sábado, 3 de junio de 2006

LA ETERNA CITA CON EL GOL



Por: Mario Hernán López

Los relojes de los cinco continentes están contando hacia atrás. La prensa mundial describe, con todo detalle, cada cosa que pasa en las concentraciones de los futbolistas seleccionados; las noticias de los periódicos se arman con pequeñas historias de indisciplina deportiva, las revistas especializadas discurren sobre las dudas de los directores técnicos. Los comentaristas radiales, erigidos en sabios, intentan descifrar y hacer públicos los códigos secretos del juego.

Están cambiando las formas de organización de las barras: disminuyen los hinchas de las selecciones y se imponen los adoradores de las individualidades; quedan pocos simpatizantes de las camisetas, en su lugar aparecen los fanáticos de Ronaldinho, de Zidane, de Thierry Henry. La multitud se articula a partir de tres reglas: el pitazo inicial, el gol y los noventa minutos. Lo que ha sido simple dispersión y algarabía de domingo por la tarde en los estadios locales tiende a volverse orgánico y uniforme. Se rompe la relación íntima entre trabajo material o abstracto y vida, en su lugar aparece un estado de exaltación anímica y corporal que los empresarios estimarán en cambios de rendimiento y productividad.

Se sabe que el mundial de fútbol no es una competencia deportiva, es una mezcla de pasión, negocio y músculo que pone a prueba las interpretaciones sobre el funcionamiento de la psique colectiva y las complejas pulsiones de la erótica. Dice el escritor peruano Abelardo Sánchez: “el fútbol es un entretenimiento, un juego, un deporte, un espectáculo, y un negocio. Borges –cómo no citarlo cuando opina de fútbol- dice que es más natural ver a dos hombre pegándose, por el boxeo, que ver a 22 hombres corriendo detrás de una pelota”. El fútbol tiene la capacidad de fijar una secuencia de imágenes en la memoria como lo puede hacer una buena película o el capítulo de una novela con alta calidad literaria (la mano de dios, el gol de Rincón, el llanto de Pelé, el regalo de Higuita a Camerún), de periodizar la vida (iniciaba la escuela primaria cuando el mundial del setenta) y de cambiar durante un mes el ritmo planetario de la vida cotidiana.

Vuelve el mundial, esa cita programada, de antemano y para siempre, a la que también asisto con una coca-cola.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

El fin esta cerca. Hombre Mario no te cambio ni por Hernan Pelaez. Estas minado con poesia y devocion futbolistica la tirania politica a que nos han sometido los opinadores profesionales.

Anónimo dijo...

Bolaño vuelve al ruedo con "Putas asesinas"

"..."
-En su libro también hay un relato sobre fútbol. ¿Ha tenido usted alguna experiencia como jugador?
-Mi experiencia como jugador de fútbol nunca fue del todo comprendida ni por los espectadores ni por mis compañeros de equipo. A mí siempre me pareció más interesante marcar un autogol que un gol. Un gol, salvo si uno se llama Pelé o Didí o Garrincha, es algo eminentemente vulgar y muy descortés con el arquero contrario, a quien no conoces y que no te ha hecho nada, mientras que un autogol es un gesto de independencia. Aclaras, ante tus compañeros y ante el público, que tu juego es otro.

-¿Es el fútbol una entrada o una salida?
-Es un circo.


http://www.letras.s5.com/bolano1210.htm

Anónimo dijo...

El cuento de Roberto Bolaño se llama Buba, es una narración intensa, con una pequeña dósis de brujería que siempre acompaña el juego.