martes, 19 de diciembre de 2006

UN CADÁVER EN LA MESA ES MALA EDUCACIÓN – Pedro Badrán –





Ediciones B
Noviembre 2006



Por: Mario Hernán López


Hace diez años, el presidente Ernesto Samper aseguró que todo había ocurrido a sus espaldas. Según la versión acogida por el congreso de la república, Samper nunca conoció la procedencia ilegal de una parte de los recursos financieros que se destinaron para la campaña presidencial en 1.994. En las calles de Bogotá, por la misma época del proceso ocho mil, los grupos paramilitares en connivencia con organismos del Estado asesinaban indigentes y trabajadoras sexuales como parte de las tareas de “limpieza y control social”. El país de mediados de la década de los noventa es el escenario de la novela de Pedro Badrán, con sus narcotraficantes y sus paramilitares asumiendo el control de las calles en las ciudades, y la dirigencia resolviendo litigios judiciales con auxilios parlamentarios.

Frente a la inoperancia de la justicia en Colombia, al periodismo le ha correspondido la tarea de escudriñar y denunciar los delitos, por eso a la hora de hacer una selección de los héroes reales se deben incluir periodistas de alcance nacional, comunicadores locales y simples aficionados al micrófono o a la máquina de escribir, que por vocación o temeridad han salido a señalar estragos y descomposiciones del poder. El mundo enrevesado, y al mismo tiempo heroico de la prensa, es otro escenario en la novela de Pedro Badrán.

La novela tiene todos los ingredientes para ser policíaca, pero no lo logra: un buen narrador, tres crímenes, pasajes eróticos para un resuello, frases que obligan a levantar la mirada, releer y pensar por un momento, sátiras inteligentes sobre las imposturas intelectuales, lecciones sobre la pintura de Velázquez. Todo en la novela está bien, menos la mezcla; por afán o cansancio, Badrán no logra tejer una trama policíaca; en su lugar, el lector puede darse a la tarea de conectar los asuntos de los tiempos de Samper con los últimos sucesos de la era Uribe.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Mario, creo que el trazado de la narrativa y su ritmo se hacen laberínticos según tu escrito. Para un escritor que participa en su siendo con lo premoderno-moderno y posmoderno, los contextos políticos comienzan a funcionar diseminados, resemantizados. Difícil tarea de cohesionar una narrativa para darle el sentido, parece ser que Badrán perdió su centro o su núcleo lógico, sin embargo, sé poco de estas cosas.