viernes, 19 de enero de 2007

¡VIVA DIOS Y LA POLVORA SECA!






Oscar Robledo Hoyos.


La sociedad colombiana despertó hoy con un terremoto político de una intensidad de 8.8 en la escala de Ritcher. Apareció por fin el documento que de manera privada y confidencial suscribieron políticos, dirigentes, ganaderos y jefes de las Autodefensas en Julio de 2001 en San José de Ralito. Sin embargo el Ministro del Interior y Justicia no sintió este sismo de máxima intensidad. Talvez lo entrevistaron cuando apenas estaba despertando o porque el aire cansino de sus declaraciones radiales así nos lo hicieron entender. Una voz quebrada y desfalleciente de ver tanta agua pasar bajo los puentes…. hacia la mar, irremediablemente, como dijera el viejo poeta español.

Un documento peor que el tsumani del sudeste asiático y peor que el huracán Katrina para el ordenamiento de la “democracia”. Pero el superministro consideró que el documento apenas es un apretado resumen de nuestra constitución “en vías de extinción”. Nada vio que amenazara las instituciones. Apenas pudo decir que el documento les recordaba a los colombianos las grandes coordenadas de la Carta Magna. Es decir, el documento que publican hoy los principales medios del país es un parto de los montes. Nada, un vademécum de las líneas principales de nuestro credo democrático. Lo único es que cuando cita del preámbulo al PUEBLO omite explicitar “representado por sus delegatarios a la Asamblea Nacional Constituyente” y cuando se da el empeño de refundar la patria y establecer un nuevo contrato social no dice que lo hará revólver en mano pues lo que resultó al final, es conocimiento de todos, no fue “el aseguramiento de la vida” de los futuros beneficiarios sino un tiquete a un viaje sin regreso a la eternidad. Así lo atestiguan las fosas comunes de San Onofre y Ovejas y las lágrimas de las víctimas que hoy dijeron que nada se ganaban con las confesiones de Mancuso cuando irremediablemente habían perdido sus seres y bienes queridos. La protección invocada de Dios no sirvió para sembrar la paz y la convivencia del todopoderoso sino la muerte y la desesperación.

El hecho de que algunos miembros “clarividentes” del pueblo de Colombia se hayan asignado la tarea mesiánica de masacrarlo; de refundar la sociedad, unilateralmente, sesgadamente – a puerta cerrada – “Aquí entre nos”, le pareció al ministro la mas bella endecha dirigida al Sagrado Corazón y un compromiso patriota con nuestra Constitución.

No sin razón algunos han hablado del “colombian´s dream” como aquel sueño mafioso que se apoderó de todas las instancias de nuestra sociedad que todo lo acepta y todo lo justifica siempre y cuando incremente los dividendos individuales o familiares o de los amigos. Otros hablan de una mentalidad mafiosa y permisiva que todo lo acepta siempre y cuando no toque los intereses particulares. Por ello es que Carlos Caballero Argáez decía en el mes de diciembre: “ Los colombianos seguramente piensan que la 'crisis' política actual es una más entre las muchas que han vivido en los últimos tiempos. No hay tal. La de ahora es la peor de todas. La política colombiana llegó a un estado de putrefacción absoluta. No de otra manera puede calificarse lo que está sucediendo”. No, ahora resulta para el ministro que el documento de marras es un manual inocuo e inofensivo y que la prensa hace alharaca inoportunamente, lo malo es que los periodistas se comieron el cuento de inmediato.

No hemos avanzado mucho, como en la guerra de los Estados Unidos, ¡Que viva Dios y la pólvora seca!

Manizales, Enero 18 de 2007

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Durante todo el dia los noticieros entrevistaron a los comprometidos en la firma del documento confidencial y secreto; nadie supo que firmó, ninguno sabe en qué consiste eso de refundar la patria, todos coinciden en que el acuerdo firmado no los compromete con nada...

Anónimo dijo...

No hay lugar para el descanso con las noticias, apenas prendo el radio y ya están denunciando mil rollos en Barranquilla, el inefable tiende cortinas de humo y su su escudero sale a decir lo que él nunca dijo