sábado, 25 de noviembre de 2006

COMPAÑERO DE CANTINA

Autorretrato Frida Kalho





Deseo pronunciar el nombre de Carlos Arango de una manera desafiante ante la cultura del tango y de los poetas y no quiero que su nombre quede confuso en este ámbito, por ello, reclamaré para usted el lugar que le corresponde en la cantina.

Vespertinas, noches y madrugadas estaba el Dr. Arango con su altivo y desdeñoso rostro devastado por incontrolables dolores físicos, consultaba por la vareta, si ésta le podría quitar el dolor para conseguir un permiso de consumo.

Embriagado de una tertulia con sus pensamientos y sentimientos impositivos que por momentos nos hacía estallar, necesitábamos un poco de heroísmo, una malicia infernal y una pretenciosa vanidad para comprenderlo, sobre todo, temas como amasar la nada, licenciar el tiempo y el espacio, que jamás resolvimos en dos años continuos de discusión.

Convocador de amigos de todos los tiempos, develó a todos que su fachada dura y crítica podía fracturarse y mostrar esa alma tierna sin que por ello se sintiera débil; pillado Dr., le decíamos, y bajo un choque de copas brindaba porque no tenía que pedir autorización para manifestar su ternura. Sus camaradas más complicados o difíciles se sentían enternecidos y brindaban con él.

Consejero amigo, regañón insoportable, cómplice, solidario, confidente, tenía su puesto fijo y marcado, espacio que todos le respetaron, espacio que nos deja de herencia, espacio que irradió de felicidad en sus últimos tiempos que lo hizo estremecer al redescubrir su capacidad de amar.

Allá en el cielo como dice el tango que le gustaba, espero Dr. Arango que extrañe a sus amigos de la cantina como lo extrañaremos todos, y no está por demás desearle que no se ¨sienta mal atendido¨ por un mesero vestido de ángel.

Mónica la cantinera

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Carlos Arango fue, además de todo lo que ustedes están recordando, un asiduo contertulio de Kien. En 7 años que permanecí en la cantina pensé siempre en Carlos como en un personaje entrañable, de esos a los que no habia que quitarle el ojo ni el oido de encima en ningún momento, porque en una pausa de sus extensos silencios, sus momentos de intimidad con él mismo, podía salir sin apuro el apunte de la noche.
A Carlos lo recuerdo gracioso, casualmente emputado y ensimismado, orgulloso y sabio al recrearme episodios de su vida con su padre y de su padre con la música, el maestro Marco Tulio Arango.
Y sobre todo reconozco su inmensa capacidad de discernir entre los frívolos y los intelectuales, para los primeros, su respuesta favorita ante cualquier pregunta era "porque no me da la gana" y para los segundos una sonrisa bastaba como invitación a sentarse a su lado y tertuliar hasta que se sintiera en el punto exacto en el que si se tomaba uno más no podría conducir su Skoda.
Creo que quedó a paz y salvo con el Kien.

Un abrazo alegre por la triste partida de Carlos Arango.


PAULO ANDRÉS SÁNCHEZ G.

Anónimo dijo...

En Manzanares abrí el correo y me encontré con esta noticia. Llamé a Mario Hernan para que escuchar su voz me confortara, como en efecto pasó. Ay, que susto dá que los amigos empiecen a poblar los cementerios.

Para Carlos un tango y "A mis amigos" de su querido Alberto Cortez, que él me presentó. Y efectivamente, el homenaje a toda una vida de acidez y beligerancia, no sólo en la de Caldas sino en otros espacios académicos, como la Nacional sede Medellín en donde su presencia llenó de humanismo a las Ciencias Agropecuarias.

¡¡¡¡¡Inolvidable y querido Arango, SALUD!!!!!

Un abrazo necesario (yo lo estoy necesitando) Yayo