martes, 20 de febrero de 2007

REFUNDANDO LA PATRIA




Por Rodrigo Restrepo Gallego

«Proclama de Realito: Colombianos, las armas nos han dado la riqueza
y las leyes la libertad, entonces digamos la verdad»

La firma del acta de Constitución de la República de Realito no sorprende a nadie, ni siquiera a los mismos teatreros que hacen de sus máscaras políticas figuras de terror y desconcierto; como tampoco a los ciudadanos del campo, preparados para sobrevivir, tras la dura existencia real en medio de eventos de desgarro y de despojo de lo poco que aún les queda o les quedaba. ¿Que sorpresa puede haber?, ¿Si al lado de la muerte violenta del vecino, del compadre, resurgen con todo su poder los aspirantes a la tenencia de las ubérrimas tierras, al dominio de los caminos, de los ríos, hasta de los cielos oteados desde los cerros y agitados por las aspas de helicópteros; al monopolio de la producción agraria con la eliminación de la libre competencia; a la elaboración del censo local y regional a través del empadronamiento oficial; al cobro de impuestos y partes de la ganancias como retribución por solo dejar vivir?. ¿Cómo les van a sorprender los dueños de las rubricas estampadas en el acta de realito con «patriótico» anhelo refundador?; si, son los mismos que tuvieron y tienen parte en la demolición de la nación, a quienes todos ellos conocen de vista y de temeroso saludo en período electoral. Ellos, han vivido tanto espanto, que no les sorprende ni siquiera los relatos contados ante el acomodado juez; pues, lloran la verdad por ellos conocida a cada momento, la repiten en pesadillas a cada noche, y la enfrentan con la cara al sol.
Ésta, su verdad, la verdad verdad, la verdad propia, la que duele, la que todos los locales conocen y padecen, que no es propiamente la verdad dicha para los demás, la que se maquilla con tintes de la política retrechera y de la expedida ley del encubrimiento para la exaltación de los «señores» en la historia que se ha de escribir como hacedores de la paz.
Es que la verdad de ellos es distinta a la verdad que ahora se quiere contar a una nación. Es la verdad clamada por la justicia. Es la verdad que se ha de decir cara a cara entre quienes la llevan viva en cada momento, entre quienes estuvieron en los hechos. Es la verdad que se ha de decir para a pedir un perdón asumiendo medidas consecuencias y las restituciones requeridas para merecer el perdón pedido. Es la verdad sin acomodamientos a una ley negociada con antelación con los perversos y sus representantes insertos en las instituciones de poder; con los malabaristas de las palabras y de los códigos, y de los principios universales para la dignidad de los humanos, que no es más que compartir el mismo dolor, hasta tanto este se acabe en si mismo, entre ellos mismos, y con ello forjar una nueva convivencia, pues el criterio de verdad en este caso es el de la justicia, no el de la ley.
Así como ellos, no nos dejemos sorprender, los que solo oímos o vemos en televisión los fríos informes ejecutivos (¿?) de las rondas, correrías y patrullajes de Mancuso, anticipadamente aprobados por el alto mando de Realito, que no son sino retazos medidos en unidades de tiempo hasta completar el máximo de ocho años de seudo prisión requeridos para calificar como futuro congresista de la nación.


«POR LOS SECUESTRADOS, UN ACUERDO HUMANITARIO»
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1 comentario:

Anónimo dijo...

¿A donde ira? ¿A donde ira ese inconmensurable dolor que padecen las victimas? ¿No será que más bien se convierte en neutrinos o en alguna vaina que cambie el mundo? Semejante dolor tendrá que ir a alguna parte del universo. Puede que los hombres jueguen o no a la llamada justicia, pero la naturaleza debe tener un vertedero para esas cosas. Habrá que escarbar en alguna novela. Que buen articulo.