jueves, 7 de diciembre de 2006

PEQUEÑOS FRAGMENTOS DE CANTINA




La figura del humanismo es una respuesta bien marcada en los personajes de la cantina. Es imposible imaginarse un aspecto del mundo triste sin que no estemos interesados en proporcionar o idear solución, pues, poseemos una luz embriagadora y una malvada lucidez como elementos fundamentales en las afecciones cantineras.

Discusiones sobre tener una vida de santos en un mundo hostil, de lógica indecisa, que pueda ser un desafío que permita reducir la vida a la sencillez. O, discutir que el camino que queda, es huir a las laderas donde la belleza de un paisaje nos haga sentir un alma cubierta de brillantes colores, un espacio luminoso, semiceleste, porque alejarse sería un poder que se une al reposo sin tener que recurrir a la dolorosa metamorfosis de las lágrimas, lágrimas que insisten en estar presos en la eterna espera de ser grandes. Pero el estado de altivez con el que estamos mejora el relajamiento, deseamos que la vida se desnude y que la risa la pueda tomar como un éxito exquisitamente bello.

Pensiones, ternas, contratos, son o no son los que son, tinieblas (os), soledades, canciones, política, religión, literatura, convocatorias, lo femenino, lo masculino, las divas, el rebuscador (a), lo insólito, las tramas, la lucha por la anarquía, las comisiones de estudio, los proyectos, los perseguidos, conspiraciones celestinas, relatos de refinados tormentos, poetas con el propósito de encontrar la palabra, coleccionistas con afán morboso de no hallar la canción, el amigo de todo el mundo, todo lo que conmueve, el que se quiere morir, el que quiere e insiste en vivir más, el que sostiene que la miseria es perfecta como Dios es perfecto, las infamias más auténticas, el que juzga mediocre el ritual del casamiento, corazones destrozados, decepciones frecuentes, el de la ternura desbordada, los fantasmas indescifrables que aparentan aparecer, el que se pierde en la luz que brilla en la oscuridad, la reducción al estado del silencio, la imaginación para la comprensión de la muerte como salida, invertirse de repente en objeto, que la posmodernidad no existe, que cuánto vale la multa y a qué hora sale, de qué color son sus calzones y muchas, muchas cosas más son los temas de cantina.

¨Mientras que solloza un bandoneón en esas noches de arrabal no han sonado 4 tiros, ni ha ido la policía¨, no hay sangre maleva, pero Carlos Arango me decía y casi exigía: ¨Muñeca para que ésta pueda ser verdaderamente una cantina le falta un crimen pasional, una mechoneada o, en su defecto, una carcajada¨…

Tacones, medias veladas, faldas rajadas, piernas a la vista, bailarines puestos en escena, los que atisban, ese paso no es así, tiene bailado de San José, él es de academia, milongas, tangos, vals, rancheritas, pasodobles, boleros, que ponga, que quite, que más duro, que le baje, que reciba trago en la mesa, que le firmo vale. Y, ahora caigo en la cuenta que ya no escucho por boca de Arango cuando me llamaba muñeca para pedir 600 pesos de cerveza…, fue justamente, Mario Hernán quien me lo recordó.

La cantina se transforma así en una religión del artificio y de la seducción generalizada de encuentros y desencuentros, de reconocimiento de los clientes. La cantina define, como escena y como ritmo el elemento del cliente que vaga por el panorama urbano en un escenario, y así como el famoso Grito de Munch, éste sonríe y vibra al toparse con la cantina. Me disculparán los teóricos del arte.

Mónica la cantinera






muchas gracias,



la cantinera








1 comentario:

Anónimo dijo...

¿Qué hace el cantinero con las historias, los relatos, las emociones y los devaneos? ¿ se convierte en consejero, en cómplice o cada historia hace parte del mobiliario?

¿ Se bautiza una cantina con un crimen? ¿ no es suficiente con el crimen cometido en común?

Gracias Mónica por vernos como un poema desde la otra orilla.

El cliente