lunes, 19 de junio de 2006

Todos estábamos a la espera. (Con el perdón de Álvaro Cepeda Samudio)


Por Carlos Ricardo

Probablemente al tataratataratatara……..buelo Cromagnon, poco debió importarle eso de ser padre. Simplemente era agitar el garrote, inmovilizar el ibdem y desaparecer de la escena del crimen, sin responsabilidades con la tarea de levantar la prole (en eso, hay pocos cambios en la época actual…..)
Adán, atarugado de manzana, debió ser el primero según bíblicos soportes, que se preocupó por eso de la patria potestad. Uno se imagina a sus hijos, llenándolo de pieles, frutos de la tierra y de todas las lisonjas, por ser “el mejor padre del mundo”: ¡así qué gracia, si era el único! Los padres de ahora debemos competir por la Pole Position con cerca de 2.000 milllones más!
La historia religiosa y la mundana, están pletóricas de ejemplos positivos y negativos sobre padres, papás y similares. Los buenos, los regulares y los reales. Padres que harían palidecer de vergüenza a Torquemada, padres díscolos, padres amantísimos y padres intrascendentes, capaces de cumplir su papel en los tres a cinco minutos que consumen en aportar su carga genética, para convertirse en proveedores bioógicos y materiales en algunos casos.

Por la experiencia humana y por la fuerte influencia comercial, se ha establecido desde épocas remotas el “Día del Padre”: un día situado convenientemente en cercanía de la “quincena”, esa fecha en la cual los asalariados que reciben su pago quincenal, pueden destinar algo de él para un homenaje al progenitor, así sea él mismo.

Como muchos de ustedes, también espero ese día con expectativa, imaginando los preparativos que mis hijos y mi esposa idean para el domingo en que cae la fecha. Desde días atrás se realizan reuniones conspirativas, llamadas a los celulares con exclamaciones como “ese está bien”, “de acuerdo”, “mejor hablamos”, etc, que son sugerentes y ante las cuales es mejor no preguntar, porque siempre la respuesta es evasiva.

Cuando se acerca la fecha, automáticamente cambio las cosas que podrían molestar: trato de roncar menos, como con más orden, me afeito con más cuidado (“Quedaste tan mal afeitado…”), trato de llegar más temprano en las tardes y soy capaz de esperar a las 12 en medio del tráfico, a que mi esposa termine una reunión inesperada que “sólo se pasó 24 minutos y medio”. Evito todas las cosas que puedan ser usadas en mi contra: dejo de hablar y salir con Mario Hernán, disminuyo mis cuentas en la Tienda de Juan Valdez, paso por en frente de “La Prendería” y sólo miro sin expresión de indefensión, dejo en paz a Internet por unos días, dejo de escribir para “La loca de la Casa”, me aguanto que el carro que me fue pedido en préstamo “para llevar a una amiga hasta la avenida”, aparezca con kilometraje suficiente para recorrer el Departamento de Caldas y sin una gota de gasolina, en fin, trato de ser un “buen niño”(Buen padre en este caso).

Pero también me traigo mis mañas para comunicar mis deseos: paso muy lentamente frente al almacén de bicicletas, tosiendo y haciendo movimientos compatibles con una convulsión epiléptica, para que de de alguna manera mis pasajeros vean en la vitrina la Bicicleta “Specialized”, con doble suspensión, marco en fibra de carbono, 27 cambios Shimano Deore XT, sillín ergonómico, llantas Michelin, es decir, con todos los juguetes. Generalmente las caras me indican que por ahí no va a ser la cosa. También me preocupo por ir con ellos a los distribuidores de electrodomésticos, para que vean la nueva generación de Minidiscos, de Reproductores IPod, de MP3 Players, de cámaras con lentes Zeiss Ikon intercambiables, con 8 Megapixeles de resolución, pero obviamente por ahí tampoco será, por la franca competencia que plantean a mis deseos, el Impuesto Predial, el Impuesto de Rodamiento del carro y las pequeñas grandes reparaciones de la casa que hacen fila juiciosamente, antes que mi regalo del Día del Padre.

Pero de manera sorprendente, pese a las limitaciones propias de ese inventario de clase media, (cosas de extracto, más que de estrato), aparece el día del homenaje un insospechado presente, acompañado de un banquete que poco contribuye a conservar mi perfil de BonBonBun. Lo mejor de todo, la alegría de contar con quienes me hicieron padre y el orgullo de saber que son y serán mejores que los genes de origen.

Espero que para todos los padres que nos movemos en “La loca de la Casa”, el pasado domingo haya dejado gratificaciones y nuevos compromisos con eso de ser mejores.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

En esta oportunidad extrañé los infaltables calzoncillos como regalo del dia del padre... siampre es que algo cambia.

Mario

Rodrigo dijo...

Se infiere que las mejores atenciones fueron de las «nueras» y de «carajo», pues las otras no parecen salidas de lo tradicional:Almuerzo donde Petaca y caminada por Chipre.
Felicitaciones y un abrazo Papááááá.