domingo, 13 de agosto de 2006

LA HISTORIA DEL 7


Por: Óscar Arias Londoño.


Llegó el día cuando se produjo el cambio en el Consejo de Administración. Durante el desarrollo de la Asamblea había de todos los semblantes. ¡Claro, como están en la rosca…los demás también tienen derecho…se creen los dueños de esto! murmuraba la mayoría. ¡Han hecho un excelente trabajo…que los reelijan…es mejor la experiencia! proclamaban unos pocos, los más antiguos. En cambio alguien recién llegado, sin saber realmente lo que estaba pasando ni lo pasado, solo contaría con la inmediatez de dejarse orientar por las expresiones de los rostros, y esperaría ver si eso de la inteligencia emocional de la que tanto se habla podía ayudar en algo.

Y se preguntaría: ¿Qué tal si la llegara a embarrar simpatizando con alguien o controvirtiéndolo sin conocerlo y sin saber en que se estaría metiendo? Es mejor preguntar con cuidado antes que andar opinando de cualquier manera. Apretones de mano de unos y silencio preocupante de otros; mientras los antiguos declinaban, asumían los nuevos -entre ellos había algunos que llegaron a vivir allí recientemente- y se iniciaba una nueva administración. Comenzó la espera por una reunión de empalme entre los dos consejos y esta no se daba. Preguntaban por datos, informes, cuentas…y tampoco. Ahora la cosa se veía de otro color ¡Es que no se puede ejercer el poder sin tener instrumentos!, les dijo alguien.

Este 7 de agosto, varias horas antes de la posesión presidencial, como a eso de la una de la mañana el marido de Florencia –ella era miembro del nuevo consejo- se levantó de la cama, encendió el PC y arrancó a intentarle un giro a esta historia.

Llevaba días ocupado en observar que mientras los nuevos no tenían forma de gobernar y estaban repletos de incertidumbre por tantas preguntas sin respuesta, a los antiguos se les asomaba la preocupación por lo que probablemente resultaría en un juicio de responsabilidades en su contra. Palabras van y vienen, comentarios en varias direcciones, las fábulas, las historias, las hipótesis, en fin…se estaba cocinando un rarísimo clima o tal vez se estaba armando el escenario para una batalla, porque las cosas no se veían fáciles para ninguna de las partes. Los antiguos tenían el control sobre la información y los nuevos muchas ganas de hacerlo bien y, además, sabían que representaban la inconformidad de la mayoría. Solo eso.

Como él había estado haciendo averiguaciones minuciosas y recopilando información, esa madrugada se le cristalizó una idea: publicar un boletín donde se le contara a todos los vecinos sobre los proyectos, presentar un saludo de bienvenida a los nuevos residentes de la urbanización, mostrar un balance sobre la gestión anterior y el estado actual de cosas, resaltar acontecimientos sociales, hacer un editorial, reflexionar sobre la convivencia, orientar sobre el manejo de las mascotas, convocar a un concurso para escoger el nombre del boletín, etc., etc.

Había comprendido que en medio de esa confusa polarización no había posiciones claras y que la mejor manera de despejar las dudas era que el nuevo consejo hiciera públicos sus puntos de vista para forzar a la contraparte a pronunciarse públicamente también. Había que cortar con tanta comunicación informal y posicionar otra mas sana como la escrita; era lo mejor para esa situación. Efectivamente, pronto se vieron los resultados. Trabajó esa madrugada y hasta el medio día preparando los borradores de los cuatro cuerpos del boletín, en un diseño maestro que incluía columnas, secciones, gráficos y colores, que luego fueron revisados y corregidos por el nuevo consejo a las 2 de la tarde de ese 7 de agosto y les gustó mucho. La publicación se hizo a las 5 de la tarde y la entrega terminó a las 6. El grueso de los destinatarios manifestó su sorpresa en forma positiva y hubo hasta halagos desmedidos por la publicación. La contraparte, luego hizo tremendo pronunciamiento citando al nuevo consejo para aclarar aspectos de la publicación que consideraban lesivos y tendenciosos. Se citaron para sostener una reunión al quinto día en el salón social

A la reunión llegaron primero los antiguos, tal como acostumbran los equipos de fútbol que juegan de visitantes y después, como lo hacen los locales, llegaron los nuevos. No se detenían a mirarse a los ojos -mas bien lo hacían en los de sus amigos como quien se apoya en lo que cree-, las piernas de casi todos estaban cruzadas, los cuerpos hacia atrás y los brazos en nudo. Los rostros estaban tensos. Como a la media hora ya se habían destrenzado las extremidades y se miraban de manera menos vacilante a los ojos. Antes de cumplirse la hora de estar reunidos ya se asomaban algunas sonrisas y como a la hora y veinte ya había quienes hasta se reían ‘a mandíbula batiente’. A la hora y media pasó por el frente del lugar de la reunión una novia toda de blanco y mientras ella hacía el recorrido en un tono inestable entre la torpeza y el glamour hacia el vehículo que la esperaba para ir a la iglesia, el giro de las cabezas de los ‘conversantes’ que eran arrastradas por aquella novia, a la vez arrastraban con las miradas de cada uno de ellos. ¡Uffff, qué alivio! Se dijo a sí mismo el hombre y siguió: ¡Parece que la lección consiste en que realmente nos unen las cosas mas elementales de la vida y tanto que tardamos en descubrirlas y aún estando ahí muchas veces no las vemos! A la hora y cuarenta y cinco se acabó la reunión, se dieron la mano y hasta hubo dos abrazos. No se sabe si mas tarde hubo besos, pero la sección de los acontecimientos sociales del boletín ya tiene buen material. Comenzaron a apilar las nueve sillas en de a tres y cada ‘pilita’ de tres sillas fue llevada hasta el lugar de origen en forma de desfile por ellos mismos que, mezclados de a tres, estaban cooperando para hacer la última tarea del día.

El marido de Florencia no deja de pensar en ‘competir y cooperar’ como dos conceptos que han sido separados por razones ideológicas dentro del capitalismo individual de mercado, pero también sabe que con ambos, en conjunción, podemos alcanzar a comprender el origen, mantenimiento y desarrollo de la vida… en lo natural y en lo cultural. Por ahora, las partes han hecho acuerdos para trabajar juntos…veremos que se le descubre a esta raza para el 12 de octubre.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es muy probable que con unos guaros la reunión hubiera fluído más rápidamente, los nervios se relajaran, y las juntas se encontraran con facilidad para el empalme. Claro, estaba Florencia, no el marido.

Mario

Anónimo dijo...

Está bonita la fotografía