domingo, 28 de mayo de 2006

Sobre Carlos Gaviria y el lenguaje político




Por: Mario Hernán López

El uso del lenguaje político ha sido el gran lío de los candidatos de la izquierda en Colombia, casi todos formados en las filas conceptuales de la ortodoxia deben hacer grandes esfuerzos para desarmar los adjetivos calificativos, como base de la argumentación contra el establecimiento, y en su lugar incorporar verbos que señalen rutas posibles para transformar la sociedad y el Estado. A los problemas que generan los léxicos aprendidos en viejos manuales, se debe sumar la enorme distancia entre los políticos profesionales y la literatura como fuente de información y comprensión de la vida. Buena parte de los conceptos ligados a la izquierda confesional han desaparecido por el exceso de uso, otros se mantienen y resisten en el lenguaje político dada su capacidad para designar fenómenos como el imperialismo.

Buena parte del conflicto armado en Colombia está inspirado en las cartillas escritas en los tiempos de la guerra fría, quizá por eso una primera tarea en los diálogos con los actores armados sea la elaboración de un diccionario de sinónimos y antónimos que les permita a los interlocutores denominar las cosas de una manera común: Distribución, Diversidad, Cultura, Estado y Justicia, pueden ser palabras para iniciar el diccionario de la reconciliación.

Entre algunas generaciones es frecuente la añoranza política y social por los sucesos de la década del sesenta; aún se escuchan conversaciones inspiradas en mayo del 68 y se escriben buenos textos sobre los tiempos dorados de las ideologías (¿Estamos asistiendo al final de la pasión política? Se preguntaba hace poco un conocido analista español). En esos años, los lenguajes se nutrieron de nuevos giros y las palabras adquirieron acepciones novedosas que fueron repetidas hasta el cansancio; al mismo tiempo, el imperio imponía por todas partes el léxico pesado y triste de la economía neoclásica que ahora repiten como loros los encargados de la formulación de las políticas públicas.

Todo el mundo reconoce que en estas elecciones presidenciales Carlos Gaviria ha remozado el lenguaje político, se puede constatar tanto en su notable habilidad para denominar los asuntos de una manera precisa y estimulante, como por la capacidad de expresar los intereses de los pobres en un lenguaje académico que muy pocas veces, como ahora, logra ser bello. Gaviria expresa la posibilidad de ilusionarse con una izquierda capaz de dialogar con múltiples sectores y de constituirse en opción de poder, aunque la ilusión no sea lo que más dura en Colombia.

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