martes, 16 de enero de 2007

NOTAS URTICANTES SOBRE LA NOVELA DE JOSÉ EDILBERTO ZULUAGA





Querido Javier Humberto:

Además de dedicar buen tiempo durante estas vacaciones al sol y al pescado – que nos tiene a toda la familia con indigestión y urticaria - leí varias novelas y libros de cuentos de narradores de distintas latitudes, los temas abarcaron desde la vida cotidiana en Cuba (Todos se van, de Wendy Guerra) hasta algunos cuentos del insuperable Rubem Fonseca ( La cofradía de los espadas) y relatos de Joseph Roth sobre las ciudades europeas en el período de entre-guerra, este último es un trabajo sorprendente que incorpora reflexiones bellas y lúcidas alrededor de asuntos sociales y estéticas urbanas acompañadas de una buena carga de ironía a la hora de revisar las ideas de la época. Deliberadamente dejé para el final de las vacaciones la lectura de la novela de José Edilberto Zuluaga, titulada Impacto en el primer movimiento.

La empecé con mucho entusiasmo, desde hace rato me interesa leer los trabajos de los narradores locales, el año pasado leí a Darío Ángel y conocí nuevos trabajos de Octavio Escobar y Adalberto Agudelo, entre otros.

El domingo quince de enero, en el Papel Salmón del periódico La Patria de Manizales, apareció una reseña más o menos elogiosa de la novela de José Edilberto en la que se transcriben apartes del acta del jurado del concurso de la casa de cultura del municipio de Salamina, que dio como ganadora, en el año 2004, a la novela Impacto en el primer movimiento; en el acta se hace un reconocimiento a la combinación de diversas formas de narración en la obra “(…) a través de un lenguaje correcto y eficaz que tiene el propósito de involucrar en el relato a quién lo lee”. Escribir bien es escribir preciso, decía Borges, por eso no comparto la apreciación del jurado; contrario al empleo de un lenguaje pretendidamente correcto la novela está cargada de frases abstrusas y construcciones azucaradas que buscan elaborar una prosa poética sin lograrlo. Debo confesar que a pesar del interés por conocer los narradores locales, la novela me abandonó definitivamente en la página setenta. Tengo subrayadas frases y párrafos completos repletos de juegos verbales, de pretensiones filosóficas, de apreciaciones inanes sobre la vida universitaria que por pasajes cargan con algo semejante a la vanidad enciclopédica. Hasta la página setenta la novela abre historias, introduce personajes, explora temas sin lograr seducir al lector; cada nuevo asunto queda apenas insinuado y echado a perder cuando aparecen las ensoñaciones poéticas del narrador.

Conozco varias novelas relacionadas con asuntos universitarios, el tema me interesa por razones de oficio y afición: El inquilino – del español Javier Cercas - El Pecho - del gringo Philip Roth -, Donde van a morir los elefantes – del chileno José Donoso – Variaciones - de Adalberto Agudelo-, entre otras, tienen como punto de partida la vida íntima de los profesores universitarios, exploran las tareas académicas cargadas de absurdo, ponen sobre la mesa los forcejeos políticos, las fastidiosas vanidades en juego. No pretendo hacer comparaciones innecesarias, sólo advertir que el tema de la vida universitaria (no solo académica) está siendo nuevamente abordado dada la enorme vitalidad que mantiene la Universidad, su condición de escenario y lugar de encuentro para la cultura; en esos trabajos la narración produce contextos para ayudar al lector a repensar la Universidad, el trabajo de los narradores consiste en ayudar a descubrir juegos sutiles, revelar los detalles que generan y nutren la cotidianidad de individuos y organizaciones. En la novela de José Edilberto el lector rápidamente descubre la obsesión del narrador por encontrar la frase que salve el capítulo o eleve el tono filosófico al tiempo que se despreocupa de los personajes; como diría un amigo, a esa novela le faltó cajón. Dicen los sabios chinos que con el tiempo uno termina riéndose de sus frases, por eso creo que a José Edilberto le sobró afán. Al final, para el lector, sólo queda la inquietud por resolver en qué consiste el asunto aquel del impacto en el primer movimiento.

Querido Javier, sé que no hay mejor deporte en Colombia que acabar con el trabajo de los otros, conozco el mundo de los artistas y sus envidias (sobre eso hay también una extensa literatura), por esa razón prefiero conocer las obras y no los autores locales para no sumar malquerencias ajenas cuando es necesario decir cosas como estas o soportar las vanidades y egolatrías irritantes de la parroquia; también tiendo a creer que estas notas que te escribo están demasiado influidas por la urticaria y los efectos del pescado contaminado del golfo de morrosquillo, de todas maneras agradezco tu interés en el asunto.


Con aprecio,

Mario López

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ensopado de "santidad" literaria te convertís en ejemplo, semejante erudición sin duda provoca. Así las cosas, creo que he estado perdiendo el tiempo, más ahora que en invierno solo unas pocas azaleas despistadas florecieron, con tan mala suerte que resultaron quemadas en la primera helada. La naturaleza también la embarra.Germán.

Anónimo dijo...

No es entendible que hagas una crítica a una obra con tanta novedad literaria como la de Zuluaga.Cómo es entendible que pienses tan absurdamente sobre esta obra, cuando fue premiada por tales jurados tan respetables, y que al final de tu escrito termines hablando de culinaria de esa forma tan arbitraria e irresponsable. No te conozco, pero supongo que has estado en un camino errado, tomandote sin autoridad la palabra.

Cuando te refieras a algunas partes del libro no olvides que debes hacer citas textuales de lo que criticas. Así los que te lean podran tener opcion de compartir tu criterio o refutarlo.

¿Dónde quedará la ética, si es en la literatura dode ésta se refugia he?

.Carlos U.