jueves, 28 de diciembre de 2006

VISICITUDES DE LA LECTURA.





Oscar Robledo Hoyos


Comencé una nota para un amigo de la siguiente manera: “ Fulano de tal, me demoré para responder tu gentil invitación a la lectura y escritura.. debido a las actividades propias de fin de año”. De inmediato enumeré una serie de diligencias y deberes tanto familiares como ciudadanos que hay que realizar durante estas fechas que en la tierra nos quitan aquella paz ”tan necesaria a hombres y mujeres de buena voluntad” para asomarnos a la cultura por una de sus puertas mayores cual es el acto de leer un libro con toda calma y fruición interior. Luego expuse el bombardeo inmisericorde con que se nos acosa durante los días previos al nacimiento de Jesús y del Diablo (Carnaval del Diablo, Riosucio – Caldas, Enero), amén de las festividades de fin de año en el 50% de los municipios del país, las corridas de Santiago de Cali, las Ferias de Manizales, la temporada taurina de Medellín y Cartagena. A todo ello coadyuvan los medios escritos, radiales y televisivos con ediciones especiales. Mamotretos de tinta se tiran por la borda, toneladas de simplezas o tonterías se lanzan al aire o al papel, fotos del Jet Set generalmente todos y todas con vaso de whisky en mano y cachete rubicundo, la selección de la noticia más chic y la chiva más lechera. Hasta Noticas Uno entró en el pique por el rating, Liberation de Francia se mete en el cuento con la encuesta de la película más taquillera durante el año, SOHO – con seguridad - se vendrá con mil paginas a todo color y El Tiempo nos regalará un recetario de setas, pennes y riñones al jerez del gordo D´Artagnan como para hacer política y cultura durante el año venidero. ¡Qué mamera!, como dirán los rolos.

La ciudad se congestiona los días previos al veinticuatro de diciembre; la calle es irreconocible, la gente entra en histeria colectiva; en los almacenes hay que hacer cola, un payaso con micrófono en mano nos empuja hacia adentro y la señora que viene con paquetes nos tira hacia afuera. El ruido de los aguinaldos ensordece y entontece lo mismo que los balances que hacen medios escritos y radiales de la actividad estrella del año . Lo cursi y lo sensacionalista se dan la mano ej, La vaca del año, la que dio mayor número de litros, cuantos, en que mes, a qué hora, luego de cual ingesta, cómo se sintió luego de hacer este aporte significativo a la lechería mundial, qué brassier usaba en el momento/récord y cómo hizo para evitar los malos tratos de gañanes y peones:¿patada?, ¿embestida pura?, ¿bramido?, ¿meada ipso facto?, ¿meada con evacuación de vientre?, ¿ambas al unísono?

Por otro lado las vacaciones, el bolsillo, el susto del nuevo año con egresos creciendo en espiral maltusiana e ingresos con el ritmo de la babosa. La tacañería atávica de nuestros políticos y capitalistas nos empobrece cada año de manera geométrica exponencial. Como mucho taco se dice que el salario mínimo crecerá un 6% como si eso fuera una generosidad del establecimiento y un avance increíble para los trabajadores – iba decir una conquista - pero cual conquista, si en las negociaciones sobre salario mínimo generalmente los primeros echados son los representantes de los trabajadores y finalmente el acuerdo lo hace el gobierno a puerta cerrada, yo con yo, mientras su ministro de la Desprotección Social sale a tirarle el agua sucia a los sindicalistas - cuando en realidad el sonado incremento redentor, ¡Oh parto de los montes!, solo alcanza a $32.640 pesos/ mes es decir, la bicoca de $ 1.090 pesos por día, de tal forma que si alguien sale en buseta para el trabajo no puede regresar a su dulce hogar. Con razón decía la diva de Pablo Escobar en julio de este año al Nuevo Herald “, las clases pudientes no le dan al pobre en éste país ni siquiera un vaso de agua”. Son tacañas por nacimiento y cultura, aquello de La Responsabilidad Social y el flamante Balance Social son puro cuento o una nueva moda de las modernas ciencias de la administración.

Finalmente luego de los empellones en los Miamis y los “Todo por Dos Mil”, de las ventas callejeras, el barullo de la payasada de “estar dizque de compras” y mirar embelesado tanta vitrina; hecha ya la elección de adquirir lo que escasamente permitió el peculio: un desteñido blue jeans, dos piyamas de algodón, unas chanclas plásticas compradas en mercado artesanal y la reposición misericordiosa y urgente de la peinilla (peine) y la brocha de la toilette personal, se tiene finalmente tiempo para sentarse calmadamente a leer un buen libro o escribir siquiera ésta nota.

Quien en estas circunstancias logre sacar siquiera unos minutos para la lectura no es un hombre culto sino candidato al martirologio.



Manizales, diciembre 26 de 2006

1 comentario:

Anónimo dijo...

Menos mal, en todas estas actividades de la temporada agitada, no te topaste con ningún ladrón tan activos en esta epoca, que por cierto, son los únicos que nos despachan rápido del asunto, no hay que hacer colas ni pedir turnos, total, queda más tiempo para leer.