martes, 7 de noviembre de 2006

EL OLVIDO QUE SEREMOS





Héctor Abad Faciolince

Editorial Planeta

Octubre 2006

Por: Mario Hernán López.

El Doctor Héctor Abad Gómez, hace parte de la larga lista de muertos que ha dejado en Colombia la codicia y la intransigencia política, profesor universitario, médico y defensor de los Derechos Humanos en Antioquia, fue asesinado en 1987 en el marco de la persecución desatada por las fuerzas para-estatales contra todo aquello que pareciera expresar el punto de vista de la izquierda; suman casi cuatro mil los muertos que arrojó la extinción selectiva de los militantes de la Unión Patriótica y las personalidades como el Doctor Abad Gómez, anulando la posibilidad de organizar, desde la década de los ochenta, una alternativa social demócrata con inteligencia suficiente para arrebatarle la política a los extremos sangrientos.

Veinte años después, Héctor Abad Faciolince, reconstruyó la vida y la muerte de su padre a partir de relatos elaborados sobre díadas emocionales y políticas, la narración lleva al lector por pequeños mundos hechos con el material de la felicidad (el encuentro, la palabra, el beso en la cara, un abrazo entre hombres, una carta, la risa loca de una mujer) y la tristeza, siempre relacionada con la ausencia o la muerte inminente o real. Las herencias intelectuales y espirituales de Faciolince son producto de díadas: la religiosidad de su madre, un tío del Opus, procesiones de la virgen en las madrugadas, al mismo tiempo que aparecen, en el cuarto de estudio de su padre, los ensayos de Bertrand Russell y los poemas de Borges.

Tal vez el deseo de ser enfático hace que Faciolince reitere sin necesidad pasajes y situaciones, que repase demasiadas veces ciertos aspectos de la vida doméstica y profesional de su padre, que se exceda en insinuaciones que deberían quedar en el derecho a la intimidad (no cesa con la muerte); a pesar del elogio inevitable, a pesar de lo que sabe y no dice, Faciolince hace un homenaje a la figura del padre que se lee llorando.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Demasiada realidad, mas? Ahora dizque andan desenterrando y reubicando a los muertos, si viste? Es que debe ser que ya no hay espacio, ya no cabe tanto espanto en libro alguno. Ya no caben ni en el cementario, ni siquiera en la memoria. No sera de pronto que quieren reencaucharlos? O claro es que de pronto no saben quien son los que estan alla y en el mas alla y por doquier. Bueno, al fin uno se imagina que la unica cosa que se enterro y se pudrio al final de cada gobierno fue solo la verdad. Germán.