mismo ha sido objeto de fantásticas negociaciones con Google quien no ha titubeado por la cifra astronómica que finalmente pago por la adquisición de su cerro de servidores, alambre, papel e imaginación que aun componen Youtube.

La popularización de la comunicación intraplanetaria posee hoy un nuevo atractivo que no poseía en los noventas y es la posibilidad de modelar las imágenes como vehiculo individual y espontáneo para conmover a otros seres sin importar la distancia, el idioma o su cultura.

La percepción del mundo se torna diferente gracias a las posibilidades del video, lo cual no es nuevo. Lo novedoso es que la imaginación por fin sacude el poder. Ahora la imaginación y la creatividad espontáneas poseen la capacidad de trasformar y tocar a otros de manera masiva. Son simples historias particulares contadas acerca de cómo se percibe el resto del universo. Por fin se actúa localmente para eficazmente impactar el resto del globo. El analfabetismo funcional en su concepción formal y excluyente pierde valor, pues basta hablar, bailar o hacer frente al lente de una cámara para luego afectar a otros en el resto de un planeta ansioso de engullir imágenes nuevas y a lo mejor más autenticas.

Entonces, ¿y porque no?: ¡Vídeo o muerte!

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Al salir de mi casa esculco mecánicamente mis bolsillos y realizo un inventario de los objetos que debo portar: Celuar ( que es al mismo tiempo cámara fotográfica, cámara filmadora, grabador y reproductor), memoria USB, reloj digital y el sistema electrónico de alarma del carro. Salgo a la calle portando un buen número de maricadas electrónicas, llego a mi oficina y abro el correo electrónico, respondo por el mismo medio y esculco en la web esperando que algún video me anime el dia.

Germán querido, así te queria ver.

Anónimo dijo...

Un punto de vista interesante

Anónimo dijo...

En síntesis:«Ver para creer»

Anónimo dijo...

El loquito de Virginia es otro subproducto de la generacion del YouTube. German.

Anónimo dijo...

Nuestro YouTube es la calevera de Castaño