jueves, 26 de octubre de 2006

¿MERITOCRACIA O PARTIDOCRACIA?


Tulio Marulanda
Próxima que está la consulta para la conformación de las ternas que han de enviarse al Consejo Superior, para la ulterior designación del rector de la Universidad de Caldas, bien vale la pena una reflexión sobre un mecanismo que, tanto en esta como en otras universidades que han adoptado procedimientos similares, ha sido motivo de inconformismo, cuando no de conflictos y de enfrentamientos que siempre terminan afectando las labores académicas y la gobernabilidad institucional.

Si bien es cierto lo que se va a llevar a cabo es tan sólo una consulta a los estamentos y no una elección directa del rector, por cuanto la designación del rector es por ley una competencia directa del máximo organismo de dirección de la universidad, el Consejo Superior, no es menos cierto que esta suprema potestad le confiere al mismo tiempo una inmensa responsabilidad, frente a la comunidad universitaria y la sociedad toda, cual es la de designar, de entre todos los candidatos inscritos en las ternas, al que tenga las mejores condiciones para ejercer tan importante y honroso cargo.

Porque que la universidad es ante todo una meritocracia: no se ingresa a la universidad por apoyo popular, ni se concede un título a quien obtiene el mayor número de votos, ni se llega a Doctor por la mitad mas uno de nada, así como tampoco debería ser decano quien goce de la mayor simpatía por parte estudiantes o profesores sino aquel que tenga las facultades, el conocimiento y la experiencia necesarias para conducir de la mejor manera los destinos de una facultad. De la misma manera se esperaría que, quien llegare al cargo de Rector de la Universidad, fuese aquella persona que reuniese las mejores condiciones académicas, intelectuales, morales y técnicas, para tal.

Pero no es eso precisamente lo que ha acontecido en la Universidad de Caldas en los últimos años pues, no sólo han buscado algunos candidatos apoyos e influencias por fuera de los medios establecidos en el acuerdo que determina las reglas de juego para la designación del rector, sino que los nombramientos han obedecido a intereses partidistas antes que a la noble intención de garantizar la mejor regencia para los destinos de la institución. No ha sido designado quien por méritos ha alcanzado el apoyo de los estamentos más representativos (estudiantes y profesores) ni mucho menos quien en los debates y presentaciones de programas ante la comunidad y ante el mismo consejo ha logrado demostrar sus mejores condiciones, sino aquel que ha logrado la bendición y el apoyo de los caciques y gamonales de turno, mismos que a su vez han pasado su cuenta de cobro burocrática una vez ocupada la silla rectoral.

No sería entonces de extrañar que, conocidas las formas y los procederes de quienes pretermiten su sagrado deber de elegir al mejor, más temprano que tarde la comunidad universitaria opte por abstenerse de participar en la consulta so pena de dejar esta importantísima decisión, ahí si por completo, en manos de quienes al interés general anteponen siempre el interés particular y de partido, en detrimento del futuro institucional.

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