domingo, 26 de noviembre de 2006

LOS CORTOS DE CARLOS




Te estas volviendo un irresponsable con tus deberes de ciudadano para con la licorera, me dijo Carlos Arango, sentado en la barra, cuando entré un jueves a la seis y media de la tarde a Baco, nuestro tertuliadero.
-¿Y eso a que viene?
Estoy esperándote desde la cinco y media, y apenas aparecés, ya llevo un cuartito de ron. Pidió otro para los dos. Pagó de inmediato.
-¡Ah! Te echaron de la Universidad o compraste el negocio… desde las cinco y media?
No te he hecho falta negrito?
-Bueno, hemos notado tu ausencia, pero falta, falta…?
Estaba en España examinando mis ancestros.
-¿Te fuiste a la Madre Patria y no dijiste nada?
Si, pero a la mía, pues la tuya debe ser por allá en Angola, o el Congo, algo así, y viajar por allá debe ser muy berraco.
Contó entonces acerca de su viaje. En su relato bien ajizado, yo no sabía cuando estaba hablando en serio o burlándose de los españoles o de quienes no pudieron ser españoles. Disertó, sin permitir interrupciones acerca de los orígenes de los apellidos nuestros. Por supuesto tomo el mío, Restrepo. Me dijo cosas que yo ya sabía, que no sabía que él sabía y otras que no sabía. Que los Restrepo blancos en realidad no son Restrepo sino López, pues quienes fundaron ese apellido allá en la Iguaná de Medellín eran López. Que Don Alonso López y su primo casaron con negras y se cambiaron el apellido por el nombre de su pueblo: Restrepo, que en asturiano quiere decir «pueblo en la loma». Por eso, no hay Restrepo al menos como apellido originario de España, ni siquiera de los Restrepo blancos de Sonsón, decía. Los Restrepos son negros del África como vos y los que son blancos son López, que no se te olvide eso negrito.
A las nueve y media de la noche, como acostumbraba hacerlo entró Rafael Bolaños,-para quienes no lo conozcan siquiera de vista, es un negro distinguido… a la distancia, más negro que yo-, saludó con hidalguía y decoro y le dijo a Carlos: Que estuviste en la Madre Patria, por allí me contaron.
Carlos lo miró en silencio, sonrió socarronamente, y se levantó de la silla. Voy a miar, dijo. Rafa me miraba y yo me reía.
Nunca supimos a donde fue a miar, porque a donde fuera, esa noche no volvió.

Rodrigo Restrepo Gallego

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sin duda, mi querido Rodrigo, esa es una escena típica con Carlos Arango.