jueves, 23 de noviembre de 2006

Carlos Arango


Fotografía de la Hoja de matrícula en primer semestre (1.966)


“En suma, desde pequeño, mi relación con las palabras, con la escritura, no se diferencia de mi relación con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas."


Julio Cortázar.



Por Carlos Ricardo


Murió Carlos Arango: sonó como un golpe de saxofón desmayado al final de una magistral pieza de jazz de la banda de Benny Goodman.
Simplemente fue una nota musical, tal vez desafinada en medio del ruido de la mañana. La Universidad, su amada Universidad de Caldas, se paralizó y los corrillos comenzaron a nombrarlo y a tratar de recordar momentos gratos a su lado. Después de una vida andando y desandando corredores, salones, reuniones, asambleas, gremios, estudiantes, oficinas y cada rincón verde o mustio, su paso se alejaba.

Desde su llegada como novel aspirante a maestro en las ciencias de la tierra, con los 18 años en la piel, su letra patoja que nunca evolucionó estampó su firma en la hoja de matrícula un febrero de 1.966. Como padres aparecían Ana y Marco Tulio, el mismo maestro Marco Tulio, profesor de Bellas Artes y compositor de la música que más amó en la vida Carlos: Juanacuatro, Ecos, Las nereidas, Pispirispis y otras.

Su paso como estudiante fue notado: al final de su carrera, ocupó el primer puesto en su grupo de 35 estudiantes, con un promedio de 4.11. Por ese promedio, recibió el grado sin presentar Tesis, por resolución del Consejo Directivo de 1.970, en donde además figuran las dos Matrículas de Honor que recibió por sus excelentes calificaciones. En su hoja académica aparece una amonestación colectiva en 1.968 (tiempos de Revolución, de militancia política, de la Federación Universitaria Nacional, de Camilo Torres y de la muerte del Ché, todos juntos). Su peor calificación como estudiante de pregrado, la obtuvo en el primer semestre: 3.37 en HUMANIDADES….

Los hechos de 1969, con detención de líderes universitarios, persecuciones y trémolo de corazones juveniles que ya veíamos a la Revolución aparecer en la siguiente esquina, lo comprometieron en el desarrollo de una de sus pasiones: la organización de los estudiantes y de los profesores.

Su vinculación laboral a la Universidad de Caldas, se inició en 1.971, como docente y hasta el final de su vida, fue imposible que estuviera lejos del claustro universitario. Se vinculó desde su ingreso a la Asociación de Profesores, desde donde asumió la defensa de la Universidad de Caldas y de la Universidad pública, como un patrón de vida. Sus intervenciones vehementes lo testimonian hasta el cansancio, en muchas ocasiones signadas por apasionados señalamientos de quienes en su opinión, desde el discurso gremial pretendían obtener lo indebido en provecho personal.

Contradictor por excelencia, en ocasiones por el casi morboso placer de ver rabiar a su interlocutor, derrumbaba los argumentos uno a uno hasta dejarlo inerme y lo remataba en medio de un buen tinto en alguna de las cafeterías de la U.

La actividad universitaria lo llevó a cargos de responsabilidad: Decano de Agronomía, Vicerrector Académico, integrante de casi todas las comisiones que trataban de hacer de la U. de Caldas, una institución moderna, ajena a provincianismos. Su dialéctica alimentó los debates por la Revisión Curricular, por las reestructuraciones académicas, por la génesis y sostenimiento de asignaturas del pregrado y de muchos de los postgrados, por génesis de los mismos posgrados y finalmente en los procesos de formulación y consolidación del Proyecto Educativo Institucional vigente aún.

Luego de su jubilación, hace apenas dos años, tal vez fue más asiduo en todos los rincones de la U: en Apuc se le veía tomando un tinto y leyendo las pocas noticias importantes del diario mañanero. De allí, visitaba a dos o tres amigos y el resto era integrarse a las especulaciones de la fauna propia del sitio de la U. que conocía como el que más: el Hall Central, lugar de reunión, de correveidiles, consignas, consejas y en fin, de comentarios de corrillo que hábilmente sacaba aún de los más avezados en eso de no dejar conocer lo que pensaban.

Con sus contemporáneos, muchos sus colegas de profesión y de afectos y desafectos, compartía los lugares comunes. En las noches, su entrañable amigo Robledo (“Robles”), era objeto de sus cálidas visitas y de su afecto de niño travieso, capaz de desatar las rabietas de quienes no comprendían su juguetona costumbre de hacer enardecer a los otros.

Los otros amigos nos beneficiábamos de sus visitas, de su conocimiento de las cosas menudas de la política local y nacional y escuchábamos sus casi profecías sobre el devenir de la Universidad, de los hechos comarcanos o de los hechos allende los mares.

Su finca, Tango Vía, la Avenida Santander, sus constantes preguntas de salud, su inquietud de niño y su sapiencia de mayor, hacían de sus encuentros un potpurrí de temas, de autopreguntas y de autorespuestas que llenaban los deseos de quien quisiera enfrascarse en doctas discusiones.

La muerte lo sorprendió y nos sorprendió, sin su hijo León David a quien aprendí a conocer sin conocerlo por los relatos de sus logros. Igualmente sin sus hijas, pero en su finca, en sus cosas, recogiendo la alegría de la tierra.

Morir así, trae por lo menos la tranquilidad de morir como deben morir las personas: sin sufrimientos, haciendo lo que amamos y amado por la gente.

No, definitivamente Carlos Arango, como le gustaba que lo llamaran, no pasó desapercibido. Ni aún muerto abandonará a la Universidad, pues sus cenizas alimentarán un árbol en uno de los sectores del Jardín Botánico. Desde allí, avistando barranqueros, colibríes, entre sauces llorones, nogales y ceibas de tierra fría y vigilando los pasos ligeros de chuchas y perros de monte, seguirá el eterno universitario con nosotros.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que bien que el profe Carlos se quede para siempre en la Universidad por que como decía el poeta Miguel Hernández

Hoy sentimos más su muerte que nuestra propia vida


De un alumno suyo profe del alma, paz en el Jardín Botánico y en el Jardín del edén para usted