domingo, 3 de diciembre de 2006

Conversaciones Inconclusas con Venus Albeiro Silva




CHIMINIGAGUA: EL PODER DE LA CALLE

Por Carlos Arturo Gallego M*

Sentados a manteles con un suculento plato de conversación, Textos dialogó con Venus Albeiro Silva Director Artístico del Grupo de Teatro “Chiminigagua”, que desde 1985 recorre las calles del país y del exterior con propuestas que provocan imágenes vivas en un contexto de arte-teatro. Con una sonrisa que evidencia una vida en la alegría del quehacer teatral, Venus nos dejó escuchar sus certezas e inquietudes frente al panorama cultural de Colombia y su recorrido a pié por las calles socio-culturales del teatro. Un saludo muy cordial y ya estábamos sumergidos en la conversación crítica de la cual dejamos este testimonio de un “personaje” esencialmente político, representante a la Cámara y promotor de participación desde la Cultura.

Textos: ¿Cultura Política – Política de Cultura convoca una expresión de doble vía en el teatro? Venus Albeiro Silva: La relación directa entre Cultura Política y Política de Cultura se da en todos los países. En el Congreso de la República incluso, se lleva a cabo un tipo de teatro, pero con intereses leoninos que afectan al pueblo colombiano. De ahí deriva la suerte que corre la relación Cultura – Política. En Colombia se afirmó durante mucho tiempo que los políticos no intervenían en Cultura porque la manchaban y que la Cultura no intervenía en Política por temor a mancharse. Porque la Política ve a la Cultura, al teatro, como si fuera folclor pero sin sus connotaciones particularmente importantes. Hace falta que el Arte y la Cultura reflexionen conjuntamente con el rol político que representan. Sin duda ese diálogo mostraría confluencia social y, en ese sentido es evidente que podría aportarle enormemente al desarrollo social y cultural del país. Ahí entramos con Chiminigagua: Arte popular, Política democrática y elecciones. La estrategia fue la calle. Supimos muy pronto que los micro poderes no permitían Inter-actuación. Supimos que la Cultura y el Arte son herramientas del poder, para lograr el poder; la recuperación de un poder constituyente necesaria a la transformación de la estructura de un Estado como el nuestro: derechista Liberal-Conservador que pelea por poderes intangibles, mientras nosotros proponemos un diálogo sobre los poderes tangibles: Las necesidades básicas insatisfechas.

El teatro es uno de los instrumentos más importantes para enviar y recibir mensajes de la gente. La calle es la vía más dúctil. La gente pasa la voz y el susurro crece positivamente incentivando a los actores-público. Porque el público también actúa en cada circunstancia que le convoca. Lastimosamente la convocatoria cada vez es más dolorosa y excluyente. La Calle es el escenario que nos permite permear muchos niveles, romper barreras de exclusión. Es un escenario por excelencia democrático: incluye tanto al que tiene con que pagar para ver un obra en sala, como al que no tiene con que pagar. Por eso la Calle –en ese sentido- es democrática, no acepta privilegios porque el que llega temprano se sienta adelante y el que llega después, atrás. La Calle tiene también una forma de control, de veeduría ciudadana, porque la gente no está obligada por la sanción social o moral que le impone en una sala de teatro, quedarse hasta el final de la obra. La Calle permite irse sin más en cualquier momento de la obra, no contiene sanciones convencionales porque la gente es una de sus partes. El teatro en la Calle rompe la cotidianidad, la rehace en cada gesto o en cada diálogo teatral que proponemos. Una prueba de lo que afirmamos es el desfile inaugural del Festival de Teatro. La gente esperó 3 horas para ver el desfile pero tiene claro que si no acude temprano se queda sin “puesto” y se puede perder ricos detalles: el colorido del arte, la multiplicidad, lo diverso; lo que no sucede en una sala porque el “puesto” comprado se mantiene y no hay necesidad estricta de llegar muy temprano.

El Festival de Teatro y su programación de Calle hay que mantenerlos. Desde 1993 venimos al Festival y siempre hemos traído obra. No queremos concienciar a la gente sino recrearle su (s) (nuestras) realidad (es), recordársela, preocuparla para que genere preguntas y reflexiones. No hacemos doctrina política a través del teatro. Asumimos nuestra lectura del país en que vivimos y al cual queremos mucho más cercano a la dignidad humana. Desde Chiminigagua buscamos la Calle en cada expresión teatral, la democracia es así, la antidemocracia en cambio deja en unos poquitos la pretensión de definir el presente y el futuro de las comunidades, por eso no le gusta la Cultura, no la promueve, no la tiene en sus prioridades.

Textos: ¿Por qué plantear desde la trilogía Muisca: Chiminigagua-Bachué-Bochica, las relaciones de poder y la necesidad de comprenderlas?
Venus Albeiro Silva: Nuestra obra refleja la lucha de poderes entre estos tres dioses. Cuando estábamos en esa lucha llegaron los españoles y nos encontraron sin unidad identitaria, de modo que fue más fácil para ellos arrasar con nuestra cultura. Es lo que sucede con el TLC, como no hay unidad nacional su implantación se facilita. En “Chiminigagua Trilogía Muisca” encontramos engaños, “falsos positivos” para agradar al dios y dar la sensación de seguridad y protección al poder. Desde Shakespeare, estas realidades vienen siendo narradas oralmente, escritas como constancia histórica, recreadas para su comprensión. No obstante el esfuerzo desde la antigüedad pareciera que no nos damos cuenta de lo que sucede. Nuestra propuesta teatral no es un panfleto, pretende que la gente recree sus desgracias políticas y culturales por las que transitamos y que reflexione sobre ellas como memoria colectiva. Aún más en países como el nuestro en el que el abandono de la Cultura y el Arte nos mantiene en el subdesarrollo.

El lenguaje del poder es la más de las veces usado perversamente. Como lenguaje para beneficio propio y no del pueblo de donde emana. Por eso la mayoría de los gobiernos nuestros usan lenguajes contradictorios como: cultura de la delincuencia, cultura del paramilitarismo, cultura del pillaje político. Pero esas realidades no pueden ser llamadas Cultura. Son expresiones de antivalores, son contraculturales con tendencia clara a las hegemonías. La Cultura por sí misma, como ser vivo de expresión de los pueblos es contra hegemónica y propositiva de valores contra hegemónicos como la libertad y la igualdad. Ese lenguaje con el que quieren confundirnos es, como ya lo afirmamos, contracultural.

Textos: Por qué desde valores ancestrales? Venus Albeiro Silva: Porque no hemos (re) conocido nuestras historias, nuestras memorias, entonces las repetimos sin parar. Los momentos que escenificamos representan luchas por el poder y su consecuente desaparición de la Cultura indígena, de nuestra Cultura indígena. Ahora no nos “compran” con espejitos sino con mercancías, globalizaciones, TLCs, cargos públicos internacionales... Somos demasiado ricos como pueblo como para que Estados Imperialistas hayan renunciado a la tentación de colonizarnos. Con “Chiminigagua: Trilogía Muisca” mostramos a la gente lo que ha sucedido en nuestra historia, su color –de la historia- dolorosamente púrpura para que recordemos y reflexionemos sobre lo que está pasando y pesando sobre nosotros. Más en Colombia, país en que los niveles de lectura (en su acepción más amplia) son mínimos. La televisión no ayuda en ese sentido, los “realitis” sólo reflejan antivalores y promueven confusiones perversas entre la sociedad.

Desde el teatro, obras como Antígona, reproducen las historias del barrio Manrique de Medellín y nosotros partimos de las historias de la Cultura Muisca, con los propósitos que ya hemos expuesto en esta conversación. Nuestra Cultura Indígena es comparable -en cierto sentido- a la Cultura Griega. Los griegos construyeron un politeísmo y el Olimpo fue entonces campo de confrontación de dioses, de ideas, pero también de poderes. Me preguntó si en nuestro país pasará algo parecido en materia política o por el contrario, la confrontación es acallada, desaparecida, encarcelada o simplemente desprestigiada. Por eso la necesidad política de hacer teatro, la necesidad teatral de hacer política, de proponer Cultura como expresión popular que refleje posibilidades de convivencia. Ahí la calle es un escenario asombrosamente rico en posibilidades de poder político. El Arte, el Teatro y la Cultura; son herramientas para que el pueblo recupere su capacidad (re)creativa frente a la exclusión y la violencia, es decir, frente a la necesidad de crear nuevas redes de inclusión. En ese sentido, el gremio cultural recomienza a darse cuenta de la necesidad de participar e intervenir en política, no como una estancia de curul simplemente o en la pertenencia a un partido sino como la posibilidad de proponer vías alternas a la fuerza, para la solución de conflictos. En Bogotá, por ejemplo, el gremio teatral acaba de crear una “Mesa Legislativa” para analizar la reforma tributaria y su incidencia en la Cultura, para reflexionar sobre la afección de las leyes y su producción en detrimento de la Cultura y, para proponer legislación que promueva, proteja y reconozca nuestra diversidad cultural y, por supuesto, Política.

Para un gobierno como el actual, la Cultura y el Teatro no están en su agenda política. La “ley del Teatro” fue votada en el congreso masivamente pero el Gobierno la objetó. El Congreso negó las objeciones y por eso la Ley fue a la Corte Constitucional, como el enfermo de cáncer que se ve obligado a acudir a la Tutela para que lo atiendan. Esta ley, que es social, tiene que ir a la Corte Constitucional como si no hubiesen demasiados problemas sociales que atender. Y va a la Corte Constitucional porque crea un Fondo Especial a iniciativa parlamentaria, como si no fuera indispensable para una sociedad como la nuestra, la promoción de la Cultura y las Artes. Porque Cultura significa Pensar, Participar, Crear... El Plan Cultural del Gobierno está centrado no en la promoción de las Artes sino en el entretenimiento que viene con el TLC: La Warner, Walt Disney y sus respectivos parques temáticos incluidos en la Ley de Turismo, lo cual va en contra de expresiones como el Festival de Teatro y nos conducen a la recolonización, 520 años atrás, la pérdida total de soberanía... Bueno, va a re(comenzar) la obra en la plaza de bolívar, debo irme. El teatro de La Calle está de nuevo en escena...

* Colaborador de Textos. Oficina de Prensa Festival de Teatro.

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