lunes, 16 de octubre de 2006

Vocaciones tardías


OSCAR ROBLEDO HOYOS.


Por los años sesenta y setenta fue famosa La Ceja por su seminario de Vocaciones Tardías. Monseñor Alfonso Uribe fue pionero en América Latina de éste curioso reclutamiento luego de la hora nona cuando cae la tarde de la vida. Allí fueron a parar viejos exministros, los que se habían perdido en otras más inmediatas vocaciones pedestres, el arrepentido por hartazgo de sus fechorías mundanas y el seminarista aviejado de mi pueblo que hizo tres o cuatro intentonas en la formación regular del Seminario Mayor que nunca alcanzó a culminar por los baches que le dejara su formación veredal. No se diga que somos clasistas por ésta afirmación, pues Pierre Bourdieu habla sesudamente de ese “capital cultural” con que nacemos y se transmite de manera imperceptible pero cierta por los códigos de crianza, el ambiente familiar, los temas de sobremesa y las preocupaciones o aficiones de nuestros mayores, en casa. El tal seminarista por fin un día, por físico esfuerzo de perseverancia, alcanzó lo que la dicha no alcanza: se ordenó sacerdote en la Ceja Antioquia.

La Ceja ha sido desde tiempos inmemoriales sitio de encuentro de voluntades en búsqueda del bien. Allí se regresa aún en tiempos de guerra para reposar los espíritus y ver más allá de los horizontes inmediatos de la táctica. La belleza de su topografía y la bondad de sus habitantes la convierten en lugar privilegiado para la reconciliación y los impulsos místicos. Muchos de los altos ejecutivos de la política como del mundo empresarial, del ámbito de la iglesia como de la cultura y la educación han adoptado a La Ceja como Meca de seminarios, congresos, retiros espirituales, “encerronas”, para fijar políticas y programas de sus instituciones. Nada pues, extraño que se les vea en camisa cruzando sus calles o volviendo – a pié - al casco urbano desde sus sacrosantos lugares de retiro.



Nunca imaginaron sus moradores que de un momento a otro presenciarían el sacrosanto encierro de los mandamases de las Autodefensas. Sus castos oídos que habían escuchado de sus hazañas de muerte, de la saña con la que sacrificaron las víctimas y sus listas negras, nunca pensaron que llegaría un día en que como un rebaño, los verían desparramarse silenciosamente por sus calles y veredas. Procedentes de todas las regiones verían la variedad Báez de Caldas, la Mancuso de Montería, la Castaña, la variedad 40 de Valledupar, la alemana de Necoclí, la Daniels del Tolima y la Pirata de los ardientes Llanos Orientales. Sin prefecto de disciplina, sin bedeles en esquinas y dormitorios y sin rector - apenas ahora el INPEC tomará la dirección de la casa- hubo más de una oveja descarriada en noche de francachelas y de regresos titubeantes no ya a la sotana de Monseñor Uribe sino a la del padrecito Restrepo. Dicen los viejos que “loro viejo no aprende a hablar” pero en educación es una tesis pesimista. Por el contrario hay que creerle a la pedagogía mockosiana y uribista de la transformación del sujeto que pregona el profesor Armando Zambrano. Es lástima que no se alcancen de una vez todos los resultados, pero se va lentamente, a pesar de las improvisaciones del gobierno, los titubeos institucionales y la tacañería de los nuevos conversos. Un editorial de El Tiempo titulado La cuota inicial (Marzo 29) expresa que las 100.000 hectáreas que éstas sumisas ovejitas prometen devolver “es, a la vez, una medida de la colosal expoliación de las autodefensas contra el campesinado pobre desplazado por su violencia y un primer anuncio alentador hacia una reparación efectiva y a fondo de las muchas víctimas de sus acciones”, pero finalmente apenas será eso, solamente, la cuota inicial.



Manizales, octubre 14 de 2006

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es esta parábola del eterno retorno, ojalà las farc retornen por susu cosas al Pato, a guayabero, a marquetalia o a riochiquito.
Queda una pregunta ¿ qué se les devuelve a las autodefensas?

Anónimo dijo...

Tengo 45 años me gustaria saber si a esta edad puedo seguir una vida religiosa y donde puedo comunicarme. Gracias