jueves, 26 de octubre de 2006

ENTRE DOS GUERRAS


Oscar Robledo Hoyos

Como la esposa de Confesiones a Laura del director Jaime Osorio, son muchos los colombianos que esconden su rostro en la arena. Desde la ventana Santiago ve el muerto en la esquina. Sobre el tejado del frente pasa corriendo un franco tirador enruanado con una escopeta al hombro, mas abajo otro dispara hacia la calle. Su mujer, terca y regañona, dice que nada pasa en Bogotá horas después de la muerte de Jorge Eliécer Gaitán. “- Y nada pasará, Santiago, hoy es día de fiesta porque Laura está de cumpleaños. Organízate para que le lleves esta torta. – Pero, mujer, ¡Si hay toque de queda!”. El orden público empeora y el casto Santiago queda secuestrado al otro lado de la realidad cerca de una Laura coqueta y pizpireta mientras la esposa observa rabiosa por la ventana la felicidad de su marido recientemente liberado.

A otros la piel se les ha vuelto coriácea – seca y dura – hasta llegar decir: Aquí no pasa nada, siempre ha sido así desde el Bogotazo o se tragan el sapo de brutales y crueles acontecimientos diarios o, lo que es peor, pretenden que otros se los traguen sin chistar. Oscar Collazos en su columna “El intelectual de Palacio” respecto a la frase de José Obdulio Gaviria, "A Uribe sólo lo acompañará incondicionalmente el pueblo raso" comenta: “Si no fuera una columna firmada .. uno pensaría que la escribió Fernando Londoño Hoyos. Así de hiperbólica es la defensa del "patrón", así de camorrera es la acusación a quienes se desvían de la "verdad oficial". En este vocabulario sólo cabe el SÍ del asentimiento. El NO del disenso es herejía” y se pregunta con toda razón: “¿Dónde estaba y qué decía públicamente el "intelectual" gobiernista de hoy cuando su primo chantajeaba a sucesivos gobiernos con el terror de sus bombas y mataba a periodistas y a jueces que se le atravesaran en el camino? ¿Cuál fue el grado de tolerancia o de respuesta pública de él y su Presidente de hoy ante el narcoterrorismo de entonces?”. Dicen por el contrario, “Fuerzas oscuras” han desaparecido mas de tres mil líderes y militantes de la Unión Patriótica y aquí no ha pasado nada; se descubren todos los días nuevas fosas comunes en la Costa, Caquetá y El Meta y dicen: aquí no ha pasado nada; matan a tiros de quemarropa a todo un convoy de la policía en Jamundí y dicen: aquí no ha pasado nada; en el proceso de negociación con los paras se continuó con el negocio de las drogas y murieron o desaparecieron tres mil compatriotas y dicen: aquí no ha pasado nada.

La guerra es algo con lo que un individuo o una sociedad se encuentran en la historia. Pero el guerrerismo y la belicosidad son una enfermedad del espíritu, una visión engrandecida de si mismo y lo propio en donde no hay lugar para el punto de vista del otro por una sencilla razón, el otro no es, simplemente no existe. A la negativa del Acuerdo Humanitario que anunció al país nuestro presidente en medio de emotiva bravata, el coro de los belicistas pide mas plomo, dicen que “su” “Presi.” se estaba “mariando” con las Farcs. D´Artagnan por el contrario cree que se requiere mas aplomo que plomo y el editorialista del Espectador dice: “El manejo de asuntos tan delicados con arrebatos emocionales deja mucho que desear del liderazgo que necesita un país de su primer mandatario..La serenidad y la visión de largo plazo son las que diferencian a un gobernante del ciudadano común que se mueve por emociones”. En fin, ellos van con su guerra para un segundo cuatrienio y para un tercero y talvez un cuarto pero sin resultados a la vista. ¿Negocio? ¿Ingenuidad?

Entre los guerreros hay una subespecie particular. Es el coro de los que se dicen imparciales, son individuos que dicen ser “intelectuales puros”, no toman partido. Ven la guerra como espectadores, confiesan que a veces se entusiasman y gozan con los partes de los frentes en conflicto. Cuentan los muertos, apuntan en las libretas porque por principio son asépticos. Son los ideólogos de la fuerza. Aupan el fuego de las pasiones, votan para que el "Príncipe" dirima las diferencias con la espalda e imploran al Todopoderoso para que anticipe el holocausto. Pretenden poner su vida a salvo desde la tribuna porque lo que tienen a su consideración es un espectáculo circense.

Pero hay otra guerra. La guerra mediática, la que gana todos los días el establecimiento, la del ruido en la prensa y la televisión. Una guerrita de oropeles y paradas militares que no va a ningún parte pero ofrece los resultados de una seguridad democrática virtual mientras estamos frente a las pantallas pero no se salga a la esquina o se suba al bus. Dicen que el rating del Sr. Presidente volvió a subir luego de la ola de escándalos con que casi se ahoga el inicio del segundo mandato. El libreto estaba escrito, solamente se requería de un actor. Subió a la tarima el Sr. Presidente y se agitan ahora los aires de nuestras ciudades capitales con el ronroneo de los helicópteros, con aire marcial se anuncia el recaudo de 8,5 billones para la guerra, se anuncia la recomposición de la red nacional de informantes, la televisión hace de un caso de policía con delincuentes comunes un asunto de política de estado, las guarniciones están prácticamente vacías y la militarización de la vida social está al tope con la tropa en todas partes fundando el imaginario colectivo de la seguridad democrática.

Frente a la guerra cruel que desangra al país, el estado colombiano y los gobiernistas se hacen los de la vista gorda pero montan una guerrita alternativa, simbólica, mediática, altamente televisiva, con uniformes y vistosas paradas, armamento, camiones y tanques, nuevos impuestos y recompensas millonarias.

Al fin y al cabo de lo que se trata no es que las personas estén más seguras sino que esté segura la Seguridad Democrática.


Manizales, octubre 26 de 2006

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